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La salud mental no puede depender del «dominicano resuelve»

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La fortaleza de nuestras comunidades no sustituye políticas, servicios accesibles ni prevención

Una mujer lleva meses sin dormir bien. Siente miedo, agotamiento y tristeza. Tal vez vive violencia, sostiene sola a su familia o trabaja en condiciones precarias. Necesita ayuda, pero no sabe dónde acudir, no puede pagar una consulta o teme ser juzgada. Cuando por fin habla, alguien le responde: “Tienes que ser fuerte”.

La frase parece un consejo, pero también revela una costumbre muy nuestra: trasladar a la persona toda la responsabilidad de resistir, mientras dejamos intactas las condiciones que la desgastan. En República Dominicana valoramos a quien aguanta, resuelve y sigue adelante. Esa capacidad nos ha permitido enfrentar dificultades enormes, pero no puede convertirse en una excusa para normalizar el sufrimiento ni para sustituir las respuestas que deben ofrecer las instituciones.

Hablar de salud mental en contextos locales exige mirar más allá del consultorio. El territorio no es solamente una provincia, un municipio o un barrio. También son las relaciones, las oportunidades, la violencia, el empleo, la discriminación y los recursos disponibles. Una comunidad puede tener un centro de salud y, al mismo tiempo, no contar con atención psicológica permanente. Puede existir un programa nacional, pero no una ruta local que le diga a una familia dónde acudir, quién atenderá el caso y quién dará seguimiento.

En nuestros barrios aparecen ansiedad, depresión, consumo problemático de sustancias, agotamiento laboral, violencia y conductas suicidas. Sin embargo, detrás de muchas de estas manifestaciones también hay desempleo, precariedad económica, sobrecarga de cuidados y desconfianza en las instituciones. No todo sufrimiento psicológico nace dentro de la persona. A veces estamos frente a alguien que intenta sobrevivir en un entorno que lo desregula todos los días.

También conviene revisar cómo hablamos de resiliencia. Ser resiliente es valioso, pero no puede significar soportarlo todo. Cuando la resiliencia se separa de la justicia social, se convierte en una manera elegante de pedirle a la gente que continúe resistiendo lo que debería cambiar. Lo mismo ocurre con algunas fortalezas culturales: el humor alivia, pero puede ocultar el dolor; la solidaridad familiar sostiene, pero suele sobrecargar a las mujeres; la espiritualidad ofrece esperanza, pero no debe reemplazar la atención profesional cuando hace falta.

Durante demasiado tiempo hemos actuado cuando la crisis ya ocurrió. Esperamos el intento suicida, la violencia extrema, el colapso emocional o la ruptura familiar para movilizar los servicios. La atención clínica es indispensable, pero el consultorio no puede hacerlo todo. Prevenir también significa educar, escuchar, detectar riesgos, orientar y acompañar. Significa que una escuela sepa qué hacer ante cambios importantes en un estudiante; que una empresa atienda los riesgos psicosociales; y que una mujer en situación de violencia encuentre una ruta segura, no solamente un número telefónico.

El problema no termina cuando reconocemos que alguien necesita ayuda. Esa persona debe encontrar una puerta de entrada clara, ser escuchada sin estigma y recibir seguimiento. Cuando las familias tienen que recorrer instituciones, repetir su historia o depender de contactos personales, la búsqueda de apoyo se convierte en otra carga. La prevención pierde sentido si no existen respuestas cercanas, coordinadas y sostenidas.

La salud mental se construye donde transcurre la vida: en la casa, la escuela, el trabajo, el centro de salud y la comunidad. Por eso, cada territorio necesita identificar sus recursos y definir con claridad quién detecta, quién orienta, quién interviene y quién da seguimiento. Derivar no es entregar un teléfono y olvidarse del caso.

El dominicano sabe resolver, pero no debería estar obligado a resolver solo. Nuestra creatividad, nuestro humor y nuestra solidaridad son fortalezas reales. Lo que no podemos hacer es seguir utilizándolos para cubrir la ausencia de prevención, servicios y protección. Cuidar la salud mental desde lo local no es un favor ni un lujo: es una responsabilidad social y una manera de construir una sociedad que no espere a que alguien llegue al límite para prestarle atención.


Por Ebony Lafontaine

Sobre el autor

Fotografía de Ebony Lanfontaine


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