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Participar en tres o más actividades sociales puede contribuir a frenar el deterioro cognitivo en la vejez

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Tres adultos mayores sentados en una mesa de madera en un patio con tazas de café y un periódico; un perro y plantas en el fondo.
Los adultos mayores que realizan tres o más actividades sociales registran el mayor ritmo de mejora anual en sus puntuaciones cognitivas – (Imagen Ilustrativa Infobae)

Casi 58.000 personas mayores de 24 países participaron en la investigación, que combinó datos de cinco grandes encuestas longitudinales con un seguimiento medio de seis años. Los resultados, publicados en la revista Journal of Epidemiology & Community Health, revelan que quienes realizaban actividades sociales obtuvieron puntuaciones cognitivas consistentemente superiores a las de sus pares inactivos, y que el beneficio se amplificaba a medida que aumentaba la variedad de actividades.

El hallazgo más llamativo fue la relación dosis-respuesta: frente a quienes no participaban en ninguna actividad, los que se involucraban en una sola ya mostraban mejoras, pero aquellos que sumaban tres o más actividades distintas —como voluntariado, clubes deportivos y cursos de formación— registraron el mayor ritmo de mejora anual en sus puntuaciones cognitivas.

El equipo de investigadores integró información de cinco encuestas representativas a nivel nacional: el Estudio de Salud y Jubilación (HRS) de Estados Unidos, el Estudio Longitudinal Inglés sobre el Envejecimiento (ELSA), el Estudio Longitudinal de Salud y Jubilación de China (CHARLS), el Estudio Mexicano sobre Salud y Envejecimiento (MHAS) y la Encuesta sobre Salud, Envejecimiento y Jubilación en Europa (SHARE), que abarca 20 países del continente.

Mujeres sentadas alrededor de una mesa blanca sosteniendo y tomando cartas del juego UNO en una habitación.
La investigación analizó a casi cincuenta y ocho mil personas de veinticuatro países a partir de cinco encuestas de salud longitudinales – (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las oleadas analizadas cubrieron desde 2008 hasta 2021, según la cohorte. Los participantes, con edades medianas de entre 57 y 73 años, fueron evaluados periódicamente con pruebas de memoria —recuerdo inmediato y diferido de palabras— y de función ejecutiva, cuyos resultados se tradujeron en puntuaciones z estandarizadas para permitir la comparación entre países.

No todas las actividades sociales generaron el mismo efecto. El trabajo voluntario y la pertenencia a clubes deportivos se asociaron con un menor riesgo de deterioro cognitivo en las cinco cohortes estudiadas. La asistencia a cursos de formación y el cuidado de niños o adultos dependientes también arrojaron asociaciones positivas con puntuaciones cognitivas más altas año tras año.

En cambio, la participación en grupos políticos, comunitarios, religiosos o eclesiásticos no mostró una relación consistente con la mejora cognitiva a lo largo de los distintos países analizados. Los investigadores atribuyen esta diferencia al tipo de estimulación que cada actividad proporciona: las que combinan esfuerzo físico, aprendizaje y toma de decisiones parecen ofrecer una mayor protección.

Hombre con cabello canoso y camiseta azul camina en una cinta de correr dentro de un gimnasio con ventanales y espejos.
El voluntariado y la membresía en clubes deportivos mostraron la asociación protectora más sólida frente al deterioro cognitivo – (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los análisis por subgrupos revelaron diferencias notables. Las asociaciones positivas entre vida social y cognición resultaron más marcadas entre las mujeres, los adultos de 60 años o más, las personas con mayor nivel educativo, quienes no presentaban síntomas depresivos, quienes vivían solas, las de peso normal y las residentes en zonas rurales.

Un resultado inesperado fue que los fumadores activos y los consumidores de alcohol también mostraron asociaciones más pronunciadas. Los autores sugieren que esto podría deberse a que estas personas participan en actividades sociales dentro de contextos grupales o comunitarios que aportan estimulación cognitiva, aunque advierten que el hallazgo podría estar influenciado por factores de confusión no medidos.

Los mecanismos que conectan la participación social con la salud cognitiva no están del todo esclarecidos, pero el estudio plantea tres vías plausibles. La primera es la hipótesis de “úsalo o piérdelo”: la participación sostenida en actividades que demandan atención y toma de decisiones podría fortalecer las conexiones sinápticas y mejorar la plasticidad neuronal.

Una mujer con ropa de abrigo y bastón pasea a un perro por un sendero forestal con hojas otoñales en el suelo.
El efecto protector de la vida social fue más marcado en mujeres, mayores de sesenta años y personas que viven solas – (Imagen Ilustrativa Infobae)

La segunda apunta a la reserva cognitiva. Las personas con mayor nivel educativo tienden a desarrollar una mayor eficiencia neuronal, lo que las hace más resilientes frente a los cambios neuropatológicos del envejecimiento. Las actividades sociales contribuirían a mantener y ampliar esa reserva.

La tercera vía tiene que ver con el bienestar psicológico. Actividades con sentido personal, como el voluntariado, pueden promover emociones positivas que modulan la función neuroendocrina a través del eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal, lo que reduce los efectos del estrés crónico sobre el hipocampo, una región cerebral clave para la memoria.

Los autores enmarcan sus conclusiones en un contexto de urgencia sanitaria global. Se estima que la prevalencia mundial de demencia pasará de 57,4 millones de casos registrados en 2019 a 152,8 millones para 2050. Los costos de atención sanitaria y cuidados prolongados asociados a la enfermedad alcanzan ya los 305.000 millones de dólares, con gastos de bolsillo que representan el 22 % del total.

Cinco adultos mayores caminan por un sendero empedrado rodeado de vegetación y edificios modernos.
Los autores reconocen diferencias en los métodos de medición entre países y admiten la posibilidad de una causalidad inversa – (Imagen Ilustrativa Infobae)

Ante la ausencia de tratamientos eficaces contra la demencia, identificar factores de riesgo modificables se ha convertido en una prioridad de salud pública. En ese sentido, los investigadores destacan que la actividad social reúne condiciones para funcionar como “un factor protector multidimensional contra el deterioro cognitivo en los adultos mayores”.

Los propios autores reconocen varias restricciones. La medición de la función ejecutiva varió entre las cinco encuestas, y la definición de “actividad social” no fue uniforme: en algunas cohortes se preguntó por el mes previo y en otras por el año anterior, lo que pudo introducir sesgos de recuerdo. Además, el ajuste por factores de confusión fue solo parcial, y no se descarta la causalidad inversa: las personas con mejor función cognitiva de base podrían ser más propensas a participar en actividades sociales.

El estudio tampoco evaluó la calidad ni la motivación detrás de la participación social, dimensiones que, según los investigadores, podrían ser tan relevantes como la cantidad. Pese a estas limitaciones, la consistencia de los resultados en cinco cohortes de 24 países refuerza la solidez de las asociaciones observadas.

“Estos resultados subrayan la importancia de desarrollar e implementar intervenciones específicas destinadas a promover una participación social diversa y sostenida entre los adultos mayores como una estrategia viable para mitigar el riesgo de deterioro cognitivo relacionado con la edad”, concluyen los autores en el artículo publicado en Journal of Epidemiology & Community Health.


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