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La Altagracia tiene la menor proporción de adultos mayores del país, según la ONE

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En una provincia marcada por el crecimiento del turismo, la llegada de trabajadores de todo el país y la expansión de sus principales núcleos urbanos, aproximadamente 37,469 personas de 60 años y más viven una realidad menos visible: la de una población que necesita atención médica, medicamentos, alimentación, asistencia social y condiciones adecuadas para envejecer.

Ese grupo representa el 8.4 % de los 446,060 habitantes de La Altagracia, de acuerdo con los datos del X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022 y el boletín sobre adultos mayores de la Oficina Nacional de Estadística (ONE).

La cifra convierte a La Altagracia en la provincia con la menor proporción de adultos mayores del país, pero el porcentaje no debe ocultar la dimensión real del grupo: son casi 37,500 personas que forman parte de una población envejeciente que ya demanda servicios públicos y programas de protección.

  • Mientras la provincia mantiene una estructura demográfica relativamente joven, el país avanza en sentido contrario. República Dominicana cuenta con más de 1.4 millones de personas de 60 años y más, equivalentes al 13.2 % de la población nacional.

La diferencia entre ambas realidades es de 4.8 puntos porcentuales. Es decir, mientras aproximadamente 13 de cada 100 dominicanos tienen 60 años o más, en La Altagracia son alrededor de 8 de cada 100.

La ONE atribuye la particularidad de La Altagracia a su acelerado crecimiento poblacional, impulsado por la migración laboral interna y externa vinculada al turismo, la construcción y los servicios.

Pero antes de explicar ese crecimiento, los propios registros de atención muestran lo que significa en la práctica ese 8.4 %.

El envejecimiento también se mide en necesidades

Entre el 1 de enero de 2025 y el 31 de julio de 2026, un total de 2,235 adultos mayores recibieron atención en La Altagracia, según datos del Servicio, Capacitación y Recreación (SECARE) y del Sistema Integrado de Atención al Adulto Mayor (SISDAM) utilizados por el Consejo Nacional de la Persona Envejeciente (CONAPE).

Del total atendido, 1,278 son mujeres y 957 hombres. Las mujeres representan aproximadamente el 57.2 % de las personas registradas, frente al 42.8 % de hombres.

Los registros también indican que actualmente 182 adultos mayores están activos en centros de atención, mientras 46 reciben atención bajo modalidad domiciliaria y otros cuatro aparecen en la categoría de domiciliarios.

La atención en hogares ha alcanzado a 1,500 adultos mayores en la provincia.

  • De ellos, 889 corresponden al Hogar de Día CONAPE San Rafael del Yuma; 570, al Hogar de Día CONAPE La Otra Banda, y 41, al Hogar de Ancianos Nuestra Señora del Carmen, en Higüey.

La distribución muestra que San Rafael del Yuma concentra la mayor cantidad de beneficiarios, con cerca del 59.3 % de los 1,500 adultos mayores atendidos mediante estas modalidades. La Otra Banda reúne aproximadamente el 38 %, mientras que el Hogar de Ancianos Nuestra Señora del Carmen representa el 2.7 %.

La asistencia social como respaldo para los adultos mayores

La dimensión de las necesidades también aparece en los programas sociales.

Los registros suministrados por CONAPE contabilizan 4,617 beneficiarios de programas sociales en La Altagracia.

Entre ellos figuran 181 adultos mayores beneficiarios de pensiones solidarias, 85 beneficiarios del programa PROVEE mediante tarjeta y 27 incorporados al programa TE-AMA, mecanismo mediante el cual se realiza un pequeño aporte mientras se completa el proceso para acceder a la pensión solidaria.

Otros 366 adultos mayores fueron beneficiados con donaciones de medicamentos, 430 con raciones alimenticias crudas y 558 con suplementos alimenticios.

Estas cantidades corresponden a los registros de los distintos programas y no necesariamente representan 4,617 personas diferentes, debido a que una misma persona puede recibir más de un servicio o beneficio.

Las pensiones solidarias son solicitadas mediante CONAPE y otorgadas por el Poder Ejecutivo. El beneficio asciende a RD$6,000 mensuales y está dirigido a adultos mayores que no cuentan con historial laboral o que tienen ingresos muy bajos o ningún ingreso.

La salud, uno de los principales desafíos

Para una población que envejece, la disponibilidad de servicios especializados se convierte en una de las principales preocupaciones.

Mercedes Cueto, encargada de Programas de la Dirección Provincial de Salud, confirma que La Altagracia no escapa al proceso de envejecimiento poblacional que experimenta República Dominicana.

Explica que la vejez suele estar acompañada de enfermedades relacionadas, entre otros factores, con la mala alimentación, el sedentarismo y la poca prevención.

Entre las enfermedades más frecuentes en los adultos mayores de la provincia identifica las crónicas no transmisibles, como hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 2, artrosis y osteoporosis, además de enfermedades cardiovasculares.

También señala una alta incidencia de enfermedades respiratorias crónicas y problemas de salud mental, particularmente depresión y ansiedad, asociados en algunos casos al abandono o a la falta de redes de apoyo.

Las carencias del sistema van más allá del diagnóstico.

Cueto afirma que La Altagracia enfrenta una gran carencia de geriatras y que también son insuficientes profesionales especializados en enfermedades crónicas, como cardiólogos, diabetólogos y neurólogos, especialmente en el sector público.

Los adultos mayores con complicaciones graves suelen ser referidos a Santo Domingo, lo que representa mayores gastos y un riesgo logístico para pacientes y familiares.

A las limitaciones de especialistas se suman las dificultades de acceso geográfico para quienes viven en zonas rurales o bateyes, el alto costo de medicamentos que no tienen cobertura del Seguro Nacional de Salud y la falta de camas hospitalarias para internamientos prolongados.

La provincia también carece, según la funcionaria, de suficientes centros de cuidados paliativos o de larga estancia, así como de un sistema adecuado de cuidados domiciliarios.

Otro desafío es el apoyo económico para cubrir necesidades básicas.

Envejecer en una provincia que también cambia

Las estadísticas muestran una provincia joven, pero quienes han vivido en La Altagracia durante décadas han observado cómo ese crecimiento ha transformado sus condiciones de vida.

María Elena Rodríguez, de 65 años, llegó a la provincia cuando tenía 15 años y lleva aproximadamente cinco décadas viviendo allí.

Desde su perspectiva, Higüey ha experimentado cambios importantes, especialmente en infraestructura, salud y educación.

«Yo he visto que ha cambiado muchas cosas en Higüey. Hay un hospital muy bonito y se han hecho muchas obras. Claro que faltan algunas cosas, pero hay que ir avanzando por partes y paso a paso», sostiene.

Rodríguez también valora la construcción de escuelas, la tanda extendida y los espacios destinados al cuidado de niños, que considera un apoyo para las madres trabajadoras.

Aunque ella continúa trabajando y no recibe directamente una ayuda dirigida a adultos mayores, explica que su esposo cuenta con una tarjeta de asistencia de RD$1,600, utilizada para adquirir productos básicos como arroz y gas.

Para Rodríguez, la alimentación constituye una de las principales necesidades de las personas mayores.

«La necesidad más grande que tienen los adultos mayores es la comida. Es lo principal para una persona», expresa.

También observa un crecimiento considerable de la población joven y considera necesario generar oportunidades para ese grupo.

Seguridad y movilidad, otras preocupaciones

José Antonio Martínez, también de 65 años, tiene una visión más crítica de la transformación de la provincia.

Describe el crecimiento de La Altagracia como «enorme» y «desproporcionado«, pero cuestiona que se haya producido con suficiente planificación.

«Un crecimiento enorme, desproporcionado, pero grande. Sin planificación, pero un crecimiento grandísimo en la provincia, en números y en todo», afirma.

Entre los principales problemas que identifica para los adultos mayores están la seguridad y el tránsito, debido a las dificultades que enfrentan las personas de edad avanzada para desplazarse.

«Uno de los problemas más grandes está en la seguridad y en el tránsito, porque las personas mayores no pueden movilizarse fácilmente. No hay facilidades para la movilidad«, sostiene.

Martínez también cuestiona el alcance territorial de los programas de asistencia y afirma que las ayudas sociales «no llegan al Distrito 5«.

Consultado sobre si recibe actualmente una pensión o ayuda del Estado, respondió que no.

Las experiencias de ambos residentes muestran que el envejecimiento no puede analizarse únicamente desde las cifras de población. También implica condiciones concretas de alimentación, movilidad, seguridad, atención médica y acceso a los programas sociales.

Comparación nacional

El 8.4 % de La Altagracia adquiere mayor significado al compararlo con el resto del territorio nacional.

República Dominicana registra 13.2 % de población de 60 años y más, mientras La Altagracia se sitúa 4.8 puntos porcentuales por debajo.

En el extremo de mayor envejecimiento aparece Hermanas Mirabal, con 18.4 %, seguida de Santiago Rodríguez, con 18.3 %; Duarte, con 16.6 %; San Juan, con 16.2 %, y Puerto Plata, con 15.6 %.

En contraste, Pedernales registra 8.7 % y La Altagracia 8.4 %, las proporciones más bajas entre las provincias.

La diferencia entre La Altagracia y Hermanas Mirabal alcanza 10 puntos porcentuales.

El contraste demuestra que La Altagracia conserva una estructura poblacional mucho más joven que las provincias donde el envejecimiento demográfico está más avanzado.

Sin embargo, la proporción no debe confundirse con la cantidad de personas. Los 37,469 adultos mayores de La Altagracia constituyen un grupo poblacional de considerable tamaño.

Comparación con las provincias de la zona Este

La realidad se observa de manera diferente cuando La Altagracia se compara únicamente con las otras provincias de la región Este.

San Pedro de Macorís registra aproximadamente 39,446 personas de 60 años y más, equivalentes al 11.7 % de su población.

Le sigue La Altagracia, con aproximadamente 37,469 adultos mayores, aunque su proporción es considerablemente menor: 8.4 %.

La Romana registra unos 31,095 adultos mayores, equivalentes al 10.8 % de su población.

En Hato Mayor, las personas de 60 años y más representan el 13.6 %, aproximadamente 13,658 adultos mayores, mientras que El Seibo registra alrededor de 11,603, equivalentes al 11.7 %.

Por tanto, dentro del Este, La Altagracia tiene el segundo mayor número absoluto de adultos mayores, después de San Pedro de Macorís, pero mantiene la menor proporción porcentual.

La otra cara del crecimiento: el turismo

La explicación de esa estructura poblacional joven conduce al principal motor económico de la provincia: el turismo.

El crecimiento de la actividad turística ha convertido a La Altagracia en uno de los principales polos de generación de empleo del país y en un destino de migración laboral.

Ernesto Veloz, presidente de la Asociación de Hoteles y Proyectos Turísticos del Este (Asoleste), estima que el sector genera más de 100,000 empleos en la provincia.

Su cálculo parte de las 53,000 habitaciones hoteleras existentes y de un promedio de 2.1 empleos por habitación.

«Nosotros generamos 2.1 empleos por habitación y tenemos 53,000 habitaciones. O sea, que sería que nosotros generamos más de 100,000 empleos aquí», explicó.

Los trabajadores llegan desde prácticamente todo el territorio nacional.

Veloz explica que actualmente las plantillas hoteleras están integradas principalmente por personas jóvenes y adultas, con edades que generalmente oscilan entre los 20 y 45 o 50 años, dependiendo de la función.

El sector, además, mantiene una demanda de trabajadores. Según Veloz, la zona necesita entre 1,500 y 2,000 empleados adicionales para completar las plantillas de los hoteles.

Ese movimiento constante de población en edad productiva es uno de los factores que ayuda a explicar por qué La Altagracia mantiene una proporción de adultos mayores inferior a la del promedio nacional.

El turismo atrae a toda la familia

El flujo migratorio, sin embargo, no está formado exclusivamente por jóvenes que llegan a trabajar.

Félix Vizcaíno, director regional de Turismo, señala que el crecimiento de la actividad ha motivado el traslado de personas de otras provincias y de otros países.

«La mayor demanda de empleo ha motivado a que inmigrantes de otras provincias del país y de otros países se muden a Higüey, a La Altagracia. Vienen familias completas, vienen parejas, vienen hijos y vienen personas de la tercera edad que escogen Punta Cana u otros destinos de la provincia para residir», señaló.

La migración incluye jóvenes en edad laboral, familias con niños en edad escolar y personas de la tercera edad.

Por eso, el impacto demográfico del turismo trasciende el empleo. La llegada de familias aumenta la demanda de servicios educativos y de otras infraestructuras.

Vizcaíno señala que uno de los principales problemas actuales es la necesidad de aulas en la provincia debido a la llegada de niños de diferentes edades.

«El mayor problema que tiene ahora mismo el Ministerio de Educación es la cantidad de aulas que se requieren en la provincia de La Altagracia, porque vienen niños de todas las edades. Hay demanda de universidades», sostuvo.

De San Pedro de Macorís a Bávaro

El recorrido de Keirin Mejía Doroteo, de 36 años, muestra cómo ese movimiento laboral puede convertirse en una nueva forma de vida.

Hace nueve años dejó San Pedro de Macorís y se trasladó a Bávaro en busca de mayores oportunidades profesionales y salariales.

Actualmente trabaja en el área de contabilidad del complejo Gran Sirenis, después de haber ocupado diferentes funciones dentro de la industria turística.

«Yo he completado todas las áreas de mi carrera. He trabajado como encargado de costos, jefe de auditorías y en clubes de vacaciones«, explica.

La migración también modificó su vida personal. En Bávaro conoció a su pareja, ambos oriundos de San Pedro de Macorís, y posteriormente formaron una familia.

Después de nueve años en La Altagracia, todavía no tiene definida su residencia definitiva, pero asegura que continuará vinculado económicamente a la provincia y que invertirá en ella.

Su historia representa el proceso mediante el cual parte de la población joven que llega atraída por el turismo termina desarrollando en La Altagracia no solo su carrera profesional, sino también su proyecto familiar.

Una provincia joven que debe prepararse para envejecer

La Altagracia mantiene una característica demográfica que la diferencia de buena parte del país: solo 8.4 % de su población tiene 60 años y más, frente al 13.2 % nacional.

Pero ese porcentaje representa aproximadamente 37,469 adultos mayores.

Mientras el turismo continúa atrayendo trabajadores y familias y sostiene una estructura poblacional joven, la provincia ya enfrenta las necesidades de miles de personas que han llegado a la vejez.

Los registros de CONAPE muestran 2,235 adultos mayores atendidos entre enero de 2025 y julio de 2026, mientras 1,500 han sido beneficiados por programas de atención en hogares y 4,617 figuran en registros de programas sociales.

El Ministerio de Salud Pública advierte, entretanto, sobre la falta de geriatras, cardiólogos, diabetólogos y neurólogos, además de las dificultades para acceder a medicamentos, internamientos prolongados, cuidados paliativos y atención domiciliaria.

La paradoja de La Altagracia es que su crecimiento contribuye a mantenerla como una de las provincias más jóvenes del país, pero ese mismo crecimiento aumenta el tamaño y la diversidad de su población.

Hoy son 37,469 adultos mayores.

El reto será que una provincia que continúa creciendo a ritmo acelerado pueda prepararse también para el día en que una mayor proporción de sus habitantes llegue a la vejez.

 

Periodista egresada de la UASD. Docente universitaria, con especialidad en Educación y Nuevas Tecnologías.

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