De salud y otras cosas

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Millones de seres humanos no tienen techo fijo para pasar las noches o protegerse de la intemperie o el frío.

Los llamados Homeless los vemos en Central Park de New York , en Piccadilly Square de Londres o alrededor de la Estación La Opera en Francia.

Todas las noches miles de seres humanos violan los toques de queda alegando diferentes razones, casi todas no válidas

Los que deambulan por razones mentales deben encargarse la División de Salud Mental de la Secretaria de Salud… que por cierto hace tremendos esfuerzos para paliar el problema.
Pero no es tan sencillo.

Se cuentan por decenas, de ambos sexos, adultos, predomina el sexo masculino, piden, no se asean, duermen donde les toma la noche.

Algunos han sido pacientes fugados o abandonados de nuestro hospital psiquiátrico y la mayoría no tiene un familiar que se haga cargo de ellos.

No son agresivos, salvo cuando responden a las burlas de cualquier ciudadano.

Paradójicamente, su salud física es mas resistente que la de la población general y rara vez se afectan al consumir diferentes tipos de desperdicios que recolectan en basureros y en la puerta trasera de los restaurantes.

La mayoría de estos transeúntes son esquizofrénicos crónicos indiferenciados que se han ido deteriorando, entre otras cosas, por la falta de una adecuada farmacoterapia y un cuido integral a su salud. Otros, son simples vagabundos.

Debo resaltar que la mayor concentración de estos orates hace vida en la zona colonial de la ciudad de Santo Domingo.

¿Por qué? El transeúnte de la zona es menos hostil, entre los que predominan turistas, artistas y residentes acostumbrados a verlos y a respetarlos.

Es el área de mayor concentración de restaurantes, lo que les provee desperdicios alimentarios de subsistencia.

Las edificaciones religiosas y monumentos de la zona (Catedral, Monumento a Fray Antón de Montesinos), son guaridas relativamente seguras para dormir sin ser molestados.

No me refiero a los locos, trataré de explicar a los que se hacen los locos burlando a las autoridades en medio de una pandemia.

La mayoría son reincidentes que alegan desconocer las disposiciones oficiales.

Motoconchistas; hijos de Papi y Mami; gente que no está acostumbrado a estar temprano en su casa y en fin humanos que les encanta “el placer de lo prohibido”.

No han valido las multas; dormir en el suelo de un destacamento policial y quedar fichado.

Los hay reincidentes. Predomina el sexo masculino y gente entre 20 y 35 años.
Callejones y patios especializados en vender cerveza fría dan soporte a un juego de dominó y ante la presencia de las autoridades les caen a pedradas.

Pocos muertos hemos contado, y hay que reconocer que nuestras fuerzas armadas han evolucionado mucho después del merengue aquel: “El guardia con el tolete”.

Propongo endurecer las sanciones, pues el distanciamiento, el lavarse las manos y el uso de tapabocas será una siempre retórica que nadie respeta mientras ya contamos con más de un millar de muertos, quizás sea bueno que los sábados y los domingos el confinamiento obligatorio sea de 24 horas…

Por César Mella