Más de 100 médicos, investigadores y representantes de sistemas de salud de América Latina y Estados Unidos se reúnen en Buenos Aires para analizar una de las grandes preocupaciones sanitarias asociadas al envejecimiento: cómo reducir o retrasar el deterioro cognitivo y las demencias. El encuentro, celebrado el 16 y 17 de septiembre, pone especial atención en los resultados del estudio LatAm-FINGERS y en la posibilidad de llevar sus estrategias a hospitales, comunidades y políticas públicas de la región.
La reunión Brain Health and Cognition in Latin America es organizada por la Alzheimer’s Association junto con el World Dementia Council y reúne a los equipos que participaron de investigaciones realizadas en América Latina y Estados Unidos. El objetivo no es solamente presentar resultados científicos, sino discutir cómo convertir esa evidencia en programas que puedan ser aplicados en la vida cotidiana y adaptados a las diferencias culturales, económicas y sanitarias de cada país.
Uno de los principales protagonistas del encuentro es LatAm-FINGERS, un ensayo clínico multicéntrico que siguió durante dos años a 1.065 personas de entre 60 y 77 años en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Perú, República Dominicana y Uruguay. El estudio evaluó una intervención basada en cinco áreas: alimentación saludable, actividad física, control de factores cardiovasculares, entrenamiento cognitivo y participación social.
Los resultados aportan un dato especialmente relevante para América Latina. Los investigadores observaron mejoras en la cognición global entre quienes participaron de la intervención más sistemática y reportaron una mejora del 55% en memoria, velocidad de procesamiento y funciones ejecutivas, capacidades fundamentales para recordar información, tomar decisiones, organizar actividades y resolver problemas cotidianos. Además, el 84,9% de los participantes completó la evaluación final, un indicador importante para determinar si una estrategia preventiva puede mantenerse durante períodos prolongados.
Cinco pilares para proteger la salud cerebral
La propuesta presentada en Buenos Aires parte de una idea central: no existe un único hábito capaz de garantizar la prevención de la demencia. Los especialistas plantean que los mayores beneficios pueden obtenerse cuando diferentes medidas se aplican simultáneamente y se mantienen a lo largo del tiempo.
El primer componente es la actividad física. Caminar, realizar ejercicio aeróbico, desarrollar fuerza y mantener movilidad regular forman parte de las estrategias estudiadas. La actividad física contribuye además al control del peso, la presión arterial, la glucosa y otros factores que afectan indirectamente la salud cerebral.
El segundo pilar es la alimentación. Las investigaciones priorizan patrones alimentarios saludables, con mayor presencia de verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, pescado y frutos secos, y menor consumo de productos ultraprocesados, frituras y grasas saturadas. El principio no consiste en imponer una dieta idéntica a todos los países, sino adaptar las recomendaciones a los alimentos disponibles y a las costumbres de cada población.
El tercer componente es el control cardiovascular. Hipertensión, diabetes, colesterol elevado, tabaquismo, obesidad y sedentarismo pueden afectar los vasos sanguíneos que llevan sangre al cerebro. Por eso, controlar la presión arterial, la glucosa y el colesterol también forma parte de una estrategia de prevención del deterioro cognitivo.
El cuarto pilar es la estimulación cognitiva. Aprender, resolver problemas, mantener actividades intelectuales y utilizar ejercicios específicamente diseñados para entrenar determinadas capacidades forman parte de los programas analizados. La finalidad es mantener activa la reserva cognitiva y preservar funciones como la memoria, la atención y la capacidad de planificación.
El quinto es la socialización. Mantener vínculos con otras personas, participar en actividades comunitarias y evitar el aislamiento también aparece integrado en las intervenciones. Los investigadores consideran que la salud cerebral no puede separarse completamente de las condiciones sociales en las que vive una persona.
América Latina tiene un margen importante de prevención
Uno de los datos que más llamó la atención durante la reunión es la estimación de que hasta el 54% de los casos de demencia en América Latina están relacionados con factores de riesgo modificables. A escala mundial, la proporción estimada es de hasta 45%, mientras que para Argentina el cálculo presentado durante el encuentro alcanza el 60%.
Estas cifras deben interpretarse correctamente. No significan que seis de cada diez personas con demencia podrían evitar definitivamente la enfermedad mediante cambios de hábitos. Se refieren a la proporción estimada de la carga de demencia asociada con factores sobre los cuales existe posibilidad de intervención. La edad, la genética y otros elementos no modificables continúan desempeñando un papel importante.
La importancia de estos datos aumenta debido al envejecimiento acelerado de la población latinoamericana. A medida que aumenta la cantidad de personas que alcanzan edades avanzadas, también crece la necesidad de desarrollar estrategias capaces de preservar durante más tiempo la autonomía y la calidad de vida.
La experiencia de Estados Unidos también aporta información
Durante la cumbre también se analizaron los resultados de U.S. POINTER, un ensayo realizado en Estados Unidos con 2.111 adultos de entre 60 y 79 años que no tenían demencia, pero presentaban factores asociados con un mayor riesgo de deterioro cognitivo.
El estudio comparó una intervención estructurada, con acompañamiento frecuente, frente a otra modalidad en la que los participantes recibían recomendaciones y tenían mayor autonomía para organizar los cambios. Ambos grupos mostraron mejoras cognitivas, aunque los resultados fueron más marcados entre quienes recibieron un seguimiento estructurado.
Esta experiencia aporta una conclusión relevante para los sistemas sanitarios: informar a una persona sobre lo que debería hacer no necesariamente equivale a ayudarla a mantener esos cambios. El acompañamiento, el seguimiento médico y la creación de espacios donde las personas puedan realizar actividad física, aprender y relacionarse pueden ser determinantes para sostener una intervención preventiva.
El desafío ahora es llegar a los barrios
Los investigadores consideran que el siguiente paso es trasladar estas experiencias fuera de los ensayos clínicos. La Alzheimer’s Association señala que la reunión de Buenos Aires busca precisamente avanzar hacia políticas y programas capaces de llegar a diferentes poblaciones, incluidas comunidades que tienen menor acceso a servicios especializados.
En Colombia, por ejemplo, se presentó un proyecto para aplicar durante 18 meses un programa multidominio en tres entornos comunitarios destinados a personas mayores de 60 años con factores de riesgo metabólico o cardiovascular. La iniciativa busca aprovechar instituciones y programas que ya existen, fortalecerlos y evaluar qué recursos son necesarios para ampliar posteriormente el modelo.
La experiencia latinoamericana también demuestra que no se puede copiar automáticamente un programa desarrollado en Europa o Estados Unidos. Las diferencias en alimentación, transporte, acceso a espacios deportivos, atención médica, ingresos y redes familiares obligan a adaptar las estrategias sin abandonar los principios científicos que demostraron resultados.
Para países del Mercosur, donde Argentina, Brasil y Uruguay participaron de LatAm-FINGERS, esta discusión tiene particular importancia. La investigación ya incorpora experiencias de estos países y permite pensar en estrategias regionales de prevención que puedan combinar atención primaria, controles cardiovasculares, actividad física, alimentación saludable y programas de estimulación cognitiva.
La reunión de Buenos Aires deja así un mensaje que va más allá de la neurología: cuidar el cerebro comienza mucho antes de que aparezcan los problemas de memoria. La evidencia presentada apunta hacia una prevención integral en la que el corazón, el cuerpo, la alimentación, la actividad intelectual y las relaciones sociales forman parte de una misma estrategia.
Los especialistas no plantean una fórmula capaz de eliminar la demencia, sino una oportunidad para reducir riesgos y retrasar su aparición. Para una región que envejece rápidamente, transformar esa evidencia en políticas accesibles podría convertirse en uno de los grandes desafíos de la salud pública durante las próximas décadas.
Foto: Alzheimer’s Association / Infobae
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