Apenas 50 días después del último desastre, la región andina ha vuelto a temblar. El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el oeste de Colombia este lunes dejó daños severos en Pereira, Cali, Manizales y Quibdó, y en las primeras 36 horas ya sumaba más de 200 muertos. Desde el primer temblor era inevitable pensar en Venezuela: a finales de junio, un doble sismo de magnitud 7.2 y 7.5 arrasó barrios enteros en La Guaira y dejó más de 6.300 víctimas mortales.
No habían pasado ni unas horas del terremoto colombiano cuando en X e Instagram se desataron las comparaciones. Dos países vecinos, tan parecidos y tan distintos, puestos uno al lado del otro. En uno gobiernan los restos del chavismo tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos; en el otro acaba de instalarse la ultraderecha.
La mayoría de los que opinan en redes no ha pisado los escombros de uno u otro terremoto, pero unos se han apurado igualmente a destacar la eficiencia del recién estrenado Gobierno de Abelardo De la Espriella, frente a lo que describen como la respuesta lenta y desordenada de Delcy Rodríguez. Otros compartieron videos de colombianos sumándose a las labores de rescate codo a codo con los bomberos, como prueba de que esa solidaridad no tiene por qué significar indolencia estatal, como se dijo del Gobierno venezolano.
Dos publicaciones en X resumen bien las dos narrativas en disputa. La de Orlando Avendaño, comentarista de oposición y fan declarado de todos los mandatarios de derecha del continente: “Colombia tiene presidente. Colombia tiene Estado. La catástrofe es natural, pero el tamaño de la tragedia depende de la respuesta. Los venezolanos lo pagamos caro”. Y la de Indira Urbaneja, influencer del chavismo: “¡Los miserables se activaron! He visto edificios y casas lujosas que se derrumbaron en algunas ciudades de Colombia, ¿van a decir también que son Misión Vivienda? He visto a la gente moviendo escombros solidarios… y no veo a nadie preguntando dónde están las máquinas. ¡Ojalá a Colombia no le caiga la peste de los miserables que hacen política con el dolor!”.
¿Qué diferencia hay entre un sismo y otro?
El terremoto de Colombia se originó en una falla de subducción a más de 110 kilómetros de profundidad. Fue un solo sismo, registrado a primera hora de la mañana de un día laboral, cuando la mayoría de la gente se movía de casa al trabajo. Esa profundidad juega a favor: cuanto más abajo ocurre el sismo, menos energía llega a la superficie. En Venezuela, en cambio, ocurrieron dos sismos con segundos de diferencia —aunque esto todavía lo discuten los científicos—, ambos superficiales y con un efecto mucho más devastador.
También cambia la geografía del daño. En Colombia los estragos se repartieron entre cuatro regiones separadas por grandes distancias, lejos de la capital. En Venezuela, en cambio, el golpe se concentró en La Guaira, una zona de edificaciones altas, y en la propia Caracas. El momento tampoco ayudó: el sismo venezolano sorprendió a última hora de la tarde de un día feriado, cuando la mayoría de la gente estaba en casa o, peor aún, en la propia zona del desastre, una región turística de playas muy concurrida en esas fechas. Y las primeras horas de rescate transcurrieron en la oscuridad, sin electricidad y sin comunicaciones.
La respuesta presidencial
Abelardo De la Espriella mandó un mensaje por redes sociales desde un avión, dos horas después del sismo, para anunciar que había convocado al puesto de mando unificado en la sede de la Unidad de Gestión de Riesgos y Desastre. Viajaba a Bogotá, en su primera agenda en la capital como presidente. Las cifras de fallecidos, aunque desagregadas, se han venido actualizando varias veces al día.
En Venezuela, la primera confirmación sobre el desastre llegó por una llamada telefónica del ministro de Interior, Diosdado Cabello, al canal del Estado: el desplome de edificios en Caracas, sin mayores precisiones. El primer mensaje oficial no llegó a la televisión hasta tres horas y 40 minutos después del sismo, a las 9:40 de la noche, con Delcy Rodríguez flanqueada por Jorge Rodríguez y Cabello, que hablaron de daños en Caracas y La Guaira. En las primeras 24 horas, el presidente colombiano visitó Cali y Pereira, y envió a su vicepresidente y a su ministro de Defensa a Manizales y Quibdó.

Los dos tienen algo en común: el gusto por los videos propagandísticos. En ambos países las declaraciones se centralizan en el círculo más estrecho del poder. En Colombia, básicamente De la Espriella y alguno de sus ministros, cuando visitan alguna zona afectada. En Venezuela, los Rodríguez y Diosdado Cabello.
Información y respuesta de alcaldes y gobernadores
En Colombia, desde las primeras horas ha habido un amplio abanico de cifras: de fallecidos, edificios colapsados, atrapados, rescatados, heridos y desaparecidos. Alcaldes, gobernadores y la Asociación de Ciudades Capitales tuvieron voz propia, ofrecieron información y tomaron medidas como el toque de queda y restricciones a la circulación para no obstaculizar los rescates. La información, precisamente por estar descentralizada, acaba siendo algo confusa y exige una suma minuciosa de cifras por regiones y capitales para llegar a totales nacionales.
En Venezuela, en cambio, fue el Ejecutivo nacional el que centraliza datos y decisiones. El primer parte oficial completo de fallecidos llegó al mediodía del día siguiente, 18 horas después del terremoto. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, habló de 188 muertos, 1.520 heridos, 157 desaparecidos y 200 personas todavía atrapadas entre los escombros. A partir de ahí, la información oficial fluyó a diario durante el primer mes y luego pasó a un ritmo semanal, y cambiaron también los datos que se reportaban: empezaron a contar agua distribuida, damnificados y escombros recogidos, y dejaron de mencionar a los desaparecidos.
Los militares y sus tareas
Al cumplirse el mes de los sismos, el Gobierno venezolano preparó un video para mostrar la respuesta oportuna del Estado en las primeras 72 horas. En la pieza se incluye un audio del ministro de Defensa asegurando que había desplegado a los uniformados, a las órdenes de gobernadores y Protección Civil. Pero los militares no fueron los primeros en llegar a la zona del desastre, y cuando lo hicieron, nadie tenía muy claro cuál era su función. La orden de militarizar La Guaira llegó dos días después del terremoto. Desde esa noche se restringió el paso de vehículos y personas a quienes no tramitaran un salvoconducto, una restricción que no se cumplió a rajatabla y no evitó el colapso de la única vía de acceso a la zona del desastre durante varios días.

La presencia militar en La Guaira se reforzó pasadas las 72 horas, y se concentró sobre todo en la limpieza de escombros, el control del orden público y el tránsito, y la gestión de los campamentos de damnificados. Los venezolanos les exigieron a gritos a los uniformados que soltaran las armas y tomaran las palas.
El terremoto de Colombia, en cambio, mostró un despliegue del Ejército en todas las regiones afectadas: militares entrenados y equipados para tareas de rescate y logística. Desde las primeras horas circularon imágenes de brigadas de uniformados con palas, perros rescatistas avanzando hacia la zona y tecnología para las tareas de búsqueda.
Grúas en las primeras horas y rescatistas
Pocas horas después del sismo en Colombia, una enorme grúa blanca levantaba placas en un edificio de Pereira. La escena se repetía por toda la ciudad, y también en Cali y en Quibdó. La maquinaria especializada, desplegada a tiempo, ha sido una de las grandes diferencias con el terremoto de Venezuela, donde en algunas zonas llegó a pasar una semana antes de que enviaran retroexcavadoras, y sin combustible. Mes y medio después de la tragedia, todavía hay familias que piden ayuda para retirar escombros. En La Guaira, quien tenía dinero pagaba 1.500 dólares por contratar una máquina. En Colombia, las empresas las han prestado para el desastre.







