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Más jóvenes buscan ayuda por ansiedad, pero faltan estadísticas recientes en RD

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La ansiedad está llegando a las consultas de salud mental en distintas etapas de la vida, pero los adolescentes, los adultos jóvenes y las personas en edad laboral concentran una preocupación particular entre las especialistas consultadas por N Digital.

La psicóloga Margaret Muñoz asegura que ha observado un aumento de pacientes que buscan atención por síntomas de ansiedad. Dentro de su práctica profesional, identifica especialmente a adolescentes de entre 12 y 16 años y mujeres de 22 a 35 años. Su percepción coincide parcialmente con la experiencia de la neuróloga Abigail Jean.

“Actualmente vemos ansiedad en prácticamente todas las edades, pero existe una preocupación particular por el aumento de síntomas en adolescentes y adultos jóvenes, además de una importante carga de ansiedad en adultos en edad laboral”, explicó Jean.

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Las observaciones de ambas profesionales corresponden a su experiencia clínica y no permiten establecer cuáles grupos presentan la mayor prevalencia de ansiedad en toda la población dominicana.

RD carece de datos nacionales recientes

Medir el alcance actual del problema en República Dominicana continúa siendo una dificultad.

El Mental Health Atlas 2024 de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que el país no había realizado una encuesta nacional de salud mental durante los diez años anteriores a la recopilación de esos datos, aunque sí había publicado un informe sobre salud mental durante los dos años previos.

Esta limitación impide determinar con precisión cómo se distribuyen actualmente los trastornos de ansiedad por edad y sexo o establecer cuánto ha variado su prevalencia en los últimos años.

Una de las referencias disponibles es un informe de la OMS publicado en 2017, que estimó que 570,312 personas vivían con trastornos de ansiedad en República Dominicana en 2015, equivalentes al 5,7 % de la población de entonces. Ese porcentaje, por tanto, no debe presentarse como una medición de la situación dominicana en 2026.

¿Qué está pasando con los jóvenes?

Entre los factores que Jean identifica en adolescentes y adultos jóvenes figuran la presión académica, las relaciones interpersonales, las redes sociales, la incertidumbre laboral y económica y las alteraciones del sueño.

Muñoz añade la falta de oportunidades laborales, el uso excesivo de las redes sociales y las expectativas poco realistas en torno al éxito. Estos elementos pueden contribuir al malestar, pero no deben interpretarse como causas que, por sí solas, provoquen o permitan diagnosticar un trastorno de ansiedad.

La OMS explica que los problemas de salud mental pueden estar relacionados con una combinación de factores sociales, psicológicos y biológicos.

A escala mundial, el organismo estima que los trastornos de ansiedad afectan al 4,1 % de los adolescentes de 10 a 14 años y al 5,3 % de aquellos de 15 a 19 años, y los identifica entre los trastornos emocionales más frecuentes durante esta etapa de la vida. Estas cifras son globales y no pueden trasladarse automáticamente a República Dominicana.

¿Hay diferencias entre hombres y mujeres?

Muñoz afirma que observa diferencias entre hombres y mujeres en su práctica profesional, aunque no especificó de qué manera se manifiestan. Por esa razón, no sería correcto atribuirle características particulares que no detalló durante la entrevista.

La OMS sí señala que, a escala mundial, las niñas y las mujeres tienen mayor probabilidad de presentar trastornos de ansiedad que los niños y los hombres. Esto se refiere a la frecuencia del trastorno y no significa que todas las mujeres o todos los hombres experimenten la ansiedad de una manera determinada.

Estrés y ansiedad no son lo mismo

Confundir ambos términos es frecuente, según las especialistas. Muñoz explica que el estrés suele aparecer como respuesta ante una situación o demanda identificable, como problemas económicos, exceso de trabajo o exámenes, y generalmente disminuye cuando desaparece el factor que lo provoca.

La ansiedad, en cambio, puede producir preocupación, miedo o un estado persistente de alerta incluso cuando no existe un peligro inmediato. Aunque pueden compartir síntomas y presentarse al mismo tiempo, no significan lo mismo. Además, sentirse ansioso ocasionalmente no implica necesariamente padecer un trastorno de ansiedad.

La OMS establece que estos trastornos se caracterizan por miedo o preocupación intensos y excesivos, difíciles de controlar y capaces de interferir significativamente con la vida cotidiana.

La ansiedad también se siente en el cuerpo

Los síntomas no son únicamente emocionales.

Jean señala que pueden aparecer palpitaciones o taquicardia, sensación de falta de aire, molestias en el pecho, mareos, temblores, sudoración, hormigueo, insomnio y dificultades para concentrarse.

La OMS también reconoce manifestaciones como tensión, irritabilidad, problemas para dormir y sensación de peligro o pánico. Durante algunos episodios puede producirse hiperventilación, una respiración excesivamente rápida y profunda que puede reducir el nivel de dióxido de carbono en la sangre y provocar mareos, debilidad, hormigueo y una intensa sensación de falta de aire. Sin embargo, estos síntomas no deben atribuirse automáticamente a la ansiedad.

Señales que requieren atención médica

Jean advierte que algunos síntomas pueden corresponder a una emergencia neurológica.

Una debilidad o pérdida de sensibilidad repentina en un lado del cuerpo, asimetría facial, dificultad súbita para hablar o comprender, alteraciones repentinas de la visión o el equilibrio y un dolor de cabeza intenso de aparición brusca requieren evaluación médica.

Estas manifestaciones coinciden con señales de alarma de un accidente cerebrovascular descritas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). Por eso, ante síntomas nuevos, graves o inexplicables, la evaluación profesional debe determinar su origen.

¿Cuándo buscar ayuda?

Muñoz considera que una señal importante aparece cuando la preocupación comienza a dominar la vida cotidiana. Su recomendación es reconocer la necesidad de apoyo y acompañamiento psicológico en lugar de minimizar el problema. Jean coincide en que se debe buscar ayuda cuando los síntomas comienzan a interferir con el sueño, el trabajo, los estudios, las relaciones personales o las actividades habituales.

Sin atención adecuada, los trastornos de ansiedad pueden afectar el funcionamiento familiar, social, académico y laboral. Muñoz también señala que uno de los principales obstáculos es que algunas personas todavía no reconocen los problemas de salud mental como condiciones que pueden requerir evaluación y tratamiento. La OMS identifica el estigma, la falta de conocimiento sobre estos trastornos, la insuficiencia de profesionales capacitados y la limitada inversión en servicios de salud mental entre las barreras para acceder a tratamiento.

Ansiedad y riesgo de suicidio

Muñoz relacionó el estigma y la desinformación con consecuencias graves, entre ellas suicidios, homicidios y problemas académicos o laborales. Esta afirmación requiere una precisión.

La OMS señala que los trastornos de ansiedad se asocian con un mayor riesgo de pensamientos y conductas suicidas y que los problemas de salud mental pueden afectar el funcionamiento académico y laboral. Sin embargo, esto no permite afirmar que la ansiedad sea responsable de un aumento de los suicidios en República Dominicana ni establecer una relación causal general entre ansiedad y homicidio. Por esa razón, el homicidio no debe presentarse como una consecuencia directa de la ansiedad.

Hay tratamientos efectivos

La evaluación profesional permite determinar si una persona presenta un trastorno de ansiedad, una respuesta al estrés, otra condición de salud mental o una enfermedad física con síntomas similares. El tratamiento puede incluir psicoterapia, cambios en los hábitos de vida y, cuando esté clínicamente indicado, medicamentos.

La OMS identifica las intervenciones basadas en los principios de la terapia cognitivo-conductual entre las que cuentan con mayor evidencia para tratar distintos trastornos de ansiedad. Esto significa que buscar ayuda psicológica o psiquiátrica no implica automáticamente recibir medicamentos. El tratamiento debe responder al diagnóstico y a las necesidades de cada persona.

Una preocupación que todavía necesita medición

Las consultas de Margaret Muñoz y Abigail Jean muestran una preocupación clínica por la presencia de síntomas de ansiedad entre adolescentes, jóvenes y adultos en edad laboral.

Pero la principal limitación permanece: República Dominicana necesita datos nacionales recientes que permitan establecer con precisión cuántas personas están afectadas, cuáles grupos concentran la mayor prevalencia y cómo ha evolucionado el problema.

Hasta contar con esas mediciones, la experiencia de los profesionales puede servir como señal de alerta, pero no sustituye las estadísticas necesarias para conocer el verdadero alcance de la ansiedad en el país.

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