Hay tragedias que con el paso del tiempo terminan reducidas a una cifra. En el caso de los atentados del 11 de septiembre de 2001, fueron miles de vidas perdidas y una ciudad transformada para siempre. Sin embargo, detrás de cada número había una persona con una rutina, una familia, un empleo y planes que quedaron interrumpidos aquel día.
Entre las víctimas de los ataques contra el World Trade Center estuvieron 27 personas identificadas como dominicanas, siete mujeres y 20 hombres, según datos del Concejo Municipal de Nueva York recopilados por Diario Libre. Sus nombres forman parte de las inscripciones del Memorial del 11-S en Nueva York, donde permanecen junto a los de las demás personas que murieron en los atentados.
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La presencia dominicana en las Torres Gemelas estaba especialmente vinculada a Windows on the World, el restaurante situado en los pisos superiores de la Torre Norte. De las víctimas dominicanas identificadas, 14 trabajaban en el establecimiento, entre meseros, cocineros y asistentes de cocina. Registros y reportes de la época también señalan que numerosos dominicanos formaban parte de la plantilla del restaurante.
Una vida dedicada a ayudar
Los registros públicos y los perfiles reconstruidos sobre las víctimas permiten conocer parte de las historias detrás de aquellos nombres.
Entre ellas estaba Yamel Josefina Meriño, de 24 años, técnica de emergencias médicas de MetroCare Ambulance. Vivía en Yonkers con su hijo pequeño y había desarrollado una carrera dedicada a responder ante situaciones de emergencia en Nueva York. El 11 de septiembre acudió al World Trade Center como parte de los equipos de ayuda y perdió la vida mientras prestaba asistencia.
También estaba Pedro Francisco “Frankie” Checo, de 35 años, quien trabajaba en Fiduciary Trust. Francisco Eligio Bourdier, de 40 años, se desempeñaba como guardia de seguridad en Deutsche Bank, mientras que Gregorio Manuel Chávez, de 49 años, también murió en el complejo.
A este grupo se sumaban Sandra Álvarez, de 35 años; Victoria Álvarez Brito, de 38; Marlyn del Carmen García, de 21; y Joanna Vidal, de 26. Victoria trabajaba en el departamento de finanzas de Marsh & McLennan, en el World Trade Center. Entre los recuerdos conservados sobre ella se encuentra el de su hija, quien esperaba que regresara a casa para prepararle uno de sus platos favoritos.
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El restaurante que reunía a tantos dominicanos
Windows on the World era también el lugar de trabajo de José Nicolás de Peña, de 42 años; Manuel Emilio Mejía, de 55; Nancy Díaz, de 28; Jaime Concepción, de 46; y David Bartolo Rodríguez-Vargas, de 44.
La lista incluye además a Manuel D. Patrocinio, de 34 años; Alejo Pérez, de 66; Enrique Antonio Gómez, de 42; José Bienvenido Gómez, de 45; Jesús Ovalles, de 60; Enemecio Darío Hidalgo Cedeño, de 51; Juan G. Salas, de 36; y José Núñez, de 43. Los registros vinculan sus nombres con el restaurante, aunque en algunos casos existen pocos datos públicos sobre sus historias personales.
Entre ellos estaba Enemecio Darío Hidalgo Cedeño, cocinero que vivía en Nueva York junto a su esposa y sus tres hijas. Fuera de su jornada laboral disfrutaba compartir con su familia y jugar dominó. Aquella mañana se encontraba trabajando en el restaurante ubicado en la Torre Norte.
Profesionales en medio del caos
Entre las víctimas dominicanas también estuvieron trabajadores que desempeñaban distintas funciones dentro del World Trade Center y sus alrededores. Luis Jiménez Jr. y Alejandro Cordero trabajaban como contadores de Marsh & McLennan; Raúl Hernández estaba vinculado a Cantor Fitzgerald; Francisco Alberto Liriano trabajaba como asistente de un vicepresidente de Citibank, y Manuel de Jesús Molina formaba parte del equipo de mantenimiento del complejo. También perdió la vida Lizie Martínez-Calderón, quien trabajaba como secretaria de Aon Insurance.
Parte de estos datos biográficos y laborales han sido documentados en registros públicos y en reconstrucciones periodísticas sobre las víctimas dominicanas del 11-S.
Detrás de cada nombre había una historia que iba mucho más allá de aquel día. Algunos habían construido sus vidas en Nueva York, mientras otros mantenían un vínculo constante con República Dominicana, enviaban parte de sus ingresos a sus familias o soñaban con regresar algún día al país. Sus planes, trabajos y proyectos quedaron interrumpidos en cuestión de minutos, dejando a familiares y comunidades enteras con la ausencia de personas que hasta entonces formaban parte de su vida cotidiana.
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Veinticinco años después, Nueva York ha cambiado, pero aquellos nombres permanecen. El Memorial del 11-S los conserva junto a los de las demás víctimas, como parte de una memoria que no se limita a recordar la caída de las Torres Gemelas, sino también las vidas que existían antes de aquella mañana. Allí permanecen las historias de trabajadores, padres, madres, hijos y compatriotas dominicanos que no regresaron a casa y cuya ausencia todavía forma parte de la memoria de una comunidad marcada para siempre por el 11 de septiembre.
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