Paíno Henríquez y Ana María Díaz
Especial para Hoy
La protección de la capa de ozono es una muestra de lo que podemos alcanzar cuando la ciencia, la voluntad política y la cooperación internacional trabajan hacia un mismo objetivo. Lo que comenzó como una respuesta frente a una amenaza ambiental ha impulsado cambios tecnológicos, nuevas capacidades y una cooperación que se ha mantenido durante décadas.
Cada 16 de septiembre conmemoramos el Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono. Este 2026 se cumplen además diez años de la Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal, que amplió los esfuerzos internacionales para reducir gradualmente gases que contribuyen de manera significativa al calentamiento global.
Para la República Dominicana, como país insular y vulnerable a los efectos del cambio climático, esta agenda tiene una importancia particular. La refrigeración es indispensable para conservar alimentos y medicamentos, sostener el turismo, garantizar servicios hospitalarios y desarrollar muchas otras actividades de nuestra economía. Determinados gases refrigerantes afectan la capa de ozono y contribuyen al calentamiento global. La transición hacia tecnologías más limpias y eficientes es, por tanto, una necesidad ambiental y también una inversión en salud, competitividad y desarrollo humano.
El país ha venido dando pasos concretos. Mediante la implementación del Plan de Eliminación de Hidroclorofluorocarbonos (HCFC), hemos fortalecido las capacidades técnicas e institucionales y avanzamos hacia una reducción del 98.5% de estas sustancias para 2028.
El proyecto se desarrolla bajo el liderazgo del Estado dominicano, con el apoyo del PNUD y ONU Ambiente y el financiamiento del Fondo Multilateral del Protocolo de Montreal.
Hoy contamos con seis centros de recuperación y reciclaje de refrigerantes, cerca de 420 técnicos certificados como gestores ambientales y más de mil capacitados en buenas prácticas de refrigeración.
También se han equipado centros de formación técnica, fortalecido los controles de importación y adoptado la NORDOM 925 sobre seguridad en el uso de refrigerantes inflamables.
Nada de esto ocurre de manera aislada. Es el resultado de un trabajo en el que participan instituciones públicas, sector privado, academia, técnicos y organismos de cooperación. Esa articulación ha sido fundamental para que los compromisos asumidos por el país se traduzcan en capacidades que permanecen y pueden seguir creciendo.
Reconocemos el compromiso de la Dirección General de Aduanas, el Ministerio de Energía y Minas, el Indocal, el Ministerio de Educación, el Infotep, la UASD y las Escuelas Vocacionales de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. De igual manera, valoramos el trabajo de las asociaciones de técnicos, las empresas y los socios internacionales que han acompañado este proceso.
Todavía queda trabajo por hacer. La demanda de enfriamiento seguirá creciendo y con ella la necesidad de acelerar la adopción de tecnologías sostenibles, mejorar la eficiencia energética y asegurar que esta transición sea accesible y asequible.
Diez años después de Kigali, la experiencia dominicana confirma la importancia de mantener este esfuerzo en el tiempo. El liderazgo del Estado dominicano, en alianza con el PNUD y los demás socios de cooperación, ha permitido fortalecer instituciones, formar técnicos, incorporar nuevas tecnologías y avanzar hacia una refrigeración más sostenible.
Y esa experiencia nos recuerda también que proteger el medio ambiente y promover el desarrollo no son objetivos separados. La protección de nuestra atmósfera, nuestros bosques, nuestras cuencas, nuestros mares y nuestra biodiversidad forma parte del desarrollo que queremos para el país.
Ese es el camino que estamos construyendo juntos: una República Dominicana que protege su naturaleza y, al hacerlo, protege también su futuro.
Una República Dominicana por la naturaleza.







