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Tras décadas de boicot, los ciudadanos palestinos de Israel acudieron a las urnas. Esto podría definir el futuro

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Taibeh, IsraelCNN — 

Durante décadas, muchos ciudadanos palestinos de Israel se mantuvieron al margen de las elecciones, negándose a legitimar un sistema que, según afirman, ha oprimido a su pueblo, ha dejado de lado sus preocupaciones y no los ha representado.

Pero esta vez la sensación fue distinta: tras cuatro años bajo el Gobierno más derechista de la historia de Israel, cientos de miles de votantes árabes decidieron que no podían permitirse permanecer al margen.

El martes, acudieron a votar en cifras récord —cerca del 80%—, frente al 53% registrado en las elecciones anteriores, según el Centro Mossawa, una organización de la sociedad civil que promueve la igualdad para los ciudadanos palestinos de Israel. Esta participación otorga a los partidos árabes de Israel una influencia política sin precedentes, con 19 escaños en un parlamento de 120 miembros.

Este aumento se debió a una serie de factores interconectados. En primer lugar, el incremento de la delincuencia violenta en la comunidad árabe, percibido como consecuencia de una actuación policial negligente. En segundo lugar, un deseo urgente de destituir al primer ministro Benjamin Netanyahu y poner fin a su coalición de derecha, que incluye a ministros de línea dura como Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich. Nadie albergó dudas sobre el fuerte rechazo hacia el ministro de Seguridad Nacional de Israel, en particular, durante la noche del martes: en la sede electoral de la Lista Conjunta —la principal alianza política árabe— estallaron gritos de “Ben-Gvir, vete a casa” a medida que se confirmaba el buen resultado obtenido por la coalición.

Los votantes esperan con sus hijos para depositar sus votos en un colegio electoral de la ciudad de Tayibe, de mayoría árabe, el 27 de octubre.

La coalición de Netanyahu ha supervisado la devastadora guerra de tres años de Israel en el enclave palestino de Gaza, que se ha cobrado decenas de miles de vidas, así como una prolongada campaña de violencia por parte de colonos en la Ribera Occidental ocupada.

“Nuestra comunidad quería derrocar a este Gobierno criminal, cambiar la grave realidad provocada por las políticas de Netanyahu, Smotrich y Ben-Gvir”, declaró el Dr. Ahmad Tibi, líder de la Lista Conjunta.

Tibi ha dedicado casi tres décadas a instar a la comunidad árabe a ejercer su derecho al voto. Ahora, señala, esa alta participación ya tiene un impacto: ha impedido que Netanyahu forme otro gobierno de derechas.

Los ciudadanos palestinos de Israel —que representan el 20% de la población— son descendientes de aquellos palestinos que no fueron expulsados ni obligados a huir de sus hogares cuando se fundó Israel en 1948. Aunque obtuvieron la ciudadanía, vivieron bajo un régimen militar hasta 1966; Sin embargo, muchos consideran que la discriminación en la sociedad israelí persiste hasta el día de hoy.

Entre ellos se encuentran palestinos nacidos antes de 1948, como la tía de Mohammed Abdelhai, de 80 años.

El martes, animada por su sobrino, ella votó por primera vez en la localidad de Tira, en el centro de Israel.

“Le dije que tenemos que votar”, comentó Abdelhai. “El Gobierno anterior fue muy agresivo con nosotros, así que esta vez necesitamos cada voto”, afirmó.

Para él, la cuestión más importante era el racismo generalizado y la falta de igualdad entre árabes y judíos en Israel.

“Si podemos lograr un cambio, logrémoslo. ¿Por qué no? ¿Por qué quedarnos estancados en el mismo sitio?”

El doctor Ahmad Tibi, líder de la Lista Conjunta, en Taibeh (Israel), el 28 de octubre.

La fuerza del voto árabe también implica que ni la coalición gobernante de Netanyahu ni el bloque opositor obtengan una mayoría absoluta.

Ahora, la “Lista Conjunta” de Tibi, junto con Ra’am —otro partido de mayoría árabe—, parecen tener la llave del poder.

Tibi declaró que la Lista Conjunta está dispuesta a ayudar a la oposición a formar un gobierno en minoría, encabezado por el exjefe del Estado Mayor militar, Gadi Eisenkot. La Lista Conjunta no se integraría en el gobierno ni buscaría cargos ministeriales a cambio; solo exigiría el compromiso de combatir la delincuencia que afecta a la comunidad árabe y de detener la demolición de viviendas beduinas, una práctica que se ha intensificado bajo la gestión de Netanyahu.

“Si quieren que ayudemos, estaremos ahí para hacerlo… queremos apoyar al candidato de la oposición”, declaró Tibi.

Pero, según señaló, hacer esto requerirá que Eisenkot y su coalición “sean valientes” frente a la condena de Netanyahu ante cualquier intento de formar un gobierno con la ayuda de los partidos árabes de Israel.

Una mujer vota en un colegio electoral de Jerusalén el 27 de octubre.

Esto se debe a que la idea de formar un gobierno con el apoyo de los partidos árabes se ha vuelto políticamente tóxica en Israel, con una mayoría de votantes judíos en contra. Varios partidos de la oposición también han descartado previamente tal acuerdo.

No está claro hasta qué punto Eisenkot está dispuesto a apoyarse en los partidos árabes. El único partido de la oposición que respalda esta medida es el izquierdista Partido Demócrata, liderado por Yair Golan.

“Tenemos la oportunidad de formar un gobierno de cambio en colaboración con los ciudadanos árabes de Israel”, declaró Golan el miércoles. “Ahora necesitamos valentía. Necesitamos liderazgo. Tenemos que dejar de tener miedo y empezar a actuar”.

Para Tibi, lo que frena a algunos líderes políticos es algo más que el miedo.

“Es puro racismo contra el 20% de la población: los ciudadanos árabes. Somos una parte legítima del parlamento. Somos una parte legítima de la ciudadanía”, afirmó.

El primer ministro Benjamin Netanyahu ha intentado sistemáticamente deslegitimar a los votantes árabes y ha utilizado repetidamente la perspectiva de que legisladores de la comunidad árabe formen parte del gobierno como una forma de motivar a su base electoral para que acuda a las urnas.

En septiembre, la Comisión Central Electoral (CEC, por sus siglas en inglés) aprobó una moción para impedir que los partidos árabes concurrieran a las elecciones; una decisión que fue posteriormente anulada por el Tribunal Supremo.

Cuando el miércoles quedó claro que los partidos árabes habían obtenido un buen respaldo en las encuestas, el partido Likud de Netanyahu emitió un comunicado en el que los acusaba de “robar las elecciones”.

A esto le siguió, el jueves, el envío de una carta por parte del presidente de la Comisión Electoral Central (CEC) de Israel al jefe del servicio de seguridad israelí, el Shin Bet, solicitándole que investigara las acusaciones de injerencia extranjera en los comicios destinada a aumentar la participación de los votantes árabes.

Posteriormente, el jueves, el presidente de la Comisión Central Electoral de Israel envió una carta al director del Shin Bet —la agencia de seguridad israelí— solicitándole que investigara las denuncias sobre una supuesta injerencia extranjera en los comicios, la cual habría tenido como objetivo aumentar la participación de los votantes árabes.

En la carta, el presidente de la CEC, Noam Sohlberg, admitió que no podía confirmar ninguna de las sospechas, y la policía israelí ha declarado que no ha recibido pruebas que respalden tales afirmaciones.

Los líderes de los partidos árabes sostienen que los ataques del Likud constituyen una incitación y han prometido defender los resultados electorales. Mansour Abbas, líder del partido Ra’am, declaró que colaborará con cualquier investigación, mientras que Yousef Jabareen, presidente de la Lista Conjunta, afirmó que Netanyahu ha sido “derrotado” y que “se niega a aceptar la decisión de los votantes”.

Una pancarta muestra a los líderes de la Lista Conjunta en la ciudad árabe de Taibeh, el 28 de octubre.

Muchas de las políticas que han perjudicado a los ciudadanos palestinos de Israel han sido impulsadas bajo la gestión de Ben-Gvir, el ministro de Seguridad Nacional, quien anteriormente fue condenado por apoyar el terrorismo e incitar al racismo contra los árabes.

El martes, algunos residentes de localidades de mayoría árabe declararon a CNN que abandonaron los centros de votación sin sufragar debido a la intimidación ejercida por individuos que apoyaban a partidos israelíes de extrema derecha, como el de Ben-Gvir.

“La gente se enfrenta a una gran presión; hubo una anciana que no pudo soportarla, otra mujer embarazada que no aguantó la situación y se marchó… todo esto se debe al racismo”, afirmó Ulfat, residente de Taibeh, quien pidió ser identificada únicamente por su nombre de pila.

Los simpatizantes de la alianza política israelí «Lista Conjunta», liderada por árabes, vitorean en la sede de campaña de la alianza, situada en la ciudad de Nazaret, al norte de Israel, el 27 de octubre, mientras se anuncian en televisión las primeras encuestas a pie de urna durante las elecciones legislativas israelíes.

Desde el punto de vista de Tibi, la mayor participación de los votantes árabes en comparación con la mayoría judía demuestra que los ciudadanos palestinos están “dispuestos a influir y participar” en la política israelí.

“Nos vemos bloqueados por la derecha y, a veces, por la oposición. Esto no es una democracia. Es una democracia étnica. Es una democracia para los judíos”, afirmó.

Ese sentimiento de exclusión fue compartido por votantes de diversas comunidades árabes; muchos de ellos señalaron que fue precisamente ese factor lo que los impulsó a acudir a las urnas en esta ocasión.

Munther Mansour, residente de Tira de 60 años, ha votado anteriormente, pero esta vez percibe una oportunidad real de que su voto cuente.

“Nunca antes nos habíamos interesado por las elecciones. Sin embargo, el nivel de racismo y los cambios en nuestra vida cotidiana obligaron a la gente a salir y ejercer su derecho”, comentó.

“Pertenecemos a este país; somos parte de él. Por lo tanto, debemos ejercer este derecho”.

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