Cada vez me resulta más extraño hablar de salud sin incluir la salud bucal. Hoy parece evidente que no podemos entender una sin la otra, pero no siempre ha sido así.
Durante mucho tiempo, la salud bucal se abordó casi como algo separado del resto del cuerpo, con una atención muy centrada en tratar las enfermedades una vez que aparecían y con menor énfasis en la prevención y en su integración con otras políticas de salud.
Sin embargo, en los últimos años, esta visión ha comenzado a cambiar, sobre todo a partir de un hecho concreto: en el año 2021, la Asamblea Mundial de la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) aprobó una resolución que marcó un antes y un después, al plantear la necesidad de integrar la salud bucal a la agenda de las enfermedades no transmisibles y garantizar su inclusión dentro de los servicios esenciales de salud.
A partir de ahí, la OMS adoptó una estrategia mundial y avanzó con el Plan de Acción Mundial sobre Salud Bucodental 2023–2030.
Más que nuevos planes, estos documentos reflejan una manera diferente de ver y entender la salud bucal. Ya no se trata solo de ofrecer más oportunidades de tratamiento a la población, sino también en prevenir y promover una mejor salud bucal.
Esto implica, entre otras cosas, actuar sobre factores de riesgo que compartimos con otras enfermedades crónicas, como el consumo excesivo de azúcar y el tabaco.
También se reconoce algo fundamental: las posibilidades de tener una buena salud bucal no deberían depender de los ingresos, de las condiciones sociales o de la capacidad de una persona para pagar atención odontológica.
Mientras esta agenda avanzaba a nivel mundial, en América Latina y el Caribe también comenzó a gestarse una respuesta desde nuestra propia realidad. Durante 2024, la Asociación Latinoamericana de Salud Oral (LAOHA), en colaboración con otras organizaciones de la región, impulsó la elaboración de la Declaración Regional para el Avance de la Salud Bucal en América Latina y el Caribe, con la participación de profesionales de distintos países.
Desde el Centro de Investigación en Biomateriales y Odontología de Unibe (CIBO-UNIBE) tuvimos la oportunidad de participar como autores en este proceso, aportando también la perspectiva del Caribe.
La declaración plantea prioridades especialmente relevantes para nuestra región, entre ellas, impulsar políticas de salud bucal alineadas con el Plan de Acción de la OMS, reducir las inequidades y fortalecer la generación de información epidemiológica.
También destaca la importancia de promover la investigación y la colaboración entre países, involucrar a la sociedad civil en la toma de decisiones y formar profesionales con una visión más integral e interdisciplinaria de la salud, entre otras.
A finales de ese mismo año, esta visión recibió un nuevo impulso a nivel mundial. Más de cien países se reunieron en Bangkok en la primera Reunión Mundial de Salud Bucal organizada por la OMS. De ese encuentro surgió la Declaración de Bangkok, bajo un mensaje tan sencillo como claro: “No hay salud sin salud bucal”.
Este nuevo compromiso internacional reforzó la necesidad de acelerar los cambios que ya se venían planteando: dar mayor peso a la prevención, reducir las inequidades y lograr que la salud bucal sea entendida y atendida como parte integral de la salud.
Ahora viene quizás la parte más importante: lograr que estos compromisos no se queden en documentos y declaraciones, sino que se traduzcan en acciones concretas y sostenibles en nuestros países.






