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La solución al problema dominicano de salud hospitalaria debe buscar ejemplos en Italia y otros países

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La crisis de las emergencias hospitalarias dominicanas no se resolverá solamente construyendo hospitales, comprando equipos costosos o aumentando el número de especialistas. 

Esas medidas pueden ser necesarias, pero resultarán insuficientes mientras una gran parte de la población continúe llegando a las salas de emergencia porque no encuentra atención médica oportuna en otro lugar.

El doctor Nelson Rodríguez Monegro, exdirector del Servicio Nacional de Salud y exviceministro de Salud Colectiva, en declaraciones a HOY ha advertido sobre el congestionamiento crónico de las emergencias públicas y privadas. 

En ellas coinciden pacientes con infartos, accidentes cerebrovasculares y traumatismos graves con personas afectadas por resfriados, dolores crónicos y otras dolencias que podrían resolverse mediante una consulta ordinaria.

A esa saturación se suman la escasez de emergenciólogos, las deficiencias del triaje, el incumplimiento de horarios, las prolongadas esperas para consultar especialistas y la burocracia de las Administradoras de Riesgos de Salud.

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Mientras se tramita una autorización, se reclama un depósito o se discute un copago, el reloj corre contra el paciente.

La República Dominicana debe estudiar las experiencias de otros países que han conseguido colocar la atención primaria en el centro de sus sistemas sanitarios. No para copiarlas mecánicamente, sino para adaptar sus mejores prácticas a nuestra realidad social, económica y territorial.

Italia y el médico de familia

Italia ofrece un primer ejemplo mediante la figura del medico di famiglia. Este profesional acompaña al paciente durante años, conoce sus antecedentes, revisa sus medicamentos, observa la evolución de sus condiciones y determina cuándo corresponde solicitar análisis o consultar a un especialista.

El problema no consiste solamente en advertir que estamos enfermos. Con demasiada frecuencia, lo verdaderamente grave es descubrirlo cuando ya hemos perdido un tiempo precioso.

La prevención puede comenzar con una medición de la presión arterial, un análisis de sangre o una conversación sobre la alimentación. Son gestos sencillos, pero permiten observar la evolución de la salud antes de que aparezca una emergencia.

La hipertensión, la glucemia elevada y el exceso de colesterol suelen avanzar silenciosamente. Detectarlos temprano no significa convertir cada resultado en motivo de alarma, sino contar con la oportunidad de actuar cuando todavía existen más alternativas.

El Servicio Sanitario Nacional italiano, creado en 1978, convirtió al médico de familia en el primer contacto del ciudadano con el sistema y en su orientador entre análisis, especialistas, tratamientos y hospitales.

Italia también enfrenta dificultades, como las listas de espera, la escasez de personal y las diferencias entre regiones. Sin embargo, su organización demuestra que la atención sanitaria no debe comenzar en la puerta del hospital.

Otros modelos internacionales

En España, los centros de salud brindan atención programada, a demanda y urgente. Sus equipos realizan actividades de prevención, diagnóstico, tratamiento y seguimiento de enfermedades crónicas. El médico de familia atiende los problemas más frecuentes y deriva al paciente al especialista cuando resulta necesario. Ministerio de Sanidad de España

En el Reino Unido, el médico general, conocido como General Practitioner o GP, constituye la principal puerta de entrada al Servicio Nacional de Salud. Su función consiste en atender los problemas comunes, controlar las enfermedades crónicas y coordinar el acceso a la atención hospitalaria especializada. Gobierno del Reino Unido

En Francia, cada ciudadano puede declarar un médecin traitant. Este médico centraliza la información clínica, mantiene actualizado el expediente, organiza la prevención personalizada y orienta al paciente dentro del recorrido coordinado de atención. Quien sigue ese recorrido recibe también mejores condiciones de reembolso del seguro público. Assurance Maladie de Francia

Un ejemplo especialmente relevante para nuestro país se encuentra en Costa Rica. Sus Equipos Básicos de Atención Integral en Salud, conocidos como EBAIS, trabajan con poblaciones territorialmente definidas. Médicos, enfermeros y técnicos de atención primaria realizan controles, vacunaciones, seguimiento de enfermedades crónicas y visitas domiciliarias. Caja Costarricense de Seguro Social

Estos sistemas son diferentes. Algunos dependen principalmente del Estado; otros combinan seguros públicos, consultas privadas y distintos mecanismos de financiamiento. Sin embargo, todos comparten un principio: el hospital no debe ser la primera ni la única puerta del sistema sanitario.

Una red dominicana de médicos de familia

La República Dominicana necesita establecer una verdadera red nacional de médicos de familia. Cada ciudadano debería contar con un profesional o equipo cercano a su comunidad, responsable de darle seguimiento, conservar su historial clínico y orientarlo dentro del sistema.

Esa red permitiría detectar tempranamente las enfermedades, atender dolencias comunes, vigilar condiciones crónicas y determinar cuándo corresponde enviar al paciente a un especialista o a un hospital.

No bastaría con nombrar médicos y asignarles consultorios. Sería indispensable establecer horarios verificables, expedientes clínicos integrados, laboratorios básicos, disponibilidad de medicamentos, visitas domiciliarias y mecanismos eficaces de coordinación con especialistas y hospitales.

También se debe educar a la población sobre la diferencia entre una emergencia, una urgencia y una dolencia ambulatoria. Pero esa educación solamente será eficaz si el ciudadano encuentra en su comunidad un centro abierto, con personal disponible y capacidad real de respuesta.

Las emergencias deberán conservar equipos completos de médicos especializados, enfermeras, técnicos y sistemas modernos de triaje. Las ARS no podrán seguir imponiendo trámites, copagos o depósitos que retrasen la atención cuando una vida se encuentra en peligro.

Italia, España, Reino Unido, Francia y Costa Rica demuestran que la fortaleza de un sistema sanitario comienza en la atención primaria y en la relación continuada entre el médico y el paciente.

La solución dominicana debe buscar ejemplos en esos países, pero construir un modelo propio. La reforma tendrá que comenzar fuera de los grandes hospitales: en los barrios, municipios y comunidades.

La medicina más valiosa no siempre es la que interviene cuando la enfermedad ya se ha declarado. Con frecuencia, es aquella que consigue reconocerla antes de que sea demasiado tarde.

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