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Las vacunas: nuestra mejor defensa

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En tiempos recientes, el discurso público ha sido invadido por teorías infundadas que cuestionan la seguridad de las vacunas, un pilar fundamental de la salud pública moderna. Es imperativo recordar que la inmunización no es una cuestión de opinión política, sino una de las intervenciones médicas más exitosas y estudiadas de la historia de la humanidad.

La reciente desinformación, impulsada por figuras que carecen de respaldo científico, ha intentado resucitar el mito desacreditado de que las vacunas están vinculadas al autismo. Esta afirmación ha sido refutada exhaustivamente por la comunidad científica global, incluyendo la Organización Mundial de la Salud (OMS) y múltiples estudios epidemiológicos de gran escala. No existe evidencia científica que respalde tal asociación. Al contrario, lo que la evidencia demuestra es que la omisión de la vacunación tiene consecuencias devastadoras.

El ejemplo más alarmante lo vemos actualmente en Estados Unidos, donde la retórica antivacunas ha coincidido con un brote significativo de sarampión. Esta enfermedad, que se consideraba bajo control gracias a la inmunización, ha resurgido principalmente entre poblaciones no vacunadas. El sarampión no es una enfermedad benigna; puede causar complicaciones graves, neumonía, encefalitis y, en casos extremos, la muerte. La insistencia en fragmentar esquemas de vacunación o reducir su alcance no responde a necesidades médicas, sino a una peligrosa politización de la salud.

Es preocupante observar cómo esta desconfianza se filtra en nuestras propias esferas locales, donde figuras diplomáticas y personalidades sin rigor científico intentan cuestionar esquemas de vacunación validados por décadas de éxito. La Asociación Dominicana de Pediatría ha sido clara y firme: los esquemas de vacunación actuales deben mantenerse. Estos protocolos no son arbitrarios; son el resultado de años de investigación y vigilancia epidemiológica constante.

Incluso ante el avance tecnológico, como el uso de ARN mensajero —técnica que ha demostrado ser segura y eficaz, incluso en vacunas contra la influenza recientemente aprobadas—, persiste un escepticismo alimentado por teorías conspirativas que rozan lo absurdo. La ciencia avanza, pero los principios de inmunología permanecen sólidos: las vacunas ( incluyendo la del Covid-19) salvan millones de vidas anualmente.

La responsabilidad de proteger a nuestra población, especialmente a los niños, recae en la confianza en la evidencia científica y en el respeto a las directrices de los organismos de salud. No podemos permitir que la desinformación desmantele décadas de progreso médico. La vacunación es un acto de responsabilidad colectiva; completar el esquema es, hoy más que nunca, la única vía segura para garantizar un futuro saludable

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