
Un total de 600,000 niños, niñas y adolescentes de los hogares más pobres de República Dominicana se encuentran en alto riesgo frente a fenómenos climáticos extremos.
Así lo determinó el Índice de Vulnerabilidad ante Choques Climáticos (IVAAC), elaborado por el Sistema Único de Beneficiarios (Siuben), según informó Acento a partir de estudios oficiales y entrevistas con especialistas.
La cifra se enmarca en un diagnóstico más amplio: entre 60% y 70% de la infancia dominicana, cerca de dos millones de menores, está expuesta a por lo menos un evento climático extremo recurrente. Así lo explicó Gavino Severino, oficial de Políticas Sociales de Unicef en República Dominicana a Acento.
Durante 2025, más de 2,412,553 estudiantes dominicanos tuvieron su escolaridad interrumpida por tormentas e inundaciones. El dato surge de un informe de Unicef, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, difundido por Infobae, y confirma que el país concentró la mayor parte de las afectaciones escolares registradas en Centroamérica ese año.

Las tormentas e inundaciones provocan cierres de escuelas, retrasos en la reapertura de los planteles, daños estructurales y el uso de edificios educativos como refugios. Todo eso reduce el acceso a clases y eleva el riesgo de abandono escolar entre los menores afectados.
El fenómeno no es exclusivo de 2025. En abril de este año, lluvias calificadas como las más intensas de la década provocaron el colapso de una pared en una vivienda del oeste de Santo Domingo, con un saldo de una niña fallecida, según informó Infobae.
El mismo episodio dañó al menos 12 escuelas en sectores como Los Alcarrizos, Pedro Brand y Santo Domingo Este, de acuerdo con la Dirección de Infraestructura Escolar.

El cambio climático no es una amenaza futura para la niñez dominicana: ya afecta su salud, su educación y su vivienda. Un índice internacional ubica al país en el puesto 73 de 200 naciones evaluadas, con severidad media frente a huracanes, inundaciones y sequías.
“El aumento de temperaturas y las olas de calor provocan deshidratación y menor rendimiento cognitivo en las aulas”, advirtió Rosaura Pimentel, coordinadora del Observatorio de Cambio Climático, a Acento. Para la especialista, “el impacto es sistémico y multidimensional”.

Pimentel agregó ante el medio que las lluvias intensas y las inundaciones incrementan el riesgo de enfermedades hídricas, como el cólera y la leptospirosis, sobre todo en los sectores de menor poder adquisitivo.
Según la Encuesta Nacional de Hogares (Enhogar) 2024, 20.5% de los hogares dominicanos reportó haber sido afectado por calor excesivo en el último año, y 52.1% dijo sentirse más preocupado por los fenómenos naturales que 12 meses atrás.
La coordinadora también señaló que los eventos extremos “provocan desplazamientos forzados” que generan “estrés crónico y trauma” en la población infantil. Ese malestar se vincula con lo que la literatura científica llama ecoansiedad: el miedo persistente al futuro derivado de la crisis climática.
El contexto climático regional se tensó este año. Según datos de Unicef difundidos en octubre, se prevé que más de 347 millones de niños en casi 100 países sufran condiciones de lluvia o sequía inusuales entre octubre y diciembre de 2026 por efecto de El Niño, uno de los más intensos jamás registrados. América Latina y el Caribe concentran 41 millones de esos menores en riesgo.
Un informe de Plan International, organización no gubernamental de desarrollo infantil, divulgado en octubre, advirtió que las sequías e inundaciones asociadas a El Niño apartan a las niñas de la escuela para asumir labores domésticas y de cuidado familiar.

Eso duplica el riesgo de matrimonio infantil, violencia y embarazo adolescente entre quienes ven interrumpida su escolaridad, según la ONG, que mencionó a República Dominicana entre los países donde ya implementa proyectos de agua, saneamiento y protección frente a la crisis climática.
El Instituto Dominicano de Meteorología (Indomet) confirmó en octubre que, pese a la presencia de El Niño, las lluvias no desaparecieron del territorio dominicano. El Centro de Operaciones de Emergencias (COE) mantuvo ese mes alerta amarilla en el Gran Santo Domingo, el Distrito Nacional y San Cristóbal por riesgo de inundaciones urbanas y crecidas repentinas de arroyos y cañadas.
Datos del Centro de Monitoreo de Desplazamientos Internos (IDMC) y Unicef muestran que los menores representan entre 40% y 50% de las personas desplazadas por desastres en el Caribe.
En República Dominicana, decenas de miles de personas debieron abandonar temporalmente sus hogares durante eventos climáticos recientes, una parte importante de ellas menores de edad.
Severino explicó ante Acento que el problema suele pasar desapercibido porque la mayoría de esos desplazamientos son temporales. Su repetición constante, afirmó, afecta la estabilidad emocional, educativa y social de la infancia.

Un informe conjunto de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y Unicef proyecta que 5.9 millones de niños, niñas y adolescentes de la región podrían caer en situación de pobreza hacia 2030 como consecuencia del cambio climático. En República Dominicana, uno de cada tres niños ya vive en condiciones de vulnerabilidad económica.
Carlos Carrera, representante de Unicef en República Dominicana, sostuvo ante el medio Acento que cada inundación, sequía, ola de calor o tormenta tiene consecuencias que trascienden la emergencia inmediata y terminan ampliando brechas sociales ya existentes. Por eso, insistió, la respuesta estatal no puede limitarse a atender los desastres una vez ocurridos.
Pese a la magnitud del problema, menos del 3% del financiamiento climático mundial está dirigido a las necesidades de la infancia, según Unicef. Un estudio adicional sobre pobreza infantil en América Latina ubicó esa proporción en 3,4% del financiamiento climático multilateral.
Severino reconoció ante Acento que República Dominicana incrementó las inversiones vinculadas con la adaptación climática, pero remarcó que todavía existe una brecha importante en materia de financiamiento para la niñez.
Hoy no hay una medición robusta de qué proporción del presupuesto de adaptación la beneficia directamente.
El Consejo Nacional para el Cambio Climático y Mercado de Carbono incorporó, al actualizar su Contribución Nacionalmente Determinada a una tercera versión, una visión de género e infancia.
Unicef plantea como prioridades fortalecer los sistemas de protección social adaptativos, ampliar las transferencias monetarias de emergencia, invertir en infraestructura resiliente y consolidar sistemas de alerta temprana con enfoque en la niñez.







