Mérida
Dos personas pueden tomar el mismo medicamento y obtener resultados completamente distintos. Mientras una responde de forma adecuada al tratamiento, otra puede sufrir efectos adversos, necesitar una dosis diferente o, sencillamente, no experimentar ninguna mejoría. Para dar respuesta a esa realidad nació en Extremadura el proyecto MEDEA, una iniciativa pionera de medicina personalizada que estudia cómo influye la genética de cada paciente en la respuesta a los fármacos.
Tras más de una década de trabajo, el programa ha permitido elaborar alrededor de 9.000 informes farmacogenéticos integrados en el sistema JARA, una herramienta que ayuda a los profesionales sanitarios a seleccionar el medicamento más adecuado para cada persona y ajustar su dosis en función de sus características genéticas.
El codirector del proyecto y director del Instituto Universitario de Investigación Biosanitaria de Extremadura, Adrián Llerena, explica que el objetivo es identificar aquellos casos en los que un tratamiento puede resultar ineficaz o incluso perjudicial. «El problema no es que los pacientes tengan algo patológico. El problema es que les estamos dando lo que no les viene bien a ellos. Lo único que hay que hacer es cambiar y dar lo que necesitan», señala.
Llerena subraya que no se trata de detectar enfermedades, sino de reconocer que cada persona responde de manera diferente a determinados medicamentos. De hecho, compara esta situación con las tallas de ropa. «Igual que no todos usamos la misma talla de camiseta, no todos necesitamos el mismo tratamiento o la misma dosis», resume.
Evita reacciones adversas y mejora la eficacia
Los estudios realizados dentro del proyecto permiten identificar pacientes que no deberían recibir determinados medicamentos por el riesgo de sufrir reacciones graves, otros que necesitan dosis más altas o más bajas de las habituales y también casos en los que la combinación de varios fármacos puede resultar problemática.
Según explica el investigador, disponer de esta información antes de iniciar un tratamiento permite aumentar la eficacia terapéutica y mejorar la seguridad clínica.
Además, el equipo ha comenzado a analizar el impacto que esta estrategia puede tener sobre la utilización de los servicios sanitarios. Los primeros resultados apuntan a una posible relación entre determinadas variantes genéticas y pacientes que recurren con frecuencia al sistema sanitario.
«Tenemos un grupo que llamamos los súper frecuentadores. Esa gente que va como media una vez a la semana al centro de salud, una vez al mes al especialista, cada año a urgencias y cada dos años acaba hospitalizada. Los datos preliminares apuntan a que muchos coinciden con personas cuya genética es diferente», afirma.
De Extremadura al mundo
El proyecto ha despertado el interés de otras comunidades autónomas y de varios países europeos y latinoamericanos. De hecho, el modelo desarrollado en Extremadura ya se está extendiendo a otras regiones españolas y ha servido de base para impulsar la incorporación progresiva de la farmacogenética al Sistema Nacional de Salud.
Una ventaja con la que cuenta Extremadura, destaca Llerena, es que buena parte del trabajo ya está realizado. Los profesionales sanitarios pueden solicitar estos estudios mediante una consulta electrónica integrada en JARA, accesible desde cualquier punto de la comunidad autónoma, incluidos los consultorios rurales.
La iniciativa también se está replicando en países como Portugal, Italia, Lituania; comienza en breve en México o República Dominicana y llegará hasta el estado indio de Kerala consolidando a Extremadura como uno de los referentes internacionales en medicina personalizada.
Con ello, el proyecto MEDEA afronta una nueva etapa con un objetivo claro: que cada paciente reciba desde el primer momento el tratamiento que mejor se adapte a sus características y que la investigación llegue directamente a la práctica clínica diaria.





