Crece la demanda de atención en guardias de hospitales por los virus respiratorios

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Pocas son las sillas disponibles que se pueden encontrar en estos días en las guardias médicas. Tanto instituciones privadas como públicas enfrentan una alta demanda de servicios ante el incremento de infecciones respiratorias. Neumonías, influenza A o B y cuadros de virus sincicial respiratorio (VSR), que provoca bronquiolitis, son algunas de las afecciones que más circulan por estos días. También coronavirus, principalmente la cepa de ómicron XBB 1.5, que es una de las subvariantes de mayor circulación tanto en la Argentina como en la región.

Según informó el Ministerio de Salud de la ciudad, durante las últimas semanas comenzó a registrarse una mayor cantidad de casos de consulta por patologías respiratorias, que se incrementaron acorde a la época del año. “El aumento alcanza al 30% comparado con las semanas precedentes. Los flujos de atención en las guardias se encuentran sin desvíos significativos y los servicios de emergencias se encuentran trabajando con normalidad”, señalaron desde la cartera.

“Me duelen los pulmones y despido sangre cuando toso”, dijo Marianmy, que, una semana atrás, empezó con algunos síntomas que luego fueron agravándose. Como otras ocho personas, esperaba parada a escasos metros del molinete que habilita el ingreso al sector de guardia del Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández. Antes de la admisión, un médico debía identificar la gravedad de su cuadro.

La admisión del Hospital Fernández, luego de esta etapa los pacientes entran a la guardiaLA NACION

“Estoy con dolor de cabeza desde hace dos días y tengo mucha congestión”, dijo Teresa Álvarez, mientras se acomodaba la bufanda para convertirla en un barbijo. A pesar de que es de Mataderos, prefirió atenderse en el Fernández, ubicado en Palermo, luego de terminar su jornada laboral, a pocas cuadras de ahí: “Mi hija trabaja en el Hospital Italiano, pero me dijo que no vaya porque está lleno de gente”.

Alrededor de 20 hospitales públicos de la ciudad cuentan con unidades febriles a donde se derivan los casos que presentan fiebre y en donde se hacen los testeos de coronavirus. La complicación es que tienen horarios restringidos. “Nuestra unidad cerró a las 14. Si no te sentís mal, volvé mañana a las 8″, dijeron en la recepción del Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia, minutos antes de las 15. Y advirtieron: “De lo contrario vas a tener que ir a la unidad del Hospital General de Agudos D. Vélez Sarsfield, en Liniers, que es la única que está abierta las 24 horas. Ahora nuestra guardia solo atiende a aquellos que tienen dificultades para respirar”.

Los sanatorios privados también enfrentan una alta demanda de servicios de atención médica. “Lo que ve todo el sector es que pasamos del dengue a las enfermedades respiratorias. En los años anteriores esto no pasaba. Pasamos de verano a invierno con guardias llenas”, señaló a LA NACIÓN el director médico de una clínica privada.

Cada institución tiene su protocolo de ingreso. En la guardia del Hospital Alemán, en Recoleta, según le explicaba la recepcionista a un hombre que reclamaba, los pacientes son atendidos según la gravedad del cuadro y no por orden de ingreso. María Julia, de Palermo, llegó temprano a la clínica y esperó una hora para ser atendida, como tuvo fiebre a lo largo de cuatro días y tenía congestión, los médicos le hicieron estudios. Si bien los chequeos fueron rápidos, debió esperar otra hora más para que otro profesional le leyera los resultados.

La guardia del Hospital AlemánLA NACION

“Es un desastre, hace tres horas que estoy esperando”, expresó, con enojo, Marisa, de Recoleta. Según manifiesto, hacía unos días le dolía la cabeza y también estuvo con mucha fiebre. “Cometí el error de tomar un paracetamol antes de venir. Entonces, como no tengo temperatura, me dejan para lo último. Pero me siento mal, estoy contracturada, descompuesta y tengo mucho malestar”, señaló.

Mientras Nauman observaba la sala de ingreso del Hospital General de Niños R. Gutiérrez, en Recoleta, no podía salir de su asombro. El último tiempo, al menos cinco veces debió frecuentar la institución: la operación intestinal a la que fue sometido su hijo de cinco meses exigía rigurosos controles. “Nunca vi tantas personas acá”, indicó.

“Tengo a las dos nenas con dolor de panza, tos y fiebre. Tengo el problema de que, como se sienten mal, no comen”, dijo Daiana, de José C. Paz. Junto a sus hijas, de diez y tres años, luego de registrarse, esperaba que un médico le tomara la fiebre y le hiciera preguntas, antes de pasar a la guardia.

Por su parte, la sala de ingreso de la Clínica Bazterrica, estaba llena de personas con y sin barbijo. Entre ellos, Esteban y Federico, que fueron separados, compartían síntomas y más de una hora de espera: fiebre, tos, dolor de garganta y malestar general.

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