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Los derechos detrás de las cifras

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En ocasión del Día Nacional de la Estadística, resulta oportuno recordar que detrás de cada cifra existen personas con necesidades, aspiraciones y derechos fundamentales que deben ser garantizados. ¿De qué sirve mejorar los indicadores estadísticos si los derechos fundamentales aún no cuentan con una tutela efectiva? Esta interrogante nos invita a reflexionar sobre la distancia que puede existir entre los avances estadísticos y el ejercicio efectivo de los derechos fundamentales. Los indicadores permiten reconocer los progresos alcanzados, pero también identificar las desigualdades, las necesidades insatisfechas y los ámbitos que requieren una mayor intervención de las políticas públicas. Porque el verdadero desarrollo no consiste únicamente en mejorar los porcentajes, sino en lograr que esos avances se traduzcan en dignidad humana, igualdad de oportunidades y bienestar para todas las personas, especialmente para quienes se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad.

Una madre que debe elegir entre comprar sus medicamentos o garantizar la alimentación de sus hijos. Lo mismo ocurre con el joven que se ve obligado a abandonar sus estudios para incorporarse al mercado laboral y asumir responsabilidades económicas familiares ante la ausencia de un padre que incumple sus deberes de crianza y manutención. Estas realidades evidencian que el desarrollo no puede valorarse exclusivamente a partir de los indicadores económicos, sino también desde las oportunidades reales de las personas para ejercer sus derechos fundamentales. Detrás de cada cifra existen historias de sacrificio, desigualdad y aspiraciones que nos recuerdan que el verdadero progreso debe traducirse en condiciones de vida dignas, justicia social e igualdad de oportunidades.

En la República Dominicana existen avances que merecen reconocimiento. Según el Ministerio de Hacienda y Economía, la pobreza monetaria pasó del 19.0 % en 2024 al 17.3 % en 2025, una reducción que significó que 172,346 personas superaran la línea de pobreza. A este resultado se suma el reciente reconocimiento otorgado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), durante el Foro Mundial de la Alimentación 2026, celebrado en Roma, Italia, por haber logrado que el país saliera del denominado Mapa del Hambre, tras reducir la prevalencia de la subalimentación del 21.3 % en 2006 a menos del 2.5 % en 2025. Estos avances constituyen logros importantes en la lucha contra la pobreza y el hambre, pero también nos recuerdan que la verdadera dimensión del desarrollo no se mide únicamente por la mejoría de los indicadores, sino por su capacidad de transformar las condiciones de vida de las personas.

Superar un umbral de ingresos requiere acompañarse de otras condiciones de bienestar. Una familia puede mejorar sus recursos y continuar enfrentando dificultades para recibir atención médica, acceder a una vivienda adecuada o garantizar la educación de sus hijos. La evaluación del desarrollo debe considerar las posibilidades reales de ejercer estos derechos y la protección disponible frente a una enfermedad o la pérdida del empleo.

Detrás de las cifras de matrícula está el derecho a la educación; detrás de los indicadores sanitarios, los derechos a la salud y a la vida; detrás de las estadísticas laborales, el derecho al trabajo digno. Los datos adquieren mayor significado cuando permiten identificar las barreras que enfrentan las personas y orientar respuestas públicas para superarlas.

El embarazo en niñas y adolescentes constituye una expresión especialmente preocupante de esta realidad: 16,481 embarazos en adolescentes durante 2025, frente a 17,846 en 2024, una reducción del 7.65 %, según datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) también difundidos por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFP).  Cada registro exige preguntarnos qué condiciones de protección, información y acompañamiento estuvieron disponibles para esa niña o adolescente.

Reducir estos embarazos demanda prevención de la violencia, educación integral en sexualidad adecuada a la edad y servicios de salud accesibles. También exige acompañar a quienes ya son madres para que puedan continuar sus estudios y desarrollar sus proyectos de vida.

Las causas de muerte también revelan prioridades que deben traducirse en decisiones. La documentación de planificación del Ministerio de Salud Pública identifica las enfermedades isquémicas del corazón como la primera causa de muerte en el país; el cáncer de mama constituye una de las principales causas de mortalidad por cáncer entre las mujeres dominicanas, según las estimaciones de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), organismo especializado de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta realidad evidencia que detrás de las estadísticas existen hombres y mujeres cuya vida y bienestar dependen del acceso oportuno a servicios de prevención, diagnóstico temprano y tratamiento adecuado.

La calidad del desarrollo se aprecia en la niña que crece protegida, la adolescente que continúa sus estudios, el joven que encuentra oportunidades para construir su proyecto de vida o el hombre y la mujer que recibe atención oportuna frente a enfermedades.

Sin embargo, las estadísticas no solo reflejan las condiciones de vida de las personas, sino que también permiten identificar cuáles derechos enfrentan mayores obstáculos para su ejercicio y dónde resulta más urgente la intervención del Estado mediante políticas públicas. De ahí que su importancia trascienda la medición de los problemas sociales: constituyen herramientas esenciales para establecer prioridades, orientar los recursos públicos, corregir desigualdades y evaluar los resultados de las decisiones institucionales. Convertir la información estadística en acciones concretas que protejan la dignidad humana constituye una responsabilidad pública impostergable. Porque detrás de las cifras están los derechos, pero son también las cifras las que nos muestran dónde esos derechos necesitan mayores garantías y protección.






Rosalia Sosa

Abogada, economista, docente de la UASD. Cree en la educación como un acto de amor y responsabilidad social que transforma vidas y construye futuro.
Red social Instagram: @sosaperezrosalia, @rsperezuasd Facebook: Rosalia Sosa Perez

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