Inicio Salud Los derechos no deberían depender de un código postal

Los derechos no deberían depender de un código postal

0
4

Analizando noticia… por favor espera.

*Territorio, cambio climático y vulnerabilidades de la niñez y la adolescencia en República Dominicana.

 

El cambio climático afecta a toda la población, pero sus consecuencias no se distribuyen de la misma manera. Niños, niñas y adolescentes están entre los grupos más expuestos porque dependen de servicios esenciales como la educación, la salud, el agua potable, el saneamiento y la protección social para crecer y desarrollarse plenamente.

Cuando una inundación impide llegar a una escuela, un camino queda incomunicado por las lluvias o una familia pierde su vivienda tras el impacto de un huracán, no estamos solamente ante un problema ambiental. También estamos ante una situación que puede limitar derechos fundamentales.

Por ende, la crisis climática debe entenderse también como una crisis para el cumplimiento de los derechos de la niñez.

República Dominicana, como Pequeño Estado Insular en Desarrollo, está expuesta a huracanes, inundaciones, sequías, olas de calor y otros fenómenos climáticos extremos. Además, la concentración de población y actividades económicas en territorios vulnerables puede agravar los impactos del cambio climático sobre las familias y comunidades.

El Estudio CLAC de UNICEF sobre cambio climático y derechos de la niñez contextualiza los resultados de la consulta nacional de U-Report en República Dominicana. Entre adolescentes y jóvenes consultados, el 26.2 % reportó daños en carreteras, caminos y puentes que dificultan llegar a sus centros educativos; el 26.9 % señaló interrupciones eléctricas, el 27.2 % reportó daños en centros de salud cercanos y el 20.4 % tuvo dificultades para acceder por vía terrestre a servicios de atención médica.

Estas cifras adquieren otra dimensión cuando se observan desde las comunidades.

Durante visitas de campo a comunidades como El Hoyo y Arroyo Grande (Ubicado en la provincia de San Juan), pude observar cómo, después de fuertes lluvias, algunos caminos quedaban prácticamente intransitables. Para niños, niñas y adolescentes, esto podría significar varios días sin asistir a clases, dificultades para llegar a un centro de salud o asumir responsabilidades familiares que no corresponden a su edad.

Las citadas experiencias no sustituyen la evidencia científica, pero permiten comprender cómo las condiciones del territorio pueden convertir un fenómeno climático

extremo en una situación que afecta directamente la vida cotidiana y el ejercicio de derechos.

Cuando el clima interrumpe derechos

La educación es uno de los derechos que puede verse más afectado. Los huracanes. Las lluvias intensas y las inundaciones  pueden dañar la infraestructura escolar o provocar la suspensión temporal de las clases. En algunos casos, las escuelas también pueden ser utilizadas como espacios de alojamiento temporal para familias que han tenido que abandonar sus viviendas.

UNICEF estimó que en 2024 unos 242 millones de estudiantes en 85 países y territorios experimentaron interrupciones en su educación debido a fenómenos climáticos extremos, entre ellos olas de calor, ciclones tropicales, tormentas, inundaciones y sequías.

La salud también enfrenta desafíos. Las inundaciones pueden dificultar el acceso a hospitales y centros de atención primaria, mientras que las interrupciones en los servicios de agua potable y saneamiento pueden aumentar la exposición a enfermedades provocadas por vectores, como dengue, malaria y leptospirosis. En comunidades aisladas, una emergencia médica puede agravarse cuando no existen vías seguras para trasladar a una persona que necesita atención.

La vivienda también es fundamental: las familias en zonas expuestas a inundaciones, deslizamientos o erosión costera enfrentan mayores riesgos climáticos. Para la niñez, perder su hogar implica no solo perder un espacio físico, sino también estabilidad, seguridad y un entorno esencial para su desarrollo.

A esto se suman los efectos sobre el bienestar emocional y la salud mental. Las pérdidas materiales, el desplazamiento, la incertidumbre y la interrupción de las rutinas pueden generar estrés, ansiedad e inseguridad en niños, niñas y adolescentes.

 El territorio también importa

El cambio climático no crea por sí solo todas estas desigualdades, pero puede profundizarlas. La pobreza, las deficiencias de infraestructura, el acceso limitado a servicios básicos y las condiciones particulares de cada territorio pueden determinar cuánto impacto tendrá una misma amenaza sobre una comunidad.

Por eso es necesario mirar más allá del fenómeno climático y preguntarnos: ¿qué tan preparada está cada comunidad para enfrentarlo?

La experiencia de trabajo comunitario durante más de dos años me ha permitido observar que no todas las comunidades enfrentan las mismas condiciones. Su ubicación, infraestructura, acceso a servicios y características sociales pueden generar diferencias importantes en la manera en que niños, niñas y adolescentes viven una emergencia.

En República Dominicana todavía existen vacíos de información sobre cómo estas diferencias territoriales influyen específicamente en el ejercicio de los derechos de la niñez y la adolescencia. Fortalecer la investigación nacional permitiría conocer mejor estas brechas y tomar decisiones basadas en evidencia.

Prepararnos antes de la emergencia

La respuesta no debería comenzar cuando ocurre una emergencia. Es necesario reducir los riesgos y fortalecer la capacidad de las comunidades para enfrentar los impactos del cambio climático. Esto implica contar con escuelas y centros de salud más resilientes, sistemas seguros de agua y saneamiento, infraestructura adaptada a las condiciones climáticas y mecanismos de protección social que tengan en cuenta las necesidades de la niñez.

También es fundamental escuchar a niños, niñas y adolescentes. Su participación puede contribuir al diseño de políticas, planes y acciones que respondan realmente a las necesidades de sus comunidades.

Entre las acciones necesarias están fortalecer la investigación científica nacional y actualizar las políticas públicas con base en evidencia, garantizar la participación de niños, niñas y adolescentes en las decisiones y la acción climática, fortalecer las capacidades de las comunidades más expuestas, asegurar la continuidad de los servicios esenciales durante las emergencias, y dar seguimiento a las condiciones de vida y al cumplimiento de los derechos de la niñez en zonas de riesgo.

El lugar donde nace un niño o niña no debería determinar sus posibilidades de estudiar, recibir atención médica, tener una vivienda segura o crecer en condiciones dignas. Los derechos no deberían depender de un código postal.

Y garantizar que esto sea una realidad depende de nuestra capacidad para conocer las brechas, escuchar a las comunidades, tomar decisiones basadas en evidencia y contar con autoridades comprometidas con convertir esas decisiones en políticas, acciones y recursos.

Porque proteger a la niñez de hoy también significa proteger a las generaciones que vienen.}

 

POR ELIANA SÁNCHEZ

*La autora es estudiante de Ingeniería Química; miembro del Consejo Consultivo Juvenil de UNICEF RD Altavoz.


source