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Más de 200,000 personas en RD están dominadas por la adicción al juego o ludopatía

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Luisa Blanco

El nuevo milenio encontró a Pablo —nombre ficticio para resguardar su integridad— entre monedas que repiqueteaban, ruletas en constante giro, mesas de juego bajo focos multicolores… una atmósfera llena de adrenalina que detonaba sus impulsos. A las afueras del casino, prestamistas al acecho le facilitaban dinero a cambio de sus pertenencias, vehículos o celular, alimentando una espiral de juego descontrolado hasta consolidar una severa ludopatía. En ese círculo vicioso, el juego destruyó sus finanzas, su entorno familiar, su paz y su integridad, manteniéndolo atrapado en la obsesión por el dinero y la suerte hasta que finalmente entendió que necesitaba ayuda.

De acuerdo con las proyecciones de centros de adicciones y especialistas en salud mental, su historia es tan solo una de las 200,000 personas que en el país están dominadas por la adicción al juego o la ludopatía, porque no existe un registro epidemiológico nacional continuo o censo oficial sobre este trastorno del comportamiento de la salud mental que registre la tasa exacta de prevalencia en toda la población.

Un factor de riesgo clave para este aumento es la altísima densidad de bancas de lotería y deportivas reguladas, sumadas a las informales, que están diseminadas por doquier.

En los primeros años ejerciendo como terapeuta en adicciones, Teresa Adames, psicóloga general y especialista en adicciones, las dependencias químicas, como al alcohol, marihuana y cocaína, eran prácticamente todos los motivos de atención; sin embargo, la ludopatía ha estado avanzado y actualmente se considera como la primera y más agresiva de las adicciones conductuales en la República Dominicana. “Desde mi experiencia de más de 30 años como especialista en adicciones, la demanda de atención por ludopatía ha aumentado de forma significativa. De igual forma, los centros especializados y las consultas psiquiátricas del país reportan un crecimiento sostenido en las solicitudes de ayuda”, dice.

Adames entiende que al ser una adicción caracterizada por la pérdida del control de impulsos, el paciente recurre al endeudamiento compulsivo, préstamos informales con usureros, los conocidos como prestamistas, y venta de bienes familiares. “En mi experiencia he sido testigo de jugadores que empeñan y pierden sus vehículos, dinero y joyas, en solo una noche de juego. Hasta la casa han perdido, luego de hipotecarla para jugar”.

¿Los ludópatas pueden tener ideas suicidas?

Claro que sí, el riesgo es alto en comparación con otras adicciones. El ludópata transita por varias fases: ganancia, pérdida y desesperación. Al llegar a la fase de desesperación, el paciente experimenta un estado de pánico y arrepentimiento agudo provocado por la quiebra total, las amenazas de cobro de deudas y la vergüenza de haber defraudado a su familia. Por los registros clínicos de los especialistas, se estima que el 85% de los pacientes con ludopatía llega a contemplar la muerte y un 49% piensa seriamente en el suicidio como la única “salida” para detener el sufrimiento y anular sus deudas.

De acuerdo con datos técnicos expuestos por especialistas en psiquiatría de la República Dominicana, aproximadamente el 19% de los suicidios registrados en el país está directamente relacionado con deudas derivadas de los juegos de azar y trastornos de ludopatía.

Para Teresa Adames, quien ha liderado equipos de personas en el diseño e implementación de programas de prevención de las adicciones en Casa Abierta, la digitalización del juego ha eliminado las barreras tradicionales de acceso, como la distancia física y el estigma social de entrar a un casino o banca. “Con las aplicaciones móviles y billeteras virtuales, el juego está disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana, facilitando una satisfacción instantánea, aspecto clave en el desarrollo de una adicción. El auge de las apuestas deportivas en línea favorece que la población joven sea la más vulnerable a desarrollar dependencia de forma acelerada”.

Una mirada hacia la investigación

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), a través de su manual DSM-5, coinciden en que la ludopatía ya no se considera un simple “problema de conducta” o una “falta de voluntad”. Ambas instituciones la clasifican formalmente como una adicción. Esto se debe a que las investigaciones clínicas demostraron que los mecanismos neurobiológicos y los circuitos de recompensa cerebrales que se activan con el juego son idénticos a los que se estimulan con sustancias como el alcohol o las drogas.

Desde la antropología

Estudios antropológicos como el realizado por Borotto (2024), Huzinga (2016) y Mendl (2017) indican que la ludopatía o adicción al juego responde a una conducta sociocultural en la que el juego asociado a las apuestas o a transacciones económicas se convierten en adicción desde prácticas cotidianas que inician en la interacción social.

De acuerdo con Tahira Vargas, socióloga y antropóloga social, en nuestra sociedad determinados juegos están asociados a la masculinidad como el juego de gallos que está permitido y promovido en distintos estratos sociales. “Como bien plantea Mendl, la adicción no debe reducirse a la perspectiva patológica del trastorno, sino que se debe analizar como una forma cultural de gestionar el ocio, la incertidumbre y el mismo sentido de la vida. La Ludopatía resulta así desde el análisis antropológico no como un fenómeno individual sino una construcción social en la que influyen valores, normas y discursos. La sociedad permite determinados “juegos” que son adictivos, como ocurre en el país con los juegos de gallos, o el dominó al que se le integra la apuesta y se presenta en muchas personas como adicción”.

En su planteamiento coincide con las psicólogas, Teresa Adames y Mónica Báez, al destacar que la permisividad hacia el juego, el manejo del azar, las apuestas y transacciones económicas en deportes y actividades recreativas favorecen a la ludopatía.

Cuadro

No tiene barreras sociales

A su entender, la ludopatía no cuenta con barreras entre clases sociales, ya que muchas personas con altos ingresos, propietarias de empresas y negocios, son adictas al juego, a las peleas de gallos y hacen grandes apuestas de forma cotidiana y continua, lo mismo ocurre con personas de estratos medios y pobres.

Aunque aclaró que se hace más difícil de identificar la ludopatía en los estratos medios y altos porque la conducta social es totalmente privada y no se presenta en forma explícita en lugares de residencias, y espacios públicos. “Esto no ocurre con en la población más pobre porque regularmente sus vidas están expuesta al público y la privacidad es más reducida”.

Recordó que los juegos de azar y bancas de apuestas están en todos lados. “Los encuentras en barrios y campos, pero también están los casinos de los hoteles, incluso en hoteles de lujo y en otros espacios más exclusivos a los que acceden estratos medios y altos. En residenciales de clase media también encuentras bancas de apuestas que están en los colmados y lugares de bebida. Las bancas son más visibles en barrios y campos, pero eso no significa que su público sea únicamente personas pobres, como señalo anteriormente, en todos los estratos existe el juego de azar y las apuestas”, afirma Tahira Vargas, quien tiene estudios etnográficos y cualitativos en temas de pobreza.

Desde la colonización existen las apuestas

Con relación a registros estadísticos en torno a la medición de la ludopatía apuntó que, en nuestro país, a través del tiempo, tiene la dificultad de que no cuenta con mediciones estadísticas desde décadas atrás. “Por ejemplo, el juego de gallos ha estado presente desde la colonización y los primeros gallos de pelea fueron traídos por Cristóbal Colón en su segundo viaje (1493) como señala el cronista jesuita Bernabé Cobo en Historia del Nuevo Mundo (1653). Desde esa época se instaló el juego con apuestas en el país con las peleas de gallo, una actividad adictiva de carácter masculino que refuerza el machismo y la violencia”, sostiene.

En ese tenor, manifiesta que la proliferación de bancas de apuestas y juegos de azar en el país tiene que ver con el crecimiento de la incertidumbre en términos económicos en la población. “Más de la mitad de la población (BCRD, 2025) se encuentra en el sector informal, no cuenta con seguridad social ni tiene garantizado su bienestar y su futuro económico ni de su familia. Esto provoca una tendencia al juego para búsqueda de otras vías de ingresos. Hay personas que apuestan poco dinero, pero diariamente, por eso existen distintas modalidades de juegos y sorteos en las bancas que pueden llegar a tener hasta cuatro sorteos por día”.

Recomendaciones

La ludopatía es el reflejo de distintos factores sociales en los que converge la incertidumbre, el manejo del ocio y el aprendizaje de la apuesta desde prácticas micro sociales. Este fenómeno genera en muchas familias problemas económicos, violencia de género, e incluso suicidios. Su presencia desde distintas esferas sociales demuestra que es un problema socio-cultural que requiere atención. Lamentablemente la adicción al juego enriquece a muchas personas que tienen influencia social, política y económica en el país.

Se requiere la prevención de la adicción desde campañas educativas en las que se conozcan historias de fracaso social y familiar que sirvan de alerta además de orientaciones en las que se indique como una persona puede quedar atrapada en esta adicción sin darse cuenta.

Teresa Adames, psicóloga general. José De León.

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