Salud mental: 83,246 consultas reflejan la búsqueda de ayuda en el país.
La búsqueda de atención psicológica ha ganado espacio entre los dominicanos que enfrentan ansiedad, depresión, conflictos de pareja, problemas familiares, duelo, estrés laboral, traumas o dificultades para manejar sus emociones.
Más allá de quienes reciben un diagnóstico, especialistas consultados señalan que cada vez más personas buscan terapia para comprender situaciones que afectan su bienestar y su funcionamiento cotidiano.

El psicólogo clínico Ricardo Pichardo explica que los motivos de consulta son diversos y que acudir a terapia no significa necesariamente padecer un trastorno mental.
“Muchas personas llegan porque están atravesando una crisis, una ruptura de pareja, dificultades familiares, problemas de autoestima, conflictos en sus relaciones, procesos de duelo, estrés laboral o porque sienten que están repitiendo patrones que ya no quieren seguir repitiendo”, señala.
Pichardo sostiene que también ha cambiado la manera en que las personas entienden su salud emocional.
“Cada vez veo más personas que llegan con una pregunta que va más allá de ‘¿qué trastorno tengo?’. Llegan preguntándose ‘¿por qué me pasa esto?’, ‘¿por qué sigo escogiendo relaciones que me hacen daño?’, ‘¿por qué reacciono de esta manera?’ o ‘¿por qué, si aparentemente todo está bien, no me siento bien?’”.
Las estadísticas oficiales muestran parte de este escenario. De acuerdo con datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en República Dominicana se registraron 83,246 consultas de salud mental psiquiátrica en 2023, una cifra ligeramente superior a las 83,214 registradas en 2019. El comportamiento estuvo marcado por una caída durante 2020 y una recuperación posterior.
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En 2023, las mujeres representaron 50,330 de esas consultas, mientras que los hombres registraron 32,916.
Para Pichardo, este comportamiento no necesariamente significa que existan más problemas psicológicos que antes, sino que existe una mayor disposición a reconocerlos y buscar ayuda.
“La salud mental ha dejado progresivamente de ser un tema del que muchas personas sentían vergüenza hablar. Las redes sociales, los medios de comunicación y una mayor divulgación de información psicológica han contribuido a normalizar la búsqueda de ayuda”.
El especialista considera que la pandemia de COVID-19 también produjo un cambio importante.
“Puso en evidencia la vulnerabilidad emocional de muchas personas y nos obligó a hablar de ansiedad, aislamiento, duelo, incertidumbre y relaciones familiares de una manera que antes no hacíamos”.
Las señales de alerta
Los especialistas coinciden en que no es necesario esperar a encontrarse en una situación límite para acudir a un profesional.
Pichardo explica que una de las principales señales aparece cuando una situación comienza a interferir significativamente con la vida cotidiana.
“Si una persona está teniendo dificultades para dormir, trabajar, estudiar, relacionarse, disfrutar de las cosas que antes disfrutaba o manejar sus emociones, es momento de prestar atención”.
Entre las señales también menciona irritabilidad, aislamiento, preocupación excesiva, ataques de ansiedad, sensación de vacío, pérdida de motivación y cambios importantes en el apetito o el sueño.
“No tenemos que esperar a estar al límite para pedir ayuda”, enfatiza.
La psicóloga clínica Angélica García, quien cuenta con más de 25 años acompañando procesos de transformación emocional, coincide en que actualmente recibe numerosos pacientes por ansiedad, depresión, problemas de pareja, traumas y dificultades para gestionar las emociones.

“Ahora mismo estamos recibiendo muchas personas por ansiedad, depresión, temas como la pareja, traumas, personas que no tienen control de sus emociones, que muchas veces se sienten desbordadas y a veces esperan hasta el último momento para venir a terapia”, explica.
García señala que después de la pandemia observó una mayor disposición de las personas a ocuparse de su bienestar emocional.
“Después de la pandemia, la gente se está haciendo cargo de su bienestar emocional y está acudiendo más a terapia”.
El costo de recibir atención
Aunque existe mayor apertura hacia la salud mental, el costo continúa siendo una de las principales dificultades para iniciar y mantener un proceso terapéutico.
García estima que una consulta psicológica privada puede costar entre RD$2,500 y RD$5,000, dependiendo del profesional, el tratamiento y el lugar donde se encuentre.
“Una consulta psicológica no es una sola vez. Una consulta psicológica muchas veces se hace insostenible económicamente”, advierte.
Una persona que pague RD$3,500 por sesión y acuda a cuatro consultas en un mes tendría que destinar aproximadamente RD$14,000 mensuales al tratamiento.
Pichardo también identifica el factor económico como una barrera para la continuidad.
“El costo depende mucho del profesional, su formación y especialización, la modalidad de atención y la duración y frecuencia de las sesiones. Para muchas familias dominicanas esto representa una cantidad importante”.
El psicólogo considera fundamental ampliar la cobertura de las Administradoras de Riesgos de Salud (ARS), debido a que la terapia suele requerir un proceso sostenido.
“La cobertura de salud mental debería permitir continuidad, no solamente acceso puntual”.
García explica que algunos pacientes reciben coberturas que no alcanzan para cubrir el costo total de la consulta.
“Hay ARS que te pagan 750 pesos por consulta, pero ¿qué pasa? El paciente tiene que pagar esa diferencia”.
Cuando el paciente requiere atención psiquiátrica, agrega, el impacto económico puede aumentar, debido a que una consulta privada puede rondar los RD$5,000.
Prevención y acceso
Para ambos profesionales, mejorar la salud mental en el país requiere fortalecer los servicios públicos, ampliar la cobertura de los seguros y aumentar la disponibilidad de especialistas.
Pichardo plantea que la atención no debería estar determinada por el lugar donde vive una persona o por su capacidad económica.
“No debería depender del lugar donde una persona vive o de su capacidad económica que pueda recibir atención psicológica”.
También considera necesario trabajar la prevención y la educación emocional desde las escuelas, las familias, las universidades y los lugares de trabajo.
“No podemos esperar a que las personas lleguen a una crisis para comenzar a hablar de salud mental”.
García coincide en la necesidad de ampliar la cobertura y la disponibilidad de profesionales.
“Lo primero es el tema de las ARS: que haya una mayor cobertura, que la gente tenga acceso a esa cobertura, que haya también más psicólogos a nivel privado y a nivel público”.
En medio de una mayor apertura para hablar sobre salud mental, los especialistas coinciden en que el desafío ahora es que esa disposición a buscar ayuda pueda traducirse en acceso oportuno, tratamiento continuo y prevención.









