Durante cuatro días, José Olger Melo Charry avanzó por una zona de Nariño sin saber con certeza qué tan cerca estaban los hombres que lo habían mantenido secuestrado desde hacía 30 días. Había escapado lanzándose a un río después de enfrentarse con uno de los armados que lo vigilaban y, desde ese momento, comenzó una carrera para poner distancia con sus captores.
Caminó, buscó refugio, consiguió un teléfono para avisarle a su familia que seguía vivo y evitó presentarse inmediatamente ante las autoridades por temor a que la estructura armada pudiera encontrarlo de nuevo. Su recorrido terminó cerca de las 11:30 de la noche del sábado 5 de septiembre, cuando llegó por sus propios medios a una subestación de Policía en El Ejido, zona rural de Policarpa.
Detrás de esa aparición había una historia que las autoridades comenzaron a reconstruir apenas confirmaron su identidad. Melo Charry no era solamente un colombiano retenido por una estructura de las disidencias de las Farc. De acuerdo con la información conocida por este diario, pertenecía a la Legión Extranjera francesa, una condición que sus captores descubrieron mientras lo tenían en su poder y que terminó cambiando las condiciones de su cautiverio.
El soldado miembro de la Legión Extranjera Francesa. Foto:Archivo particular, redes sociales
El hombre estaba secuestrado por integrantes de la estructura ‘Franco Benavides’, disidencias de ‘Iván Mordisco’, que delinque en Nariño. Según la reconstrucción preliminar del caso, cuando sus captores establecieron que pertenecía a la Legión Extranjera comenzaron a considerarlo una persona que podía tener valor dentro de una eventual negociación. “Este man es un pez gordo”, habría sido la reacción dentro de la organización una vez conocieron su condición de militar.
A partir de ese momento aumentaron las medidas para impedir que escapara. Melo permaneció amarrado del cuello, las manos y los pies y seis hombres quedaron encargados de custodiarlo.
El cabecilla de la estructura, alias Diomedes, según la información recopilada por las autoridades, pasaba revista periódicamente al lugar donde permanecía retenido. La instrucción era mantenerlo bajo vigilancia mientras se establecía qué podían obtener a cambio de él.
Uno de los ríos en Nariño Foto:Particular
Pero una necesidad básica abrió la posibilidad de que Melo llevaba esperando. En uno de los días de cautiverio pidió a los hombres que lo custodiaban que le permitieran hacer sus necesidades. Para eso fue conducido hasta un río. Allí le retiraron las ataduras que tenía en el cuello y los pies, aunque mantuvieron sus manos amarradas. Fue entonces cuando decidió escapar.
Melo se enfrentó al hombre que estaba encargado de vigilarlo. Hubo un forcejeo entre ambos y, todavía con las manos restringidas, logró desprenderse del centinela y lanzarse al río. La corriente se convirtió en su primera ruta de salida. Nadó durante un trayecto hasta que el cansancio lo obligó a abandonar el agua y continuar por tierra.
Ese punto marcó el comienzo de una segunda parte de la fuga. Ya fuera del río, consiguió liberarse de las ataduras que todavía llevaba en las manos y comenzó a desplazarse por la zona tratando de evitar los lugares donde pudiera encontrarse nuevamente con integrantes de la estructura Franco Benavides. No sabía, además, cuánto tiempo tardarían sus antiguos custodios en desplegar hombres para buscarlo.
Grupos armados. Foto:Cortesía
En medio del recorrido encontró la manera de hacer una llamada. Consiguió un celular y se comunicó con sus familiares, entre ellos su padre, para informarles que había logrado escapar y que estaba con vida. Ese contacto terminó poniendo en alerta a las autoridades.
Una vez recibieron la información, unidades del Gaula Militar, la Policía y otras unidades de la Fuerza Pública activaron un dispositivo para ubicarlo. El problema era que tenían una referencia sobre su situación, pero no podían establecer con precisión por dónde aparecería después de varios días moviéndose por una zona en la que tienen presencia estructuras armadas.
Por eso, mientras Melo continuaba caminando, comenzó una búsqueda paralela. Las unidades fueron alertadas y se establecieron medidas de prevención alrededor de los lugares por donde eventualmente podía salir. Para las autoridades había otro riesgo: que los mismos hombres de la ‘Franco Benavides’ lo encontraran antes de que pudiera llegar a un punto bajo control de la Fuerza Pública.
Pasaron cuatro días desde el momento de la fuga. Durante ese periodo, el legionario permaneció en movimiento hasta alcanzar la zona de El Ejido, en jurisdicción de Policarpa. Antes de presentarse ante la Policía volvió a comunicarse y anunció dónde estaba y hacia dónde se dirigía: “Estoy en El Ejido, aquí en Policarpa, y voy a salir a esta estación de Policía”.
Con su ubicación establecida, el operativo cambió de búsqueda a extracción. En la mañana del 6 de septiembre se coordinó su traslado aéreo desde El Ejido hasta Pasto. El objetivo era sacarlo de la zona y llevarlo a un lugar donde pudiera recibir atención médica y comenzar el procedimiento judicial derivado del secuestro.
Cartel de la búsqueda de ‘Iván Mordisco’. Foto:Cortesía
Melo llegó a la capital de Nariño con las consecuencias físicas de los días de cautiverio y del recorrido que había realizado durante la fuga. Fue trasladado a un centro asistencial, donde comenzaron los exámenes médicos de rigor. También recibió valoración psicológica mientras permanecía acompañado por familiares y funcionarios del Gaula Militar Nariño y del CTI.
La evaluación psicológica forma parte de uno de los puntos que las autoridades consideran necesarios antes de realizar la entrevista judicial. Melo acababa de atravesar el secuestro, un enfrentamiento con uno de sus custodios y cuatro días tratando de llegar hasta un punto donde pudiera ser protegido.
El procedimiento previsto es mantener el acompañamiento hasta conocer el parte médico y, posteriormente, recoger formalmente su relato sobre las circunstancias de la retención, los lugares donde permaneció y las personas que participaron en ella.
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La condición de Melo como integrante de la Legión Extranjera activó contactos entre autoridades colombianas y representantes franceses. Personal relacionado con la institución militar francesa se comunicó con el Gaula después de conocerse que había sido localizado y comenzó a establecer el procedimiento para su regreso a Francia.
Mientras avanza esa coordinación, Melo permanece bajo atención y acompañamiento de las autoridades colombianas. La intención es que representantes franceses puedan recibirlo en Bogotá para continuar el trámite de repatriación. Antes deberán avanzar las diligencias relacionadas con el secuestro y su recuperación.
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