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La Generación Z ha convertido los memes virales en su mayor pesadilla. Y eso tiene un gran perjudicado: el baile

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Su nombre quizás no te diga gran cosa (ahora), pero si en 2024 solías echar un ojo a las redes o leer la prensa es casi imposible que no hayas visto el vídeo más famoso de Rachael Louise Gunn, alias ‘Raygun’. Su historia es muy simple: hace poco dos años Gunn participó en los Juegos Olímpicos de París como parte de la delegación australiana. Lo hizo en el debut mundial del breaking como disciplina olímpica, una oportunidad que aprovechó para mostrar su ‘baile del canguro’. Sus movimientos resultaron tan chocantes que acabó convertida en un meme viral, diana de críticas, chanzas y bromas en prime time que rozaban la crueldad.

Ahora la experiencia de Raygun vuelve a ser noticia por un documental de Netflix, una pieza que, como recuerda la bailarina, habla de una realidad que va más allá de su caso: el miedo de toda una generación a convertirse en meme.

El caso RayGun. Si la figura de Rachael Gunn es interesante hoy no es tanto por lo que hizo en agosto de 2024, cuando causó pasmo en los JJOO de París con su peculiar forma de bailar, como por todo lo que sucedió después. La B-girl, de 37 años, pasó de ser una casi desconocida a todo un fenómeno viral. El vídeo de su baile corrió como la pólvora por las redes, se coló en telediarios y magazines y, sobre todo, desató una oleada de parodias. Incluso la imitaron en ‘The Tonight Show’, un programa con cientos de miles de espectadores en EEUU.

En el paroxismo del meme hubo incluso quien situó a Gunn y su esposo y entrenador, Samuel Free, en el centro de una trama para clasificarse para los JJOO. Con ese telón de fondo se entiende mejor que solo unos meses después de su intervención en París, a finales de 2024, la deportista anunciase su retirada. También se entiende que Netflix se haya interesado en su caso para, dos años después y con los ánimos calmados, contar su historia en primera persona.

@buzzfeedoz

if you cast your mind back to the 2024 paris olympics, you might remember rachel “raygun” gunn’s performance. the dance was given a score of zero and went viral across all folds of the internet because of its viral “kangaroo” move. now, the aussie athlete is being given her own netflix miniseries as part of their «untold» franchise. the hour-long episode will give «unprecedented access to gunn’s personal journey» as she navigated the competition and the fallout. 🎥: TikTok/TNTSports #breakdancing #olympics #raygun #documentary #buzzfeedoz

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«Como si el mundo se fuera a reír» Hoy lo que interesa de Raygun no es tanto cómo vivió los JJOO de 2024 sino su resaca posterior: ¿Qué supone ser un meme viral andante? ¿Cómo sobrelleva una persona convertirse de la noche a la mañana en diana de parodias y escarnio? ¿Cómo afecta a la vida de una bailarina pasar del anonimato absoluto a la fama en su peor versión? En una entrevista con la CNN a raíz del estreno del documental, Gunn reconoce que ha necesitado terapia y que incluso dejó el gimnasio por miedo a que la reconocieran.  

«Intenté varias cosas para mejorar mi salud mental. Probé el mindfulness y la meditación. No me gustaron. Estaba constantemente pensando: ‘Me siento fatal y siento que el mundo se me viene encima'», recuerda. En solo unos minutos (los que duró su baile) Gunn cumplió una de las peores pesadillas imaginables en la hiperconectada sociedad del siglo XXI. «Pensé que estaba exagerando. ‘¡Cómo si el mundo fuera a reírse de mí! ¡Qué tontería!’ Pero lo hizo, y mucho tiempo».

«Les preocupa viralizarse». La reflexión de Gunn es interesante porque conecta con uno de los grandes miedos de la Gen Z, la primera en educarse con un smartphone en la mano y la primera también en estrenarse en las discotecas con la amenaza constante de ser grabada en vídeos que pueden acumular miles millones de reproducciones en Instagram, TikTok y Snapchat. Lo asume la propia Gunn, quien previene del «efecto terrible» del «poder explosivo de Internet».

«Leí un artículo hace poco sobre cómo los jóvenes no quieren bailar en discotecas porque les preocupa volverse virales. ¡Eso es tan frustrante para un millenial! ¡No tener la libertad de salir a bailar y ser libre!», reflexiona la exbailarina. «Creo que debemos reflexionar sobre en qué hacemos clic, comentamos y compartimos. Si se trata de una persona real… es una persona real, con una vida, familia, trabajo, gente que se preocupa por ella. No es como compartir un sketch cómico».

¿Es eso cierto? Se esté no de acuerdo con la crítica de Gunn, lo cierto es que no es la única que ha advertido de cómo el miedo a la viralización está afectando a la Gen Z. En julio lo hacía también Rowenna Hoskin, una reportera de la BBC que publicó un artículo con testimonios de jóvenes que reconocen abiertamente que el temor a ser grabadas y convertirse en memes les impide relajarse al salir de fiesta. Es el caso de Freya Price, una estudiante de 21 años que admite permanecer «hiperconsciente» cada vez que pisa una discoteca.

«Me resulta bastante aterrador lo fácil que se está volviendo grabar a la gente y publicar esos vídeos en las redes sociales sin que siquiera sepan que hay una cámara», explica la joven. Le preocupa que una publicación desafortunada pueda afectar a su futuro laboral o que alguien la pueda ver en TikTok con unas copas de más, pero sobre todo pesan dos conceptos: vergüenza y viralidad. Por eso prefiere pasar de los clubs y quedar con sus amigos en pubs libres de cámaras.

¿Es algo nuevo? No. Y sí. Hace años los jóvenes millenials ya se exponían a ver sus fotos subidas a Facebook, Tuenti o Fotolog, pero el riesgo de viralidad era probablemente menor y la conciencia de esa amenaza no estaba tan asumida.

Una fuente de ansiedad. Testimonios como el de Price ayudan a entender mejor el fenómeno, pero lo cierto es que ya hay expertos analizándolo en detalle. El neurocientífico Dean Burnett coincide en que cada vez es más fácil encontrar gente «ansiosa por hacer algo que pueda considerarse vergonzoso en Internet».

A las personas, y sobre todo a los jóvenes, siempre nos ha preocupado vernos en situaciones embarazosas; pero Burnett advierte de un cambio radical: las redes sociales han alterado el tamaño de las audiencias potenciales que pueden ser testigos de esos momentos ‘bochornosos’. También influyen en la forma de pensar y ver el mundo de algunas personas. «Se ha convertido en parte de la forma de pensar de bastante gente: ¿Qué van a pensar mis followers

La amenaza del «cringe». No es algo que afecte solo a las discotecas, el ocio nocturno o el baile. En 2022 un grupo de investigadores publicó un estudio en European Psychiatry en el que básicamente analizaban el impacto que el cringe y la «vergüenza ajena» tienen en el comportamiento de las cohortes jóvenes. «Esta peculiar emoción resulta interesante, ya que refleja una vergüenza vicaria que surge al presenciar un error social, un fracaso público o una amenaza a la integridad social de otra persona», señalan los investigadores. 

La clave, que cada vez se preguntan más personas en foros o artículos periodísticos, es hasta qué punto esa sensación está atenazando a la Gen Z a la hora de relajarse y disfrutar de sus espacios de ocio, como las discotecas. Hay estudios que constatan ya que más del 50% de los jóvenes reconocen que la ansiedad que les genera el miedo al ridículo les impide expresarse.

«De repente, todo el mundo tiene miedo de bailar en conciertos y discotecas», reconocía un reportaje de The Wall Street Journal publicado a finales de 2025. Su autor, Elias Leight, coincide en que cada son más numerosos los jóvenes que acuden a fiestas preocupados por protagonizar escenas bochornosas y acabar experimentando una pesadilla similar a que vivió hace justo dos años Raygun. 

«Puedes convertirte en el hazmerreír de millones de personas con una sola publicación», lamenta Roger Giner-Sorolla, profesor de la Universidad de Kent.

Imágenes | Ardian Lumi (Unsplash)

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