La apatridia tiene profundas consecuencias sobre la salud, aunque con frecuencia pasan desapercibidas. En el caso del pueblo saharaui, lo hace de cuatro formas: por la falta de control sobre la tierra y los recursos propios, por la crisis de financiación del sistema sanitario, por los daños físicos y psíquicos que supone la ocupación militar y por los problemas que implica realizar una evacuación médica a otros países. En conjunto, esto limita gravemente su capacidad para alcanzar una salud plena, tal y como publicamos este sábado en The Lancet, en un artículo que forma parte de una serie mensual que muestra los condicionantes sociales que afectan a la salud en todo el mundo.
Una primera consecuencia de la apatridia es que la población no puede controlar ni gestionar su tierra y sus recursos. Aunque el Sáhara Occidental es rico en reservas de fosfatos (necesarios para los sistemas agroalimentarios europeos y mundiales), recursos pesqueros y energía eólica y solar, estos benefician no al pueblo saharaui, sino al Gobierno marroquí, que ocupa el Sáhara Occidental desde hace más de 50 años. Sin estos recursos, la población no puede sostener su propio sistema agroalimentario y nutricional, viviendas seguras y bien aisladas, educación y sistemas sociales.
Para los saharauis que viven en los campamentos de refugiados de Argelia, las tasas de malnutrición y anemia son extremadamente elevadas, mientras que las familias viven en viviendas sin aislamiento adecuado y con acceso insuficiente al agua, en un contexto en el que las temperaturas estivales superan regularmente los 50 grados.
El sistema sanitario saharaui depende de la ayuda humanitaria internacional, que se está reduciendo hasta niveles peligrosamente bajos
En segundo lugar, la falta de control sobre los propios recursos significa que una población no puede sostener adecuadamente su sistema sanitario. Por esta razón, el Gobierno de la República Árabe Saharaui Democrática tiene dificultades para financiar su sistema de salud, formar y remunerar a los profesionales sanitarios y abastecerse de suministros médicos y farmacéuticos esenciales. A principios de este año, The Lancet destacó cómo los trabajadores sanitarios saharauis se ven obligados a improvisar, algunos de ellos como voluntarios, en medio de una infraestructura deficiente para atender a su comunidad en circunstancias extremadamente difíciles. El sistema sanitario saharaui depende de la ayuda humanitaria internacional, que se está reduciendo hasta niveles peligrosamente bajos.
En tercer lugar, la apatridia, cuando va acompañada de ocupación y expansión militar, no solo impide el desarrollo de las condiciones sociales necesarias para la salud ni la adecuada financiación de los sistemas sanitarios, sino que provoca daños físicos directos y pone vidas en riesgo.
El muro de ocupación más grande del mundo, construido por Marruecos, atraviesa el Sáhara Occidental y está rodeado de millones de minas terrestres que dañan a las familias y a sus animales. Además, las familias nómadas saharauis que viven en las zonas del Sáhara Occidental controladas por el Polisario han sido cada vez más objeto de ataques con drones que provocan mutilaciones, muertes y el desplazamiento de miles de refugiados adicionales. En los territorios ocupados, las personas convertidas en apátridas o cuya ciudadanía les ha sido impuesta, incluidos los saharauis del Sáhara Occidental ocupado, pueden sufrir discriminación y malos tratos al buscar atención médica.
En cuarto lugar, y de la forma más directa, la apatridia crea graves obstáculos cuando es necesaria una evacuación médica. Sin pasaporte, o cuando el pasaporte no es reconocido, obtener visados para viajes de emergencia puede resultar imposible. Para los saharauis con enfermedades graves, las clínicas y el Hospital Nacional de los campamentos de refugiados pueden no ser suficientes. Pueden enfrentarse a obstáculos económicos o burocráticos para desplazarse a los hospitales de Tinduf y Argel, aunque Argelia ha proporcionado acceso a la atención sanitaria necesaria. Si, tras realizar sacrificios para llegar a estos hospitales, el paciente necesita una atención más especializada, se enfrenta a enormes dificultades que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte a la hora de conseguir una evacuación médica a otros países, incluida España.
En el artículo que publicamos en The Lancet, ilustramos estas barreras con un ejemplo: la historia de Brahim, un chico de 15 años que vive en los campamentos de refugiados y que ha sido diagnosticado de cáncer dentro de los sistemas sanitarios saharaui y argelino. Para acceder a un tratamiento que puede salvarle la vida y que no está disponible para él de otra forma, él y su madre se enfrentan a enormes obstáculos para conseguir un visado que permita su evacuación médica a España. Gracias al programa Vacaciones en Paz, Brahim mantiene una estrecha relación con una familia española que firma documentos para respaldar su estancia y tratamiento, uno de los difíciles requisitos para la obtención de visados médicos españoles. Su madre, a quien se le deniega el visado, no puede acompañarlo ni cuidarlo.
Sin embargo, muchos refugiados saharauis no se consideran apátridas, porque cuentan con un Gobierno en el exilio. La apatridia es impuesta por invasiones y ocupaciones, cambios políticos y la renuncia a responsabilidades por parte de los gobiernos y de la comunidad internacional. Para saharauis como Brahim, la apatridia es consecuencia de la invasión y ocupación marroquíes y de la pasividad de España, la antigua potencia colonial, así como de buena parte de la comunidad internacional occidental.
Como contexto, el artículo de The Lancet describe cómo las personas de ascendencia haitiana nacidas en la República Dominicana quedaron apátridas debido a la revocación de su derecho a la ciudadanía por nacimiento, y cómo la llamada “generación Windrush”, de ascendencia jamaicana en el Reino Unido, pasó a ser apátrida debido a cambios políticos mediante los cuales el Estado eludió su responsabilidad respecto a trabajadores que previamente habían sido llamados para contribuir a la reconstrucción del país.
Los recortes de fondos
Además de realizar investigación y atender pacientes en Europa, tres de nosotros colaboramos regularmente con el sistema de salud de los campamentos de refugiados, incluido su Centro de Telemedicina. Uno de nosotros visitó las clínicas, el Hospital Nacional y la Escuela Universitaria de Enfermería de Tifariti durante el festival de cine FiSahara de 2026.
Durante esta visita, la Escuela de Enfermería recibió la noticia de que la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) dejaría de enviar financiación debido a importantes recortes presupuestarios. Profesores y estudiantes terminarían el curso sin saber si podrían reanudarlo en otoño. Además, los cursos de verano de español médico y varias campañas importantes de vacunación y prevención sanitaria fueron cancelados de forma repentina.
La situación del sistema sanitario saharaui ya es muy precaria y se encuentra sometida a una presión constante. Los recortes recientes hacen el contexto aún más peligroso, con graves carencias de medicamentos y pruebas diagnósticas, así como de material educativo y alimentos básicos.
España puede reducir los obstáculos administrativos que dificultan las evacuaciones médicas y que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte para los saharauis gravemente enfermos
Para remediar los efectos perjudiciales de la apatridia, la comunidad internacional puede defender el derecho del pueblo saharaui a la autodeterminación en su propia tierra, incluido el referéndum prometido por la ONU.
A corto plazo, España puede reducir los obstáculos administrativos que dificultan las evacuaciones médicas y que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte para los saharauis gravemente enfermos.
En septiembre, el Congreso votará una ley de nacionalidad para los saharauis que restablecería el derecho a la nacionalidad española para quienes nacieron hasta el 29 de septiembre de 1977, fecha límite fijada para solicitar la nacionalidad española tras la retirada de España y la posterior invasión del territorio por Marruecos y Mauritania en lugar de culminar el proceso de descolonización del Sáhara Occidental.
Sus descendientes directos también podrían solicitarla, aunque con un periodo de espera mucho más largo. Aunque esta medida es insuficiente para contrarrestar todos los efectos de la apatridia, permitiría a los saharauis que obtengan la ciudadanía, incluidos posiblemente personas como Brahim y su madre, acceder a la sanidad española mientras continúan luchando por su derecho legal a la autodeterminación.







