El suicidio continúa siendo uno de los desafíos más complejos y apremiantes de la salud pública contemporánea.
En una entrevista en profundidad para el periódico Hoy, el reconocido psiquiatra, psicoterapeuta y prolífico escritor dominicano Dr. José Miguel Gómez ofreció un exhaustivo análisis sobre la evolución del suicidio en la República Dominicana y en la región latinoamericana, llamando a desmontar los paradigmas culturales y el estigma social que impiden buscar asistencia médica a tiempo.
Radiografía del fenómeno: estadísticas y grupos vulnerables
Al examinar la dimensión cuantitativa de la problemática, el Dr. Gómez ubicó el contexto nacional dentro de los parámetros regionales de América Latina, al tiempo que advirtió sobre la mutación en los perfiles de riesgo:
Psiquiatra José Miguel Gómez
Promedios regionales y locales: En América Latina, la tasa media de suicidios fluctúa entre 8 y 9 casos por cada 100,000 habitantes. Países como Argentina registran niveles más elevados, situándose entre 11 y 12 por cada 100,000, mientras que la República Dominicana mantiene un promedio estimado de 7 a 8 suicidios por cada 100,000 habitantes.
El incremento en la juventud: El especialista manifestó una profunda preocupación por el desplazamiento de las cifras hacia rangos de edad cada vez más tempranos:
De izquierda a derecha, psiquiatra José Miguel Gómez y la periodista Lency Alcantara
“Nos preocupa enormemente cómo en la República Dominicana el suicidio se ha incrementado de forma sostenida en el rango de los 15 a los 29 años, una etapa crítica donde la falta de herramientas de afrontamiento y la presión social impactan de forma devastadora.”
La depresión como detonante primario: El Dr. Gómez enfatizó que la depresión clínica sigue siendo el trastorno psiquiátrico de fondo más prevalente detrás de las conductas de autolesión a nivel global.
La brecha de género: ¿por qué fallecen más hombres que mujeres?
Uno de los aspectos más reveladores expuestos por el Dr. José Miguel Gómez es la llamada «paradoja del género en el suicidio»: aunque las mujeres intentan quitarse la vida o experimentan ideación suicida hasta tres veces más que los hombres, son estos últimos quienes consuman el acto en una proporción abrumadoramente mayor.
Los datos publicados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) indican que la tasa de suicidio en la región ha aumentado un 17% entre 2000 y 2019.
El psiquiatra atribuyó esta disparidad a una combinación de métodos utilizados, factores neurobiológicos y, fundamentalmente, condicionamientos socioculturales:
Letalidad de los métodos:
“Existe una marcada diferencia en la intencionalidad letal. Mientras que las mujeres suelen recurrir con mayor frecuencia a la ingesta de fármacos o sustancias, los hombres optan por métodos violentos y de baja irreversibilidad, como el uso de armas de fuego, el ahorcamiento o el lanzamiento al vacío.”
La construcción del ‘comité de afectos’: En el caso femenino, los procesos de socialización y crianza facilitan la expresión emocional. Ante eventos traumáticos o de alta carga de estrés —como un divorcio, una quiebra o una pérdida afectiva—, la mujer tiende a activar redes de apoyo:
“La mujer culturalmente aprende a construir un ‘comité de afectos’. Cuando enfrenta una crisis de dolor o soledad, busca a la amiga, a la hermana, a la madre; verbaliza lo que siente, llora y desahoga el sufrimiento. Esa capacidad de poner en palabras el dolor emocional actúa como un amortiguador de contención decisivo.”
El peso del machismo y el mandato de la ‘fortaleza’: En contraste, el hombre dominicano y latinoamericano es educado bajo estereotipos rígidos de masculinidad que penalizan la vulnerabilidad:
“Al hombre, desde niño, se le enseña que no debe llorar, que exteriorizar el dolor es síntoma de debilidad y que debe resolver sus problemas en soledad. Cuando ese hombre llega a la adultez y enfrenta una pérdida del sentido de vida, un colapso financiero o un proceso de separación, no sabe cómo pedir ayuda. Se aísla, se traga la angustia y se encierra en una soledad destructiva hasta que la desesperanza lo desborda.”
Invisibilidad masculina en la consulta profesional
Esta brecha socioemocional se refleja de manera directa en el ámbito clínico. El doctor Gómez reveló que la presencia de hombres en los consultorios de salud mental continúa siendo alarmantemente baja por iniciativa propia:
“La gran mayoría de los pacientes que asisten a la consulta psiquiátrica son mujeres. Los hombres que llegan, en una alta proporción, no lo hacen por convicción personal, sino arrastrados o motivados por sus esposas, sus madres o sus hijas. Es sumamente minoritario el porcentaje de hombres que da el paso de acudir al psiquiatra por decisión individual, lo cual demuestra cómo el prejuicio y el miedo a ser juzgados siguen cobrando vidas.”
Factores de protección y el valor de la prevención
En el marco de la campaña de concienciación «Rompa el silencio, busque ayuda: El suicidio se previene», el especialista hizo un llamado a las familias, a los medios de comunicación y a las instituciones del Estado a promover activamente los factores protectores de la salud mental:
Fortalecimiento de la red vincular: Mantener familias, parejas y grupos de amigos integrados y comunicados, donde exista un espacio seguro para el diálogo sin juzgamiento.
Inserción y productividad: Conservar la productividad laboral, el sentido de utilidad y la integración social activa.
Construcción de propósito: Fomentar proyectos de vida, metas, ilusiones y sueños de forma continua a lo largo de todas las etapas de la vida.
El Dr. José Miguel Gómez concluyó su intervención subrayando el impacto directo que tiene el bienestar emocional sobre la biología del cerebro:
“Tener metas, mantener ilusiones activas y cultivar lazos afectivos sólidos no es solo una recomendación abstracta; es medicina pura. Estimula la neuroplasticidad cerebral, regula la química de los neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, y constituye la herramienta de prevención más potente que poseemos como sociedad para salvar vidas.”









