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Un supuesto león se escapó en Toledo y la Guardia Civil lo buscó durante dos días. Que no apareciera es una mala señal

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Un repartidor frena en el kilómetro 9 de la carretera TO-1375, entre El Real de San Vicente y Navamorcuende (ambos pertenecientes a Toledo), cerca del convento del Piélago. Son las 10:43 del 19 de agosto. Cruza el asfalto un animal grande, de melena leonada. El conductor marca el 112. La llamada moviliza veinte agentes, un helicóptero venido de la Comunidad de Madrid y varios drones de la Guardia Civil sobre la Sierra de San Vicente. Durante dos días, ningún rastro del león. El 10 de agosto había sido el Día Internacional del León, así que en redes ya había quien hablaba de sugestión.

Nos vamos al zoo. El primer sospechoso es obvio: el Zoo Safari Fauna Aventura, en Hinojosa de San Vicente, a un puñado de kilómetros de la llamada. La Guardia Civil revisa sus instalaciones. El centro publica en Instagram: «De nuestras instalaciones no falta ningún animal». Advierte, de paso, de posibles acciones legales contra quien insinúe lo contrario. Ningún zoo de Castilla-La Mancha o Madrid reporta fugas. FAADA y ANDA, meses antes, documentaron en ese mismo recinto leones acariciados como gatos domésticos y lobos capaces de sacar la cabeza por el vallado. La credibilidad del comunicado, digamos, tiene matices.

Fincas privadas. El alcalde de Hinojosa, Roberto Cano, pensó primero en una broma, hasta que la Guardia Civil confirmó el aviso por teléfono. Barajaba dos hipótesis: un mastín tibetano, de pelaje y tamaño similares a un felino visto de lejos, o un ejemplar suelto en alguna finca privada de la zona. Esta segunda opción interesa más. Hasta 2023, un particular con núcleo zoológico registrado, seguro de responsabilidad civil, recinto vallado de 3.000 metros cuadrados por ejemplar y veterinario especializado podía tener un león en su propiedad sin infringir nada. La Ley 7/2023 de bienestar animal prohíbe ya tener grandes felinos como mascota, pero deja fuera a los núcleos zoológicos: zoos, safaris y colecciones registradas mantienen sus leones sin violar la ley.

Qué pasa con los grandes felinos. En Berja, Almería, agosto de 2013, un «gran felino negro» obligó a instalar jaulas y cámaras trampa durante dos semanas. Solo cazaron gatos, zorros y jabalíes. En la Sierra Norte de Guadalajara, verano de 2017, la Guardia Civil cerró el caso en enero de 2018: era un perro negro. Verano de 2020, Ventas de Huelma, Granada, alarma sin confirmar (pero le hicieron hasta una estatua a modo de retrato robot). Enero de 2023, Los Barrios, Cádiz, un vídeo de felino blanco recorre las redes; tampoco aparece nada. Ningún caso español termina jamás con un animal exótico real entre rejas. Y casi mejor.

Qué hay que hacer. El transportista lo hizo bien. Si en España te encuentras un león suelto, no debes acercarte, intentar capturarlo ni perseguirlo: al tratarse de fauna silvestre, y además de una especie que no puede mantenerse legalmente como animal de compañía, lo correcto es alejarte con calma, ponerte a cubierto y llamar inmediatamente al 112, indicando la ubicación exacta, la dirección en la que se mueve y si hay personas o animales en peligro. Después, seguir instrucciones de Policía, Guardia Civil o los servicios de emergencia y listo.

El Seprona, policía medioambiental de la Guardia Civil creada en 1988, coordina estos operativos y persigue además el tráfico de fauna protegida. Hace meses rescató un serval de una vivienda particular en Alicante. El animal, como casi todos los decomisados, terminó rumbo a AAP Primadomus, en Villena, el único centro español dedicado a rehabilitar grandes felinos y primates. La Delegación del Gobierno recuerda que una alarma falsa de este tipo es delito, porque desvía recursos que podrían salvar vidas en una emergencia real.

Lo ilegal. Los números explican por qué la sospecha siempre está flotando en el aire. España incautó unos 14.000 animales vivos procedentes de tráfico ilegal entre 2005 y 2014. En 2022 esa cifra subió un 55% respecto al año anterior, hasta 677 ejemplares, según el Ministerio para la Transición Ecológica. En los últimos años, esta tendencia no ha hecho sino acrecentarse: solo en operaciones como Zmija (Sevilla, junio de 2026, 256 animales), Thunder (2025, 192 especímenes vivos y 50 piezas inertes), Nules (zoo clandestino en Castellón, agosto de 2025, con más de 150 animales exóticos de 56 especies) o los casi 500 animales exóticos en un falso refugio de Ávila (en noviembre de 2025) suman casi 2.000 seres vivos mercadeados ilegalmente.

El tráfico global de especies mueve entre 8.000 y 20.000 millones de euros al año. España completó hace poco su primer censo oficial de mascotas. Ya lo decíamos: 15.171.569 animales al término de 2025. Perros, gatos y hurones cuentan (leones de finca privada, no). Ese es justo el terreno de la Sierra de San Vicente: fincas extensas, seguridad propia, cámaras privadas, dinero suficiente para mantener una colección de fauna exótica sin permiso ni perdón de nadie. 

Si una de esas cámaras grabó al animal brincando o rompiendo una valla, basta una llamada y algo de personal de confianza para devolverlo a su jaula antes de que la Guardia Civil complete el primer barrido del monte. Nadie denuncia lo que nunca admite poseer. Y ahí está el problema: si existió, alguien con medios suficientes lo recuperó en privado, y todo el aparato diseñado para vigilar la fauna exótica española —Seprona, listado positivo, núcleos zoológicos— se quedó fuera de juego. De lo contrario, es posible que ya hubiese aparecido.

Imágenes | Flickr (1 y 2)

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