En 2024, la Oficina Nacional de Estadística registró 651 suicidios en el país. Un promedio de 54 al mes. Ese dato, por sí solo, debería cambiar la manera en que hablamos de salud mental en República Dominicana. No como un tema aparte; más bien, como una prioridad nacional.
Durante años lo tratamos como un susurro. Hoy los números nos obligan a decirlo en voz alta.
Las cifras dicen
El Ministerio de Salud Pública confirma que el 5.7% de la población dominicana ha padecido ansiedad, y el 4.7% depresión. En enero de 2026, el mismo Ministerio informó que más de 500,000 personas viven con depresión en el país. En total, hablamos de más de 2.4 millones de dominicanos y dominicanas conviviendo con algún trastorno mental.
Entre enero y septiembre de 2025, la Red Pública realizó 247,687 consultas externas de salud mental: 176,017 psicológicas y 71,670 psiquiátricas. Son 24,440 consultas más que en el mismo período de 2024. Y en 2024, el sistema de vigilancia epidemiológica registró 65,078 episodios de trastornos mentales y de la conducta.
¿Qué significa este aumento? Dos lecturas, ambas válidas: más personas buscando ayuda, y menos silencio. El estigma empieza a ceder terreno.
Diagnóstico insuficiente
Aquí está el titular que no siempre se cuenta completo: menos del 25% de las personas diagnosticadas recibe tratamiento adecuado. El país cuenta apenas con 300 psiquiatras, cuando se necesitarían al menos 1,000 para cubrir la demanda. El 85% de esos profesionales está concentrado en el Gran Santo Domingo, dejando al resto del territorio con acceso limitado.
La brecha se hace aún más visible en contextos vulnerables: cerca del 80% de la población privada de libertad presenta algún problema de salud mental, frente a un estimado de 20% en la población general. No es que este grupo cometa más delitos; muchas de estas personas nunca recibieron tratamiento oportuno.
Iniciativas vigentes
Aquí es donde este titular se pone interesante: en febrero de 2026, el presidente Luis Abinader presentó los avances del Plan Estratégico de Salud Mental 2026-2030. Actualmente el país cuenta con 18 Unidades de Intervención en Crisis y 137 camas a nivel nacional. La meta para finales de este año es llegar a 89 unidades y 500 camas.
Además, en 2026 se expande la línea gratuita y confidencial de atención en salud mental, ahora bajo el número 811, con el objetivo de hacerla más fácil de recordar y de usar para toda la población.
Es un movimiento real. La pregunta es si avanza al ritmo que la crisis exige.
Trasfondo real
La salud mental no es debilidad, es información. Nos dice cuándo un sistema necesita más manos, más presupuesto y más presencia fuera de la capital. Nos dice cuándo una generación, la que hoy tiene entre 15 y 35 años, está pidiendo, en redes y en consulta, que dejemos de romantizar el «aguanta» y empecemos a construir acceso real.
Las nuevas generaciones ya no callan lo que antes se ocultaba en familia. Eso no es fragilidad: es el primer paso hacia un país que se atreve a sanar en voz alta.
La pregunta que dejo sobre la mesa: ¿estamos dispuestos, como sociedad, a sostener esta conversación más allá de una noticia o una cifra que impacta por un día? La salud mental se construye con política pública, sí, pero también con la manera en que cada uno de nosotros trata al que tiene al lado.







