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Fuerza laboral sanitaria crece con mujeres, pero sin igualdad

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[LIMA, SciDev.Net] En poco más de tres décadas, la fuerza laboral sanitaria se triplicó en el mundo, impulsada principalmente por la participación femenina. Pero las mujeres siguen ocupando los puestos peor remunerados y con menor poder de decisión.

Así lo señala un estudio publicado(opens in new tab) en The Lancet Public Health, que analizó la evolución de 20 categorías profesionales de salud en 204 países y territorios entre 1990 y 2023.

El análisis estima, además, un déficit mundial de 34,4 millones de profesionales para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible de cobertura sanitaria universal para 2030, con las mayores carencias en el sur de Asia y África subsahariana.

En América Latina y el Caribe en particular, el estudio indica que se necesita 1,31 millones más de enfermeros y parteras, y 204.000 médicos para lograr la cobertura universal. Además, 26 países están por debajo del umbral de enfermería y partería.

Haití es el país peor posicionado de la región, con 3,1 profesionales médicos y 7,9 enfermeras y parteras por cada 10.000 habitantes. La proporción es alarmante si se considera que la OMS recomienda(opens in new tab) 70,6 profesionales de enfermería y partería por cada 10.000 habitantes para alcanzar las metas de cobertura sanitaria universal.

Haití, con 3,1 médicos y 7,9 enfermeras y parteras por cada 10 000 habitantes, presenta las mayores carencias para alcanzar un nivel moderado de cobertura sanitaria. Crédito de la imagen: Direct Relief/Flickr(opens in new tab), bajo licencia Creative Commons CC BY-NC-ND 2.0 Deed(opens in new tab).

Honduras, Nicaragua, Venezuela y Jamaica tienen cada uno un déficit de más de 40 enfermeras por cada 10.000 habitantes y de más de 10 médicos.

En cuanto a la paridad entre los médicos y médicas en la región, para 2023, 49,3 por ciento eran mujeres, una proporción que fue mejorando si se compara con el 34,3 por ciento registrado en 1990. República Dominicana (69,7 por ciento), Cuba (66,7 por ciento) y Puerto Rico (66,7 por ciento) son los países con más médicas.

Paridad salarial y acceso a liderazgo

Para Annie Haakenstad, autora principal del estudio y profesora adjunta de Ciencias de Métricas de Salud en el Institute for Health Metric and Evaluation, garantizar una expansión equitativa del personal sanitario requiere dos mejoras clave en la fuerza laboral: “asegurar una remuneración justa y suficiente para atraer y retener talento” y “abordar las condiciones laborales que excluyen a las mujeres, mediante la mejora de las políticas”.

En torno a las remuneraciones, un análisis conjunto(opens in new tab) de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Internacional del Trabajo señala que en el mundo, las mujeres en el sector salud ganan en promedio 24 por ciento menos que los hombres, y la brecha aumenta en niveles salariales más altos.

“Las trabajadoras de salud comunitarias son el ejemplo más claro de una fuerza laboral mal remunerada, mayoritariamente femenina, con millones de personas que trabajan por estipendios, honorarios o nada en absoluto. La baja remuneración en estos puestos refuerza la devaluación del tiempo y la contribución de las mujeres a los sistemas de salud”, comenta Haakenstad a SciDev.Net.

“Si ellas abandonan el sistema por precariedad laboral, violencia, agotamiento o ausencia de oportunidades profesionales, el problema deja inmediatamente de ser solo de equidad y se convierte en un problema de acceso y cobertura sanitaria”.

Walter Curioso, Departamento de Informática Biomédica y Educación Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, Estados Unidos

El estudio estima que unas tres cuartas partes de los 641.000 trabajadores de salud comunitarios de América Latina y el Caribe son mujeres, por lo que su remuneración y situación laboral “están relacionadas con la estructura salarial de género del sistema de salud”.

“Tanto el reclutamiento como la progresión profesional requieren atención”, destaca Haakenstad, y sugiere algunas políticas que deben mejorarse, como permisos remunerados por maternidad y cuidado de familiares, normas de promoción que no penalicen las interrupciones en la carrera profesional y sistemas eficaces para denunciar la violencia y el acoso.

“Licencias remuneradas, flexibilidad y reglas de promoción sirven para el personal ya formalizado —médicas, enfermeras con plaza—, no para la base comunitaria de la que habla el estudio, que en su mayoría no tiene contrato ni escalafón que promover”, refuta la socióloga mexicana Carolina Espinosa Luna, quien no fue parte del análisis. “Ahí la prioridad sigue siendo formalizar el empleo, no ajustar sus reglas de ascenso”.

Y aclara: “Paridad salarial y acceso a liderazgo son dos problemas separados: subir el salario de enfermería no pone a más mujeres en dirección, y poner mujeres en dirección no resuelve que el trabajo comunitario siga mal pagado”.

América Latina está cerca de la paridad en profesionales médicos, con 49,3 % de mujeres, en contraste con el 43,9% a nivel mundial, pero aún está lejos de la paridad salarial y poder de decisión. Crédito: OPS/Flickr(opens in new tab), bajo licencia Creative Commons CC BY-NC-ND 4.0 Deed(opens in new tab).

“Cada uno necesita su propia palanca. No existe una fórmula regional única — existe, cuando mucho, un orden de prioridades: primero formalizar, después repensar ascensos y liderazgo”, comenta a SciDev.Net Espinosa, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Si las mujeres se concentran en las ocupaciones históricamente peor remuneradas y con menores posibilidades de liderazgo, aumentar su participación laboral por sí solo no elimina la desigualdad”, coincide Walter Curioso, profesor afiliado del Departamento de Informática Biomédica y Educación Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington, Estados Unidos.

Según el especialista, que tampoco formó parte del estudio, se necesitan “políticas concretas y medibles: igual remuneración por trabajo de igual valor, transparencia salarial, mecanismos de promoción y liderazgo, prevención efectiva del acoso y la violencia laboral, licencias parentales y corresponsabilidad en los cuidados, modalidades laborales compatibles con la vida familiar y medición periódica de brechas salariales y cargos directivos por sexo”.

Para él, “mejorar las condiciones laborales de enfermeros, parteras y otros profesionales predominantemente femeninos no es solamente una política de género; es una política de fortalecimiento del sistema de salud”.

“Si ellas abandonan el sistema por precariedad laboral, violencia, agotamiento o ausencia de oportunidades profesionales, el problema deja de ser solo de equidad y se convierte en un problema de acceso y cobertura sanitaria”, afirma a SciDev.Net.

“No es que el trabajo sanitario esté mal pagado y por eso lo ocupen mujeres, es que se paga mal precisamente porque lo ocupan mujeres”, agregó Espinosa.

“El salario, en estos mercados, no mide la complejidad de la tarea sino el estatus social de quien la realiza — y ese estatus cae en cuanto una ocupación se feminiza. Por eso la escolaridad femenina puede seguir creciendo año tras año sin que la brecha salarial se mueva un milímetro. El problema nunca estuvo en cuántas mujeres calificadas hay, sino en quién decide cuánto vale el trabajo que hacen”, explica.

En América Latina, a lo anterior se añade que el Estado opera bajo el supuesto de que el cuidado lo resuelve la familia, y la familia, en la práctica, significa mujeres. “Cuando el sistema de salud expande la atención primaria apoyándose en la comunidad, no inventa una fórmula nueva, sino que traslada esa misma lógica del hogar al sistema público, sin pagarla mejor de lo que nunca se pagó el trabajo doméstico”, dice Espinosa.

Para ella, el cuello de botella no es demográfico ni educativo. “Es quién define qué cuenta como trabajo valioso y quién se sienta en la mesa donde se fijan salarios y ascensos”.

“Mientras esas mesas sigan sin la voz de quienes sostienen el sistema desde abajo, la fuerza laboral puede feminizarse por completo sin que la jerarquía ceda un solo escalón. La política que de verdad revertiría esto no es más capacitación ni más mujeres tituladas (eso ya existe y sobra), es renegociar, con ellas sentadas a la mesa, qué se considera mérito, cómo se fija el salario, y quién tiene la última palabra sobre ambas cosas”, subraya.

La formación profesional

Con más de 25 años de experiencia en alta dirección universitaria y pública y en salud global, Curioso considera que otro aspecto muy importante del estudio es que muchos países siguen formando profesionales con una estructura que responde al sistema de salud del pasado y no al que se necesitará en los próximos 20 o 30 años.

“Un sistema de salud no se fortalece simplemente produciendo más médicos. Se fortalece construyendo equipos de salud multidisciplinarios con la participación adecuada de médicos, enfermeros, obstetras, psicólogos, técnicos, y otras profesiones”, advierte.

“La discusión ya no debería ser cuántos profesionales de salud necesitamos. La pregunta correcta es qué profesionales necesitamos, con qué competencias, en qué lugares y para qué población”, concluye.

Este artículo fue producido por la edición de América Latina y el Caribe de SciDev.Net

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