La experiencia de más de dos décadas como enfermero le ha permitido a Lorenzo Berguas Salas conocer de cerca los miedos, las dudas y también la fortaleza con la que los niños afrontan su paso por un hospital. Este enfermero del Hospital Universitario San Jorge de Huesca ha trabajado en distintos servicios, entre ellos urgencias y pediatría, y de esa experiencia nació una inquietud que acabó convirtiéndose en una colección de 45 álbumes ilustrados. Educar en salud también es cuidar.
Todo empezó en casa, respondiendo a la curiosidad de sus tres hijos sobre los pacientes que sus padres atendían cada día. Desde entonces, Berguas ha convertido pruebas diagnósticas, enfermedades, intervenciones y situaciones habituales en el entorno sanitario en historias pensadas para que los más pequeños puedan entender qué les va a ocurrir antes de enfrentarse a ello. En esta entrevista habla de miedo, comunicación y educación para la salud, pero también del papel que puede desempeñar la Enfermería a la hora de acompañar a un niño más allá de la propia técnica.

Enfermero y “contador de historias”
Pregunta.- Enfermero y, además, “contador de historias” para niños… ¿Cómo surgió esta nueva faceta que te ha llevado a crear hasta 45 álbumes ilustrados?
Respuesta.- Surgió de la manera más natural, en la mesa de casa. Cada noche, mi mujer -médico anestesista- y yo llegábamos y nuestros tres hijos nos esperaban con la misma pregunta: “¿a quién habéis curado hoy?”. Esa curiosidad infantil, esa forma tan pura de querer entender lo que hacemos, fue la chispa que lo encendió todo.
Me di cuenta de que existía un vacío enorme: nadie explicaba a los niños, con sus propias palabras, lo que significa pasar por un hospital, someterse a una prueba o convivir con una enfermedad. Decidí llenar ese hueco, cuento a cuento, y lo que empezó como una respuesta a mis hijos se ha convertido hoy en 45 álbumes ilustrados.
P.- Como enfermero, ¿qué has aprendido sobre los miedos de los niños cuando tienen que enfrentarse a un hospital o a una enfermedad?
R.- Que los niños, muchas veces, nos dan lecciones de vida a los adultos. Somos nosotros, los padres y los profesionales, quienes anticipamos el miedo y sufrimos por adelantado. Ellos son enormemente más fuertes de lo que imaginamos, y lo demuestran cada día en las plantas de un hospital. Cuando a un niño se le explican las cosas con la verdad por delante, sin edulcorar nada, no solo lo entiende: lo afronta con una entereza que debería avergonzarnos un poco a los mayores.
P.- ¿Cómo se transforma una situación sanitaria compleja en una historia que un niño pueda entender sin perder rigor?
R.- La única fórmula que conozco es no mentir jamás. Si algo va a doler o a incomodar, hay que decirlo, pero acompañando siempre esa verdad con una certeza: nunca van a estar solos, siempre habrá alguien a su lado sosteniéndoles la mano.
La mente de un niño, como la de cualquiera, puede convertir lo desconocido en un monstruo mucho más grande de lo que es en realidad. Contarle la historia antes de que la viva, con rigor pero con cariño, es la mejor manera de desactivar ese miedo sin faltar nunca a la verdad.
Educación en salud: preparar antes de que llegue el momento
P.- ¿Puede un cuento preparar a un niño para una prueba diagnóstica, una hospitalización o una intervención quirúrgica?
R.- Sin ninguna duda, y no solo al niño, también prepara a la familia y, aunque parezca extraño, a los propios profesionales que lo van a atender. Cuando alguien, da igual la edad, sabe de antemano lo que le va a pasar, en un lenguaje que puede entender, el miedo pierde casi todo su poder. Un cuento convierte lo desconocido en algo familiar, y eso cambia radicalmente cómo se vive una prueba, un ingreso o una intervención.
P.- ¿Has comprobado durante tu experiencia profesional que, después de conocer una historia relacionada con lo que van a vivir, los niños afrontan de otra manera una situación sanitaria?
R.- Lo he visto una y otra vez, y sigue emocionándome cada vez que ocurre. Contarle a un niño que le van a hacer una radiografía suele generar miedo, pero si le explicas que en realidad es “una foto de sus huesos”, o incluso se lo enseñas, ese miedo se transforma en curiosidad. Y esa transformación no se queda en el niño: baja también la tensión de la familia y la del propio equipo que le atiende. Una buena historia, contada a tiempo, puede cambiar por completo el ambiente de una consulta.
Cuando contar también es cuidar
P.- La educación para la salud forma parte de la Enfermería. ¿Consideras que los cuentos pueden convertirse en una herramienta de educación sanitaria? ¿Qué importancia tiene la comunicación en los cuidados pediátricos?
R.- Es, para mí, uno de los pilares de la Enfermería, y creo que todavía lo tenemos infravalorado. Estos cuentos deberían estar en los hospitales, sí, pero sobre todo deberían llegar antes: a los colegios y a Atención Primaria, para que los niños lleguen ya preparados, sin sorpresas, a cualquier prueba o procedimiento.
Si empezáramos a educar en salud desde las aulas, reduciríamos de forma real el sufrimiento de los niños, el de sus familias y también el nuestro como profesionales. La comunicación no es un extra en los cuidados pediátricos, es, muchas veces, tan importante como la propia técnica.
P.- Son ya 45 álbumes. ¿Cómo decides qué temas merecen convertirse en un cuento?
R.- Casi siempre nacen de la realidad que piso cada día en el hospital. Un niño recién diagnosticado de diabetes, una fractura que hay que escayolar en urgencias, una radiografía, unos puntos de sutura… Cada procedimiento que veo repetirse, y que sé que genera miedo o incertidumbre, es un cuento en potencia. No los invento desde un despacho: los recojo de las plantas, de las urgencias, de las caras de los niños que atiendo.
P.- ¿Cuál ha sido la reacción de las familias y de otros profesionales sanitarios cuando han conocido la colección?
R.- Muy positiva, siempre. Todo el mundo (familias, compañeros, otros profesionales) me dice que es una idea maravillosa y necesaria, y el apoyo humano no me ha faltado nunca. Pero el verdadero reto no es que guste, es que llegue. Esta colección necesita que hospitales, colegios de enfermería, asociaciones y fundaciones den el paso de sumarse al proyecto y ponerlo en manos de los niños que lo necesitan. Un cuento suelto puede ayudar a una familia concreta, pero la colección completa, bien distribuida, puede cambiar la forma en que miles de niños viven su paso por un hospital.
El objetivo: que ningún niño se sienta solo
P.- Después de convertir 45 experiencias y temas de salud en historias, ¿qué te gustaría que un niño recordara al cerrar uno de sus cuentos?
R.- Que no ha estado solo en ningún momento. Que siempre, siempre, va a haber alguien cuidándole. Que el miedo, si aparece, no es motivo de vergüenza, sino algo normal que se puede afrontar y superar. Y, sin quererlo, también me gustaría aliviar un poco a quienes están alrededor: a las familias, que sufren en silencio, y a los profesionales, porque cuidar de un niño asustado también nos pesa a nosotros.
P.- ¿Qué proyectos tienes para el futuro?
R.- Tengo cuentos por escribir para rato, la lista de ideas no deja de crecer. Pero para que este proyecto llegue a donde de verdad puede hacer bien, necesito ayuda, y quiero decirlo alto y claro: los colegios de enfermería, los hospitales, las asociaciones y las fundaciones tienen aquí una herramienta real de educación sanitaria, y me encantaría que dieran el paso de sumarse y llevarla a los niños que la necesitan.
Por eso he puesto en marcha una campaña de recaudación de fondos en GoFundMe, “Cuentos sanitarios para niños hospitalizados: llevemos 45 libros”, con el objetivo de llevar la colección completa a los principales hospitales pediátricos de España, empezando por el Hospital Infantil Universitario Niño Jesús de Madrid. Cada 550 euros recaudados permitirán entregar los 45 libros a un hospital.
Mientras tanto, los cuentos ya están disponibles en Amazon, al alcance de cualquier familia que quiera tenerlos en casa. No soy experto en marketing ni sé moverme bien en ese mundo, pero tengo clarísimo que cualquier ayuda, cualquier difusión, por pequeña que sea, que consiga que estos cuentos lleguen a más niños y les ayude a afrontar mejor su paso por un hospital, será bienvenida y de un valor enorme. Si algún día dejo de escribir será porque el proyecto no ha encontrado su camino, y eso sí que lo lamentaría profundamente, porque sé que puede ayudar a muchos niños.







