Redacción Internacional.- Desayunar con calma, leer o hacer ejercicio antes de revisar las notificaciones son algunas de las prácticas que promueve el “slowmorning”, una tendencia en redes sociales que invita a reducir las prisas y retrasar el contacto con las pantallas al despertar.
La etiqueta #slowmorning reúne más de 260 mil videos, según cifras recogidas en una publicación de Marie Claire. Las rutinas compartidas buscan reservar un espacio de transición entre el descanso nocturno y las responsabilidades laborales o personales.
Entre las actividades más frecuentes figuran dejar el teléfono fuera del alcance, aprovechar la luz natural y realizar tareas cotidianas sin responder mensajes de inmediato. Sin embargo, estas publicaciones muestran experiencias personales y no constituyen una pauta sanitaria aplicable a todos.

El psicólogo y neurocientífico del comportamiento Yuri Busin explicó, en declaraciones recogidas por el medio, que disponer de un período de transición puede ayudar a disminuir la sensación de urgencia durante las primeras horas. Propuso dedicar entre 20 y 30 minutos a ese momento, adaptándolo a las posibilidades de cada persona.
El descanso nocturno sigue siendo fundamental

El interés por comenzar la mañana con tranquilidad no sustituye la necesidad de dormir lo suficiente. Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos señalan que los adultos generalmente necesitan entre siete y nueve horas de sueño por noche.
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La institución también recomienda mantener horarios regulares y procurar un dormitorio silencioso, fresco y oscuro. Además, aconseja dedicar la hora previa a acostarse a actividades tranquilas y evitar la luz artificial intensa de las pantallas. Esta recomendación se refiere al período anterior al sueño y no demuestra, por sí sola, beneficios clínicos de evitar el celular al despertar.
El psiquiatra Eduardo Perin advirtió que una mañana con menos estímulos digitales puede contribuir a la regulación emocional, pero no debe presentarse como un tratamiento para la ansiedad, la depresión u otros trastornos.
El alcance de estas rutinas depende de los horarios de trabajo, las tareas de cuidado y las condiciones de descanso. Cuando las dificultades para dormir o el cansancio persisten, los organismos de salud recomiendan buscar evaluación profesional.







