Gilbert, héroe nacional

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Ahora es más que una referencia provinciana. Trascenderá la anécdota, la tradición oral que de tanto repetirse impide la duda. Esa certeza porque lo dijo el maestro, la abuela, el masón. Generaciones escuchando la grandeza del hombre, su talante de prócer, su valor. Generaciones, en la patria chica, fascinadas, cuando algún contemporáneo añoso relataba la hazaña una y otra vez. Sin embargo, cuando se atravesaba la frontera del pueblo, los linderos de la provincia, los límites del municipio, y el orgullo provinciano relataba la proeza, el embate del asombro por desconocimiento, derrotaba.

El personaje y sus méritos ignorados, solo los nacidos entre el azul del océano y el verde de la montaña atesoraban sus virtudes. Solo los que escucharon al genial erudito, Alonso Rodríguez Demorizi, a don Amiro Pérez Torres, a Rodríguez Victoria, a Carlos -Ney-Finke, recontar, en aquellas tertulias irrepetibles y a los que siguieron sus pasos, como Rafael Brugal Paiewonsky, Juan Ventura, apreciaban la valía del patriota. Descripciones de su fortaleza, rondaban por doquier. También la mención de su arrojo en el Puerto de San Pedro de Macorís frente a los invasores. El trajinar por México, su inclusión en el ejército de Sandino hasta ostentar el grado de Capitán y categoría de cuarto ayudante del Comando Supremo del Ejército Sandinista. El relato estaba en los rumores del parque, al abrigo de las carolinas, llenos de salitre si se contaba en las inmediaciones del Club Unión o en los pasillos de la Logia Restauración. Hasta los caballeros que ocupaban las mecedoras del Club de Comercio comentaban la leyenda del hijo de Benjamín Gilbert, emigrante prestante como todos aquellos que poblaron el norte y el este del territorio, provenientes de Islas Turcas y Nassau. “Los ingleses prietos” como les decían en el pueblo, esa élite que enseñaba música, cánticos de alabanzas, buenas maneras. Con sus canastas llenas de exquisiteces, preparadas con esmero para ofrecer muestras de una gastronomía distinta. Predicadores, orfebres, sastres, ebanistas, educadores, con su Biblia debajo del brazo y la dignidad aflorando en cada gesto. Respetados y respetables.

Con la fundación del Partido de la Liberación Dominicana en el 1973, comenzó una etapa distinta para el reconocimiento de Gregorio Urbano Gilbert Suero. Su nombre bautizó un Comité Intermedio y ya era obligada la investigación para conocerle. Obligación y pendiente debido a que la revolución sandinista enarbolaba su estirpe gloriosa y aquí estaba postergada, aunque su patriotismo afloró durante la segunda intervención de EUA. En abril de 1965, no era el mozalbete que enfrentó al capitán CH Button, comandante de las tropas que invadieron el territorio nacional en el año 1916, pero eso no impidió el compromiso y la defensa de la soberanía. Después del desafío al capitán interventor y el disparo que le provocó la muerte, Gilbert fue condenado a la horca. Demandas a su favor cambiaron la pena muerte por prisión perpetua que fue conmutada en el año 1922 y entonces comenzó otra etapa de su vida.

Gilbert Suero nació en Puerto Plata el 25 de mayo de 1898 murió el 29 de noviembre -1970-. La ligazón del prócer con el país de Sandino y Fonseca fue recordada en “Nicaragua y Puerto Plata” columna publicada el 21.05.2018. Vínculo que conmina a estar pendiente del drama nica, a la profanación de símbolos, la caricaturización de una epopeya, la traición. A partir de la promulgación de la Ley 162-19 Gregorio Urbano Gilbert es “Héroe Nacional de la República Dominicana.” Ratificación oficial de una condición que ostentaba. El decreto designa con su nombre el puerto de San Pedro de Macorís.

El héroe publicó: “Ramas de mi árbol”, “Mi lucha contra el Invasor Yanqui de 1916” y “Junto a Sandino.” Ahora que el patriotismo es vergüenza para muchos y el malinchismo enorgullece, procede revisar el contundente testamento patriótico de Gilbert. Estaba en el bolsillo del pantalón que usaba el día de la contienda: “Muero, pero muero satisfecho porque es un acto de protesta contra la invasión de mi patria por fuerzas extranjera.”