Inicio Salud De héroes a villanos

De héroes a villanos

0
2

Todavía retumban en mi cabeza los aplausos que escuchaba desde mi balcón, con mis hijas en brazos, o mientras trabajaba durante la pandemia. Los médicos éramos considerados héroes a nivel mundial. De nosotros dependía dar una respuesta ante un sistema sanitario desbordado, mientras el mundo parecía haberse paralizado. Incluso en sistemas de salud que no funcionan como deberían, como ocurre en República Dominicana, donde la sanidad pública sigue siendo una tarea pendiente.

Los médicos y el resto del personal sanitario estábamos en primera línea de batalla. Era como una guerra sin armas, pero con cuerpos que trasladábamos a unas morgues que se llenaban día y noche, mientras muchas familias ni siquiera podían despedirse de sus seres queridos y, en demasiados casos, tampoco darles sepultura como merecían.

Han pasado los años y cada vez hablamos menos de aquella tragedia. Quizá sea parte de nuestra necesidad de seguir adelante. La memoria humana puede verse afectada por experiencias traumáticas y, en determinadas circunstancias, algunas personas pueden desarrollar amnesia disociativa, un trastorno caracterizado por la incapacidad para recordar información autobiográfica importante, generalmente relacionada con experiencias traumáticas o estresantes. Aunque no debería interpretarse como una explicación científica del olvido colectivo de la pandemia.

Sin embargo, muchas veces deberíamos hacer el esfuerzo de mirar atrás y reconocer el papel que desempeña cada uno en la sociedad, porque, al final, nadie es más que nadie. Aquí todos somos importantes.

Que el tiempo pase y que intentemos recuperar la normalidad no significa que las secuelas hayan desaparecido. Muchos pacientes y profesionales sanitarios han tenido que continuar con sus vidas cargando con las consecuencias y las secuelas de aquellos meses.

Desde entonces, el mundo ha seguido cambiando a una velocidad vertiginosa. Vivimos rodeados de información, nuevas formas de relacionarnos y comportamientos que a veces nos cuesta comprender. La inmediatez se ha convertido en una característica de nuestra época y todos hemos tenido que adaptarnos para no quedarnos atrás, incluso para comprender mejor a nuestros hijos y la realidad en la que están creciendo.

Desde mi experiencia en el sistema sanitario público español y también desde la distancia observo aquella tierra que nuestro ilustre Poeta Nacional, Pedro Mir, describió como el país «Que está ubicado en el mismo trayecto del sol», República Dominicana.

Y es precisamente desde esa doble mirada, profesional y personal, que me pregunto cómo hemos pasado de aplaudir a los médicos a cuestionarlos ahora, e incluso perseguirlos con tanta frecuencia. En muchos casos, parece que hemos pasado de héroes a villanos.

No ignoro que existan casos de corrupción, negligencias y malas prácticas. Por supuesto, deben investigarse y exigirse responsabilidades siempre que corresponda. Pero los errores de algunos no pueden convertirse en una condena colectiva. Me preocupa ver cómo se cuestiona a profesionales que trabajan bajo una presión constante y se plantean normas que pueden limitar el criterio clínico, a veces sin comprender suficientemente cómo funciona el sistema sanitario ni qué ocurre realmente en una consulta, donde la relación entre médico y paciente exige conocimiento, tiempo, responsabilidad y confianza.

El proverbio persa «Cuando un árbol cae, todos oyen el sonido; pero cuando un bosque crece, nadie lo escucha» refleja, a mi juicio, una realidad de la sanidad dominicana actual. Los errores ocupan titulares, generan indignación y alimentan el debate público. Sin embargo, el trabajo cotidiano de miles de profesionales que atienden, acompañan, investigan y salvan vidas rara vez recibe la misma atención. Y esto ocurre también en el país «oriundo de la noche», que forma parte de mi historia y de mis raíces.

La medicina es una profesión que exige compromiso, conocimiento y vocación, pero la vocación no puede convertirse en una obligación de soportarlo todo. Exigir responsabilidad y transparencia es legítimo y necesario; convertir a quienes sostienen el sistema sanitario en enemigos de la sociedad, es otra cosa.

Ojalá nunca llegue el día en que los médicos levantemos las manos porque ya no podemos más. No sería una derrota exclusiva de los profesionales sanitarios, sino de toda una sociedad.

Porque una sociedad que deja de cuidar a quienes cuidan termina poniendo en riesgo su propio bienestar. Y cuando eso ocurre, ya no hay héroes ni villanos. Perdemos todos.


source