Fuertes explosiones sacudieron la noche de este jueves a Saná, la capital de Yemen controlada por los hutíes, mientras Arabia Saudita anunciaba la intercepción de dos misiles balísticos y cuatro drones lanzados por el grupo proiraní contra su territorio. Columnas de humo se elevaron sobre la ciudad.
La agencia Saba, vinculada a los rebeldes, denunció en X “una agresión saudita” contra Saná y varias provincias. Hasta el momento no hay cifra de víctimas ni confirmación oficial de Riad sobre los blancos alcanzados.
La coalición militar que encabeza Arabia Saudita informó de que sus defensas “interceptaron y destruyeron” los proyectiles sobre Jazán, ciudad del sur cercana a instalaciones energéticas ya atacadas en las últimas semanas, y sobre Jamis Mushait, en el suroeste, sede de una base aérea. La Defensa Civil saudita indicó que los restos de un misil balístico causaron “daños materiales limitados” en esa provincia.
El choque rompe una calma de cuatro años. La tregua vigente desde 2022 se quebró en julio, cuando Irán envió a Saná un avión con una delegación hutí sin pedir autorización a Riad, que controla el espacio aéreo yemení, en contra de la práctica de la última década. Los ataques atribuidos al reino contra el aeropuerto de la capital desencadenaron la respuesta hutí: los rebeldes golpearon territorio saudita por primera vez desde 2022.
El origen es anterior. Los hutíes tomaron Saná en 2014 y desplazaron al gobierno reconocido por la comunidad internacional, que se refugió en Adén, en el sur. Arabia Saudita intervino en 2015 al frente de una coalición. La guerra dejó a Yemen entre los países más pobres del mundo, en medio de una crisis humanitaria de gran escala.
La guerra de Medio Oriente, iniciada el 28 de febrero con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, llevó al régimen iraní a cerrar el estrecho de Ormuz, por donde salía buena parte del crudo saudita. Riad compensó con exportaciones desde el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, una salida que depende de que esa vía siga siendo transitable.
Ahí está el punto más sensible. A comienzos de septiembre, los hutíes lanzaron una ofensiva sobre la costa yemení que les permitió tomar el puerto de Moca el 10 de septiembre y, un día después, controlar todo el litoral del mar Rojo, incluidas islas del estrecho de Bab el Mandeb. Ya habían anunciado en julio un bloqueo contra los buques y puertos sauditas, y aseguran que garantizarán el paso seguro del resto de la navegación. El Brent superó los USD 108 el 11 de septiembre.
Los ataques alcanzaron también el corazón del reino. En la noche del 18 al 19 de septiembre, Riad sufrió explosiones y el incendio de un depósito de combustible cercano al aeropuerto internacional Rey Jalid, en la primera alerta aérea en la capital saudita desde la reanudación de las hostilidades. El Consejo de Seguridad de la ONU condenó los ataques contra infraestructuras civiles y energéticas sauditas y pidió frenar la escalada, sin efecto visible hasta ahora.
Arabia Saudita cuenta, además, con un margen de maniobra reducido. Según informó Axios, el príncipe heredero Mohammed bin Salman pidió a Donald Trump que bombardeara a los hutíes mientras avanzaban hacia el estrecho, y el presidente estadounidense se negó; funcionarios de su administración precisaron que Washington no prevé intervenir directamente por ahora.
Con Saná bajo bombardeo y Riad bajo alerta aérea, ambos bandos han cruzado líneas que evitaron durante años. De la respuesta saudita a esta noche dependerá si el conflicto se encamina a una campaña sostenida sobre la capital hutí o si queda espacio para una negociación antes de que la navegación por Bab el Mandeb sufra daños mayores.






