En una mesa familiar, una bandeja giratoria puede pasar inadvertida. Su función es sencilla: colocar los alimentos en el centro y permitir que cada comensal los acerque y se sirva con facilidad. Para Daly del Castillo, sin embargo, esa misma superficie puede convertirse en un lienzo.
La artista, creadora de Piezas de Arte RD, interviene las Lazy Susan completamente a mano para convertirlas en piezas que, además de cumplir una función práctica, aporten color y personalidad al hogar. “Cuando intervengo una Lazy Susan, dejo de verla solamente como un objeto doméstico y comienzo a verla como un lienzo”, explicó durante una entrevista exclusiva con elDinero en el XXIX Congreso Internacional de Finanzas y Auditoría (CIFA) y el XXIV Seminario Latinoamericano de Contadores y Auditores (Selatca), celebrado en Boca Chica.
Cada pieza tiene una combinación particular de colores, trazos y patrones. Por eso, aunque la artista pueda trabajar sobre diseños similares, el resultado no es exactamente igual. La propuesta parte precisamente de esa diferencia.
En lugar de separar el arte de los objetos utilizados diariamente, Del Castillo busca que una pieza pueda cumplir ambas funciones: servir en la mesa y, al mismo tiempo, convertirse en un elemento especial dentro del hogar.
Pintura que resiste
Convertir una bandeja en una pieza artística plantea un reto que no aparece de la misma manera en una obra destinada únicamente a exhibirse: la pintura debe resistir el uso. Una Lazy Susan puede estar en contacto frecuente con alimentos, platos y otros objetos. Por eso, después de aplicar la pintura acrílica, Del Castillo utiliza resina para cubrir la superficie y crear una capa protectora.
El acabado busca preservar tanto la pintura como la calidad visual de la pieza. La protección permite incluso colocar platos calientes sobre la superficie sin que esto afecte directamente el trabajo artístico. La elección de la pintura acrílica responde también a la manera en que trabaja la artista. Su secado rápido le permite avanzar con libertad y conservar la espontaneidad de los trazos. Ese proceso combina una técnica relativamente ágil con un acabado que requiere atención para que la pieza pueda cumplir su función sin perder su carácter artesanal.
El color como identidad
El sello único de las Lazy Susan proviene de la paleta elegida por la artista. Inclinada desde la infancia hacia los tonos fuertes y vibrantes, Del Castillo recurre a rojos, azules y verdes para construir un lenguaje visual que llena de vida los objetos cotidianos. Los tonos suaves y delicados, por el contrario, han representado un mayor desafío para una artista acostumbrada a trabajar con composiciones más expresivas.
Cada pieza requiere horas de trabajo y decisiones que no pueden automatizarse por completo. El resultado es un objeto que conserva su utilidad, pero que también lleva consigo las características propias de quien lo creó. En una época marcada por la producción masiva, la artista considera que incorporar una pieza hecha a mano al hogar es también una manera de darle valor a lo singular.
La Lazy Susan representa así algo más que una nueva superficie para pintar. Es el punto de encuentro entre una función cotidiana y una expresión artística: una pieza pensada para usarse, pero también para aportar identidad a la mesa y permanecer como parte del espacio.
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