
Las autoridades turcas embargaron el lunes un Boeing 737 de la aerolínea iraní Caspian Airlines en el aeropuerto de Estambul, cuando los pasajeros ya habían embarcado. Un funcionario del Gobierno turco confirmó el martes a la AFP la medida y la atribuyó a una “disputa comercial”, sin dar más detalles. El caso se produce mientras Estados Unidos intenta cortar los vuelos de las compañías iraníes al exterior.
Según la agencia estatal turca Anadolu, el embargo se ejecutó por orden judicial cuando el avión esperaba para despegar. Los pasajeros fueron obligados a bajar. Anadolu identificó a los acreedores como representantes de la empresa turca ACM Temsil Gözetim, que llegaron a la aeronave con la orden lista para notificarla antes de la salida. El aparato, matriculado como EP-KPB, cubría un vuelo hacia Teherán.
La versión iraní difiere en el tono. Caspian Airlines habló, en un comunicado citado por la televisión estatal, de “restricciones operativas temporales” por una cuestión administrativa en Turquía. El reporte reconoció que hubo desembarco de pasajeros y señaló que la aerolínea tomó medidas “administrativas” por una deuda de 3 millones de euros (USD 3,4 millones) en concepto de servicios del aeropuerto de Estambul. La televisión añadió que el avión regresaría a Irán el martes.
Ni las autoridades turcas ni los medios de ambos países citaron las nuevas sanciones de Washington como motivo. Medios turcos subrayan que Caspian Airlines ya estaba sujeta a sanciones estadounidenses y que nada indica que el embargo esté relacionado con ellas. El procedimiento, por tanto, parece una ejecución judicial iniciada por un acreedor privado, no una decisión política del Gobierno de Recep Tayyip Erdogan.

El embargo se produce en un contexto que arrancó el 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva aérea contra Irán en la que murió el líder supremo, Ali Khamenei. Los ataques se prolongaron hasta el 8 de abril, cuando Pakistán anunció una pausa pactada entre Washington y Teherán, y el 17 de junio ambos países firmaron un memorando de entendimiento. Ese acuerdo detuvo los combates de gran escala, pero ambas partes han intercambiado ataques por presuntas violaciones y no hay un acuerdo duradero sobre el programa nuclear, el estrecho de Ormuz ni el alivio de sanciones.
En ese contexto, el Tesoro estadounidense abrió una nueva vía de presión. El 8 de septiembre sancionó a 36 objetivos, entre ellos 27 aerolíneas iraníes, dentro de la llamada Operación Economic Outcast, anunciada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, el 24 de agosto. Washington también suspendió autorizaciones que permitían a aerolíneas extranjeras operar aeronaves de origen estadounidense en Irán.
El 21 de septiembre, Bessent dio un paso más. Dijo a la cadena CNBC que el 23 de septiembre todas las aerolíneas iraníes quedarían en tierra en todo el mundo, y precisó que la amenaza alcanza a aeropuertos, proveedores de combustible y agencias de venta de billetes. Georgia y Azerbaiyán anunciaron la suspensión de los vuelos de compañías iraníes.
Turquía ha seguido un camino distinto. Ankara no ha aplicado las nuevas sanciones y varias aerolíneas, entre ellas Iran Air, mantienen vuelos regulares entre ambos países. La excepción es Mahan Air, que suspendió todas sus rutas a Turquía desde el 21 de septiembre a petición de la autoridad aeronáutica turca. Un análisis de la Fundación para la Defensa de las Democracias, basado en registros de Flightradar24, contó al menos 83 aterrizajes en Turquía de compañías iraníes sancionadas entre el 23 y el 27 de septiembre, y señala que las aerolíneas turcas dejaron de volar a Irán.
La actividad aérea iraní ya se ha resentido. Según datos de seguimiento de vuelos citados por medios, las operaciones internacionales diarias en el principal aeropuerto de Teherán bajaron de entre 80 y 90 antes de las sanciones a unas 41 el lunes. No hay datos públicos disponibles sobre cuánto tiempo llevaba impaga la deuda de Caspian Airlines ni sobre si otras aerolíneas iraníes acumulan reclamaciones similares en Turquía.
El embargo de Estambul no altera por sí solo la política de Ankara, pero muestra que los aviones iraníes que operan en suelo turco quedan expuestos a procedimientos judiciales ordinarios en un momento de máxima tensión financiera para sus dueños. Queda por ver si el Gobierno turco sostendrá su postura selectiva cuando Washington pase de las advertencias a sanciones concretas contra empresas del país.



