Mientras avanza el año escolar, muchos estudiantes cargan más que mochilas llenas de libros y tareas.
También llevan preocupaciones relacionadas con la escuela, sus amistades y, en algunos casos, situaciones que ocurren fuera del aula, como dificultades familiares, preocupaciones sobre inmigración o eventos que afectan a seres queridos en sus países de origen.
Los expertos dicen que estas experiencias pueden aumentar el estrés y la ansiedad en niños y adolescentes, especialmente cuando sienten que enfrentan problemas que sus compañeros no comparten. Por eso, especialistas en salud mental infantil recomiendan que padres, cuidadores y otros familiares mantengan conversaciones frecuentes con los menores y les ayuden a desarrollar herramientas para afrontar esos desafíos.
Las preocupaciones relacionadas con la salud mental entre los jóvenes no son nuevas. Según la Encuesta Nacional sobre Conductas de Riesgo en Jóvenes de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), realizada en 2023, casi el 40% de los estudiantes de secundaria en Estados Unidos reportó sentimientos persistentes de tristeza o desesperanza.
Otras encuestas también reflejan la prevalencia del estrés y la ansiedad entre los jóvenes. Un informe del Pew Research Center publicado en 2025 encontró que el 30% de los adolescentes de entre 13 y 17 años dijo que la ansiedad y la depresión eran extremadamente o muy comunes entre los estudiantes de su escuela, mientras que otro 38% afirmó que eran algo comunes.
Además, una encuesta de Gallup de 2024 entre jóvenes de 10 a 18 años encontró que el 45% dijo haberse sentido muy estresado el día anterior y el 38% reportó haber sentido ansiedad.
«Los niños cargan mucho en esas mochilas emocionales», dijo la doctora Tyanna Snider, psicóloga pediátrica del Nationwide Children’s Hospital y colaboradora de la Fundación para la Salud Mental Infantil (KMHF por sus siglas en inglés).
Los especialistas recomiendan enfocarse en tres áreas clave: anticipar los desafíos, desarrollar habilidades y fomentar la conexión.
Anticipar los desafíos
Aunque el regreso a clases puede generar entusiasmo, también puede traer nerviosismo, incertidumbre y estrés, incluso varias semanas después de haber comenzado el año escolar.
«Sabemos que un nuevo año escolar puede traer una mezcla de emociones diferentes», explicó Snider. «Los niños pueden sentirse emocionados, pero también ansiosos o estresados.»
Por eso, los expertos recomiendan que los adultos mantengan conversaciones abiertas y frecuentes con los menores para identificar posibles preocupaciones antes de que crezcan.
La doctora Ariana Hoet, directora clínica ejecutiva de KMHF y psicóloga pediátrica en Nationwide Children’s Hospital, dijo que es importante prestar atención a cualquier cambio de comportamiento o estado de ánimo.
«Es importante que los adultos noten si hay un cambio en comportamiento, en cómo se sienten, que es posible que sea por esta transición», señaló Hoet. «Y entonces es importante que hablemos con nuestros niños».
La especialista recomienda hacer preguntas abiertas como: ¿Cómo te estás sintiendo? ¿Qué te emociona? ¿Qué te pone nervioso? ¿Cómo te puedo ayudar?
Snider añadió que algunos signos de estrés pueden manifestarse de formas inesperadas, incluyendo irritabilidad, cambios de humor, dolores de cabeza o molestias estomacales.
Desarrollar habilidades para el éxito
La presión académica sigue siendo una de las principales fuentes de estrés para muchos estudiantes. Sin embargo, los expertos señalan que, en algunos casos, el problema no es la ansiedad, sino la falta de herramientas para enfrentar las exigencias escolares.
«Muchas veces, como terapeuta, me llegan niños a terapia que piensan que tienen un trastorno de ansiedad y en verdad lo que tienen es que no saben cómo hacer en la escuela», explicó Hoet.
La especialista señaló que muchos estudiantes nunca han aprendido habilidades básicas de organización, manejo del tiempo o planificación de tareas.
Por ejemplo, una asignación grande puede parecer abrumadora para un estudiante. En lugar de enfocarse en completar todo de una vez, Hoet recomienda dividirlo en pasos más pequeños y manejables.
«Todas esas herramientas los ayudan a ellos a sentirse en control y les bajan el estrés», dijo Hoet.
Snider coincide en que enseñar herramientas prácticas puede marcar una gran diferencia. Algunas estrategias incluyen utilizar calendarios o agendas, anotar las tareas y fechas de entrega, y establecer rutinas que ayuden a los estudiantes a organizar mejor su tiempo.
«A veces podemos darles habilidades y herramientas para que sientan un poco más de control sobre esos factores estresantes», Hoet explicó.
Fomentar la conexión y el sentido de pertenencia
Además de las habilidades académicas, los expertos dicen que sentir una conexión con la escuela y la comunidad puede ser uno de los factores más importantes para proteger la salud mental de los niños.
«Sabemos que la conexión y el sentido de pertenencia en la escuela son factores protectores significativos para la salud mental, la salud física y el desempeño académico de los estudiantes», señaló Snider.
Para algunos niños, especialmente aquellos que enfrentan situaciones difíciles fuera de la escuela, esa sensación de pertenencia puede ser más importante.
Hoet explicó que preocupaciones como el miedo relacionado con la situación migratoria de la familia, eventos que afectan a seres queridos en otros países u otras dificultades personales pueden convertirse en fuentes constantes de estrés.
«Es un estrés diario», dijo Hoet. «Y es un sentimiento en la escuela de que tengo algo diferente a mis amigos. Mis amigos no se están preocupando de esto».
Por eso, la especialista enfatizó la importancia de que los menores sientan que pueden ser ellos mismos en el entorno escolar.
«Un niño tiene que sentir que puede ir a la escuela y ser quien es, lo bueno y lo malo, y que lo acepten de esa manera», afirmó Hoet.
Los expertos recomiendan que las familias mantengan comunicación con maestros, consejeros escolares y otros miembros del personal cuando una situación personal esté afectando al estudiante.
«A veces es muy importante que los papás se comuniquen con las maestras para hacerles saber: ‘Mira, esto está pasando, esto lo está afectando'», dijo Hoet.
También sugieren fomentar actividades extracurriculares, deportes, clubes, grupos comunitarios u otras oportunidades que ayuden a los niños a establecer amistades y construir redes de apoyo.
Hoet agregó que crear comunidad con otras familias que compartan experiencias similares también puede ayudar a que los niños se sientan comprendidos y menos solos.
No esperar a una crisis
Los especialistas coinciden en que el apoyo a la salud mental debe comenzar mucho antes de que aparezca una crisis.
«Todos tenemos salud mental, así como tenemos salud física», dijo Hoet. «Debemos pensar en la salud mental de los niños antes de que tengamos una preocupación.»
Si los síntomas de estrés o ansiedad persisten durante varias semanas o comienzan a interferir con la vida diaria, Snider recomienda buscar ayuda adicional a través de un consejero escolar, un pediatra o un profesional de salud mental.
Para los expertos, las conversaciones constantes, las herramientas prácticas y una fuerte red de apoyo pueden ayudar a los estudiantes a aligerar el peso de sus «mochilas emocionales» y enfrentar el año escolar con más confianza y resiliencia.
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