Inicio Salud República Dominicana ante una decisión histórica: defender la vida, la mujer, el...

República Dominicana ante una decisión histórica: defender la vida, la mujer, el matrimonio constitucional y la familia

0
4

Analizando noticia… por favor espera.

República Dominicana está ante una oportunidad que trasciende una firma diplomática. Su adhesión a la Declaración del Consenso de Ginebra puede convertirse en una declaración de principios sobre el país que queremos construir: uno que proteja la vida, fortalezca a las familias, el matrimonio constitucional y garantice que las mujeres y la niñez tengan las oportunidades necesarias para desarrollarse plenamente.

En tiempos en los que muchas de las grandes discusiones internacionales parecen reducirse a posiciones irreconciliables, hay una pregunta que merece ser colocada nuevamente en el centro del debate:

¿Qué significa realmente construir una sociedad que cuide a su gente?

La Declaración del Consenso de Ginebra ofrece una respuesta desde cuatro pilares: avanzar en la salud y el desarrollo de las mujeres; proteger la vida en todas sus etapas; reconocer a la familia como unidad fundamental de la sociedad; y trabajar en el ámbito de las Naciones Unidas para promover estos valores.

No se trata simplemente de un documento internacional, se trata de una visión de sociedad, una iniciativa que dejó de ser pequeña.

La Declaración del Consenso de Ginebra fue establecida en 2020 como una iniciativa encabezada por Estados Unidos en el primer período del gobierno de Donald Trump, junto a un pequeño grupo de países afines. En apenas unos años, el escenario ha cambiado. Más de 40 países son hoy signatarios.

Ese crecimiento demuestra que existe una voluntad internacional de abrir un espacio de diálogo sobre temas que afectan directamente el futuro de las naciones: la salud de las mujeres, la protección de los niños, la maternidad, la familia, el matrimonio constitucional y la vida. Y República Dominicana tiene ahora la posibilidad de formar parte de esa conversación.

La mujer no debe ser obligada a elegir

Uno de los aspectos más importantes de esta visión es entender que promover los derechos y el bienestar de las mujeres no significa enfrentar a la mujer con la maternidad, ni a la mujer con la familia, Por el contrario, una sociedad verdaderamente comprometida con sus mujeres debería preguntarse cómo puede hacer posible que una mujer pueda estudiar, trabajar, emprender, liderar, formar una familia y ejercer su maternidad sin que una cosa tenga que significar renunciar a la otra.

Invertir en salud femenina significa salvar vidas, significa prevenir enfermedades,significa acompañar a las madres, significa ampliar oportunidades, significa proteger a las niñas. Y significa reconocer que cuando una mujer está bien, su familia y su comunidad también tienen mayores posibilidades de estar bien.

La familia también necesita políticas públicas

Hablar de familia no puede quedarse en discursos. Las familias necesitan políticas públicas que las acompañen, necesitan acceso a salud, educación, oportunidades económicas y condiciones que permitan a los padres criar a sus hijos con dignidad y esperanza. Por eso, reconocer a la familia como unidad fundamental de la sociedad implica asumir una responsabilidad mucho mayor: hacer que las políticas públicas tengan en cuenta el impacto que producen sobre ella.

Una nación que quiere prosperar no puede ser indiferente a la situación de sus familias, porque antes de ser ciudadanos, funcionarios, empresarios, profesionales o trabajadores, todos nacemos dentro de una familia o necesitamos de una red humana que cumpla esa función de cuidado y protección.

Proteger la vida también significa acompañar

La defensa de la vida debe traducirse en una cultura de protección y acompañamiento. Una sociedad que verdaderamente quiere proteger la vida debe preguntarse qué está haciendo para que una mujer embarazada que enfrenta dificultades no se sienta sola.

¿Qué apoyo recibe?¿Qué alternativas tiene?¿Puede continuar sus estudios?¿Puede trabajar?¿Tiene acceso a atención médica? ¿Puede criar a su hijo en condiciones dignas?

Estas preguntas son fundamentales porque defender la vida no debería significar abandonar a quien necesita ayuda. La protección debe comenzar antes del nacimiento y continuar durante todas las etapas de la vida.

La oportunidad para República Dominicana

La adhesión dominicana al Consenso de Ginebra puede abrir una oportunidad para fortalecer una agenda nacional orientada a la mujer, la infancia y la familia, sin embargo la firma no puede ser el punto final. Debe ser el comienzo.

El verdadero desafío será convertir los principios en programas, políticas y acciones concretas. República Dominicana puede utilizar esta plataforma para promover cooperación internacional, intercambiar experiencias con otros países y desarrollar iniciativas que respondan a las necesidades reales de nuestras mujeres y familias.

La diplomacia puede abrir puertas, pero las políticas públicas son las que cambian vidas, un compromiso que debe trascender gobiernos.

Hay algo todavía más importante:

Los principios relacionados con la dignidad humana, la protección de la vida, la salud de las mujeres y el fortalecimiento de la familia deberían estar por encima de los ciclos políticos. Los gobiernos cambian, los ministros cambian, las administraciones pasan, sin embargo, las mujeres siguen necesitando oportunidades, los niños siguen necesitando protección y las familias siguen necesitando apoyo. Por eso, cualquier compromiso asumido por República Dominicana debe procurar convertirse en una política de Estado que trascienda nombres y períodos gubernamentales.

Es el momento de decidir qué país queremos ser

La adhesión al Consenso de Ginebra coloca a República Dominicana ante una oportunidad que no debería medirse solamente por su dimensión diplomática, debe medirse por su capacidad de generar esperanza, esperanza para una adolescente que quiere estudiar, para una mujer que quiere emprender, para una madre que necesita apoyo, para un niño que merece nacer y crecer en un hogar seguro, para una familia que quiere prosperar sin tener que escoger entre sobrevivir y construir un futuro.

Porque, al final, el verdadero progreso de una nación no se mide únicamente por el tamaño de su economía, sus edificios o sus estadísticas. También se mide por la manera en que trata a sus mujeres, protege a sus niños y sostiene a sus familias.

Una firma puede durar un día. Un compromiso puede cambiar una generación. República Dominicana tiene frente a sí la posibilidad de hacer mucho más que colocar una firma en un documento internacional. Tiene la posibilidad de decirle al mundo qué considera esencial. ¿Y que significa esencial?: Que la mujer merece oportunidades sin tener que renunciar a su dignidad ni a su maternidad. Que cada niño merece protección. Que la familia merece ser fortalecida. Que los matrimonios hay que fortalecerlos, y que la vida merece ser acompañada y protegida en todas sus etapas.

La firma será un momento. La verdadera historia comenzará después. Porque una nación no cambia cuando firma una declaración. Cambia cuando decide convertir aquello que firmó en una realidad para su gente.

Y si República Dominicana asume este compromiso con visión, valentía y voluntad política, esta no será simplemente la historia de una adhesión internacional.

Podría ser el comienzo de una nueva etapa: una etapa en la que la mujer, el matrimonio constitucional, la vida y la familia vuelvan a ocupar el lugar que nunca debieron perder —el centro de nuestras políticas y de nuestro proyecto de nación.

 

Damaris Patrocinio P.

 

 


source