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El paciente cambió. ¿Y el médico? Las nuevas reglas del marketing en salud

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Yotin Pérez | Foto: Fuente externa

Durante décadas, la reputación de un médico se construía dentro del consultorio, en los hospitales y mediante las recomendaciones de sus pacientes. Un buen diagnóstico, un tratamiento oportuno y una relación basada en la confianza eran suficientes para consolidar una práctica profesional.

Hoy, esa realidad ha cambiado.

Antes de solicitar una cita, muchos pacientes buscan al especialista en Google, revisan sus redes sociales, leen comentarios y comparan alternativas. Algunos incluso consultan herramientas de inteligencia artificial para decidir a qué profesional acudir.

El consultorio ya no comienza necesariamente cuando el paciente cruza la puerta. Muchas veces empieza en la pantalla de un teléfono.

Esta transformación plantea una pregunta: ¿ha evolucionado el médico al mismo ritmo que sus pacientes?

De la recomendación personal a la reputación digital

Un informe de Press Ganey publicado en 2025 reveló que, en Estados Unidos, el 59 % de los consumidores utiliza búsquedas en internet para encontrar un nuevo médico de atención primaria, prácticamente la misma proporción que recurre a recomendaciones personales (60 %). Además, el 80 % considera que la posibilidad de programar citas por internet influye en su elección.

Aunque estos datos no pueden extrapolarse directamente a República Dominicana, evidencian una transformación: la calidad asistencial continúa siendo fundamental, pero la facilidad para encontrar al profesional, comunicarse con su equipo y acceder a sus servicios también condiciona la decisión. Un especialista puede tener una formación extraordinaria, pero si resulta difícil localizarlo o su sistema de citas es complicado, podría estar perdiendo oportunidades de atender a quienes necesitan sus servicios.

Las nuevas tendencias: mucho más que publicar fotografías

El marketing médico ha superado la etapa de anunciar consultas y compartir fotografías con batas blancas.Una de sus principales tendencias es el contenido educativo como herramienta de posicionamiento profesional. Los videos breves, podcasts, artículos y comunidades digitales permiten responder inquietudes frecuentes y acercar conocimientos científicos a la población. Otra es la construcción de una marca profesional reconocible. Ya no importa solamente lo que el médico sabe, sino cómo transmite ese conocimiento y qué valores representa.

También destaca la experiencia digital del paciente: páginas web funcionales, agendas accesibles, mensajería institucional y recordatorios automatizados.

A esto se suma la inteligencia artificial, que comienza a intervenir en la búsqueda de especialistas y servicios sanitarios. En junio de 2026, la Medical Group Management Association informó que el 55 % de las organizaciones participantes en una encuesta estadounidense todavía carecía de una estrategia específica para mejorar su visibilidad en buscadores basados en inteligencia artificial. La transformación ya no consiste únicamente en aparecer en Google, sino en disponer de información profesional verificable y accesible para los nuevos sistemas digitales.

El paciente está más informado, pero no necesariamente mejor informado

La digitalización ha democratizado el conocimiento médico, pero también ha multiplicado la desinformación.

Un estudio publicado en 2026 en Health Education & Behavior encontró que la proporción de estadounidenses que discutían información médica obtenida en internet con sus profesionales pasó del 25.9 % en 2005 al 36.4 % en 2024.

Hoy, muchos pacientes llegan con preguntas, capturas de pantalla y diagnósticos sugeridos por plataformas digitales. Esto exige transformar la comunicación clínica. Ya no basta con proporcionar información; debemos ayudar a interpretarla y distinguir la evidencia científica de las afirmaciones infundadas.

¿Y el médico? ¿Realmente hemos cambiado?

Aquí aparece la parte más incómoda de esta transformación.

Hemos avanzado en tecnología diagnóstica, procedimientos mínimamente invasivos e inteligencia artificial. Sin embargo, no siempre hemos evolucionado de igual manera en comunicación, accesibilidad y experiencia del paciente. Algunos médicos consideran las redes sociales incompatibles con la seriedad profesional. Otros han adoptado el extremo contrario, convirtiendo prácticamente cada actividad clínica en una oportunidad para producir contenido.

Ninguna posición representa el equilibrio necesario.

No todos necesitamos convertirnos en creadores de contenido, pero sí comprender cómo las herramientas digitales pueden fortalecer nuestra práctica. Tampoco debemos confundir popularidad con competencia. Un millón de visualizaciones no equivale a un diagnóstico correcto, así como una cuenta con pocos seguidores no significa falta de preparación.

El algoritmo puede aumentar la visibilidad de un médico, pero no certifica su competencia.

¿Cómo adaptarnos sin perder nuestra esencia?

El primer paso consiste en entender que nuestra presencia digital debe ser una extensión responsable de la práctica profesional, no una personalidad artificial construida para captar pacientes. Necesitamos perfiles actualizados, páginas web funcionales, mecanismos sencillos para solicitar citas y contenido educativo que responda a necesidades reales. No se trata de estar en todas las plataformas, sino de aprovechar aquellas donde podemos generar mayor valor.

La inteligencia artificial también puede optimizar tareas administrativas y apoyar la elaboración de materiales educativos. Una encuesta de la Asociación Médica Estadounidense publicada en 2026 encontró que el 81 % de los médicos participantes utilizaba estas herramientas en su actividad profesional, frente al 38 % registrado en 2023.

Sin embargo, incorporar tecnología no significa renunciar al juicio clínico.

Y debemos reconsiderar cómo medimos el éxito: más importante que acumular seguidores es comprobar si nuestras estrategias mejoran el acceso, la comprensión y la satisfacción del paciente.

El peligro de convertir la medicina en espectáculo

El marketing médico se diferencia de otras actividades comerciales porque trabaja con personas que pueden encontrarse en condiciones de vulnerabilidad. Prometer resultados, exagerar beneficios o presentar procedimientos innecesarios como indispensables distorsiona la finalidad de nuestra profesión.

La Asociación Médica Mundial ha establecido orientaciones sobre el uso ético de las redes sociales, destacando la confidencialidad, la información confiable y los límites profesionales.

La medicina puede comunicar sus servicios, pero nunca debería comercializar la vulnerabilidad de sus pacientes.

El verdadero cambio todavía está pendiente

Quizás el principal desafío del marketing médico no sea aprender a utilizar Instagram, producir videos o incorporar inteligencia artificial. El reto consiste en comprender que la relación médico-paciente ha cambiado y que la confianza debe construirse tanto dentro como fuera del consultorio. El paciente contemporáneo espera información comprensible, comunicación respetuosa, atención oportuna y servicios accesibles.

Por nuestra parte, necesitamos actualizar nuestras competencias digitales sin abandonar los principios que históricamente han dado sentido a la profesión.

El objetivo no debería ser convertirnos en los médicos más vistos de las redes sociales, sino en profesionales dignos de la confianza de quienes nos encuentran a través de ellas.

La medicina cambió. El paciente también.

La pregunta es si estamos evolucionando para ofrecer una mejor atención o simplemente aprendiendo nuevas maneras de promocionar la misma consulta.

El futuro del marketing médico no debería consistir en vender más medicina, sino en comunicar mejor su verdadero valor.

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Doctor en Medicina egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, postgrado en Obstetricia y Ginecología en el Hospital Central de las Fuerzas Armadas. Profesor de Simulación Obstétrica en Intec. Diplomado en Gerencia y Gestión hospitalaria.


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