Santo Domingo.-Durante años se habló de obesidad principalmente en términos de peso, alimentación o apariencia física, hoy la mirada médica es mucho más amplia: se reconoce como una enfermedad crónica capaz de afectar el corazón, vasos sanguíneos, presión arterial y metabolismo.
El desafío está en comprender que detrás de esos kilos de más pueden coexistir alteraciones que, con el tiempo, comprometan la salud cardiovascular.
La dimensión del problema es considerable. En 2022, más de mil millones de personas vivían con obesidad en el mundo, alrededor del 13 % de la población global, y las proyecciones indican que para 2035 cerca de 1,900 millones de adultos podrían verse afectados.
A esto se suma un dato particularmente relevante: se estima que dos tercios del exceso de mortalidad asociado a la obesidad son atribuibles a enfermedades cardiovasculares.
Esta relación lleva a los especialistas a insistir en que condiciones como hipertensión, colesterol elevado, diabetes tipo 2 o insuficiencia cardíaca no siempre deben observarse de manera independiente. En personas con obesidad pueden formar parte de un cuadro cardiometabólico más complejo que requiere evaluación integral.
Lo que ocurre dentro
El impacto de la obesidad sobre el sistema cardiovascular se produce por diferentes mecanismos.
El exceso de grasa corporal, particularmente la grasa visceral que se acumula alrededor de los órganos, puede liberar sustancias inflamatorias y hormonales capaces de favorecer el aumento de la presión arterial, alterar la respuesta del organismo a la insulina y elevar el riesgo cardiometabólico.
El doctor Víctor Nolasco, gerente médico de Obesidad y Diabetes para Adium Centroamérica y el Caribe, explica que cuando aumenta la grasa corporal también pueden incrementarse señales que alteran el equilibrio de la presión arterial, el metabolismo y la inflamación.
Indica: “Pero no toda la grasa que representa un riesgo resulta visible. También puede acumularse alrededor del corazón y de las arterias, donde favorece procesos inflamatorios, rigidez vascular y formación de placas que dificultan el flujo sanguíneo”.
Con el paso del tiempo, destaca, esta situación puede contribuir al desarrollo de hipertensión, enfermedad coronaria, arritmias o insuficiencia cardíaca.
En algunos pacientes, además, el corazón puede volverse más rígido y necesitar un esfuerzo mayor para realizar su trabajo.
Una mirada diferente
La forma de abordar la obesidad también está cambiando. Tradicionalmente, la atención podía concentrarse en controlar por separado la presión arterial, el colesterol o los niveles de glucosa. Los consensos científicos actuales plantean observar cómo estos factores pueden estar conectados por una misma raíz metabólica.
Afirma que la evaluación cardiovascular de una persona con obesidad puede abarcar no solamente su peso, sino también la distribución de la grasa corporal, presión arterial, niveles de lípidos y glucosa en sangre, calidad del sueño, actividad física, salud mental, capacidad funcional y otras enfermedades presentes.
Tratamiento
— Individualizado
Su tratamiento debe ser integral, individualizado y sostenido. Las intervenciones relacionadas con el estilo de vida son esenciales e incluyen alimentación, actividad física, manejo adecuado del sueño y apoyo psicológico.








