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¿Es moralmente tolerable que Delcy mienta sin pudor en la FAO?

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Fue necesario que Susana Raffalli, destacada nutricionista e investigadora, desmintiera a Delcy Rodríguez cuando esta afirmaba en la FAO que los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) no se utilizan como instrumento de control electoral.

Raffalli recordó que en los mapas de planificación local los vecinos eran registrados como “electores” y denunció que la cobertura de las bolsas de comida variaba según el calendario de votaciones. De esta manera, la especialista rechazó las declaraciones que Rodríguez ofreció en el Foro Mundial de la Alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En su discurso, la presidenta (e) afirmó que: “Los alimentos jamás deberían convertirse en instrumentos de presión o confrontación política. Allí donde existen diferencias entre Estados, el diálogo y la diplomacia deben prevalecer. Allí donde existe hambre, nuestra responsabilidad común debe ser encontrar soluciones”.

Eso resulta una mentira con pies de barro, ya que la población venezolana ha vivido de primera mano el chantaje y la entrega condicionada de las bolsas CLAP como arma de represión y dominación social.

Las quejas por acoso político y discriminación en la distribución de estos alimentos son recurrentes y han sido documentadas de forma rigurosa por organizaciones locales e internacionales. Las principales irregularidades incluyen:

  • Exclusión por disidencia política: ciudadanos y defensores de derechos humanos denuncian que se les niega o retira el acceso a la bolsa CLAP a personas identificadas como opositoras o críticas al gobierno.
  • Uso electoral del programa: organizaciones como Transparencia Venezuela documentan que las estructuras comunitarias encargadas de la distribución (jefes de calle y UBCH) manipulan los censos para coaccionar el voto a favor del partido oficialista.
  • Amenazas e intimidación comunitaria: los beneficiarios reportan presiones y amenazas de desincorporación si no firman cartas de respaldo político, si asisten a manifestaciones de la oposición o si no participan en las convocatorias del gobierno.
  • Clientelismo formalizado: el Relator Especial de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación catalogó al CLAP como un sistema de clientelismo político, señalando que las autoridades utilizan los alimentos como una dádiva condicionada en lugar de un derecho humano fundamental.

Ante la indefensión ciudadana y la falta de rendición de cuentas institucional, la sociedad civil ha creado canales independientes para registrar denuncias. Destaca la plataforma Dilo Aquí de Transparencia Venezuela, una vía de asistencia legal anticorrupción donde las personas pueden reportar abusos, retrasos arbitrarios o condicionamiento político en los programas sociales. Asimismo, diversas ONG y agrupaciones vecinales han elevado reportes ante la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos (ACNUDH).

Las denuncias y los señalamientos de Raffalli nos llevan una pregunta de fondo, de carácter moral, que debe hacerse la sociedad venezolana: ¿Podemos permanecer indiferentes cuando se miente ante el mundo y se ocultan los abusos cometidos contra una ciudadanía indefensa al convertir el acceso a la comida en un arma de chantaje?

El impacto en la infancia venezolana

El drama social y de nutrición en el país mantiene niveles críticos que afectan severamente a casi un tercio de los menores en las zonas más vulnerables. Ante la opacidad de los datos oficiales, los informes independientes ofrecen una radiografía preocupante.

De acuerdo con el último Boletín del Sistema de Alerta, Monitoreo y Atención Nutricional (SAMAN) de Cáritas de Venezuela:

  • Riesgo y desnutrición aguda: 29,5 % de los niños evaluados se encuentra en situación crítica (desnutrición aguda o riesgo inminente de padecerla).
  • Desnutrición aguda: alcanza a 9,1 % de la población infantil evaluada (6,6 % moderada y 2,5 % severa, esta última con alto riesgo de mortalidad).
  • Población más vulnerable: 42 % de los casos se concentra en menores de dos años. En lactantes menores de seis meses, la tasa de desnutrición aguda se eleva a 17,6 %.
  • Desnutrición crónica (retraso del crecimiento): cerca de 30 % de los niños presenta baja talla para su edad, debido a la privación prolongada de nutrientes (frente a 18 % registrado en 2016).

A esto se suma la desnutrición intrauterina: más de 40 % de las mujeres embarazadas evaluadas en sectores de bajos ingresos sufre déficit nutricional agudo, lo que condena a los recién nacidos a presentar bajo peso y problemas de desarrollo desde el vientre materno.

Especialistas de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría (SVPP) y de Cáritas advierten que esta crisis alimentaria prolongada deja secuelas irreversibles en toda una generación.

Tipo de Daño Consecuencias Irreversibles
Daño cognitivo e intelectual La falta de nutrientes en los primeros 1000 días de vida impide el desarrollo cerebral adecuado, provocando retrasos madurativos severos, pérdida de cociente intelectual y dificultades permanentes de aprendizaje.
Retraso en el crecimiento físico La desnutrición crónica causa un daño irreversible en la estructura ósea y muscular. Los niños no alcanzarán su potencial de talla física ni de masa corporal sana.
Vulnerabilidad inmunológica El sistema inmune queda debilitado de por vida, haciendo a los niños propensos a infecciones recurrentes, hospitalizaciones y mayor tasa de mortalidad.
Trauma psicosocial y familiar Provoca ausentismo escolar (que supera 50 %), episodios de desmayos en las aulas, alteración de los roles familiares y traumas emocionales por la lucha diaria por conseguir alimento.

Froilán Barrios, defensor de los derechos laborales, resume el trasfondo socioeconómico del país: 56 % de pobreza extrema, 40 % en inseguridad alimentaria moderada o grave, 7,9 millones de personas necesitadas de asistencia humanitaria, 11,7 % de menores de 5 años con retraso en el crecimiento y más de 9 millones de venezolanos en la diáspora expuestos a la indefensión.

Ante esta realidad, la interrogante persiste: ¿Es moralmente tolerable que se mienta sin pudor en escenarios internacionales como la FAO?


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