Un embrollo de espías reaviva el acoso demócrata contra Trump

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Una promesa poco habitual que Donald Trump hizo a un homólogo extranjero durante una reciente conversación telefónica ha provocado toda una investigación en el Capitolio y ha llevado al propio presidente a denunciar que es objeto de otra persecución política por parte de los demócratas. Por lo que Trump dijo ayer en la Casa Blanca, esa promesa tenía que ver con su voluntad de investigar al exvicepresidente norteamericano Joe Biden por presionar al anterior Gobierno de Ucrania para que despidiera a un fiscal acusado de corrupción. Del mismo modo que a él le persiguen las sospechas de una trama rusa, Trump ha intentado que a Biden, que hoy es líder en las primarias demócratas, le persiga también una trama ucraniana.

El presidente, visiblemente molesto, tildó ayer las acusaciones de «ridículas». «Suelo mantener conversaciones con muchos líderes, y siempre las mantengo dentro de lo que es correcto, siempre», dijo ayer Trump a la prensa en el Despacho Oval, donde recibió al primer ministro australiano, Scott Morrison. Después Trump se tomó la molestia de añadir que «alguien debería investigar a Joe Biden, porque es una verdadera desgracia que él amenazara con no donar miles de millones a un país extranjero si este no retiraba antes a un fiscal. Alguien debería investigarlo, pero no lo van a hacer porque se trata de un demócrata».

Un encuentro en España fue crucial para esta nueva trama ucraniana en la que Trump quiere atrapar a Biden. El abogado personal del presidente, Rudy Giuliani, se reunió este verano en Madrid con un asesor del gobierno ucraniano, Andriy Yermak, a quien le sugirió que abra una investigación sobre Biden. Giuliani, que entre 1994 y 2001 fue alcalde de Nueva York, admitió el jueves en una entrevista emitida por la cadena CNN haber ejercido esas presiones en España. Aun así, este asunto es tan delicado, y tan polémico, que en la misma entrevista Giuliani juró primero no haber presionado al Gobierno de Ucrania y unos minutos después admitió haberlo hecho. «Pero sólo para defender los intereses de mi cliente».

Amenaza a Poroshenko

Desde hace unos meses Trump viene insistiendo en que cree que EE.UU. y Ucrania deben investigar a Biden porque en marzo de 2016 amenazó por teléfono al anterior presidente ucraniano, Petro Poroshenko, con retirar 1.000 millones de dólares (900 millones de euros) de garantías de préstamos si no despedía al fiscal jefe, Yuriy Lutsenko. Este, que finalmente fue despedido, estaba implicado en varios casos de corrupción, pero se da también la circunstancia, muy sospechosa para Trump, de que a la vez investigaba la suministradora de gas Burisma, en cuyo consejo de administración servía un hijo de Biden, llamado Hunter.

Para enfado de Trump, finalmente el escándalo no lo han provocado las maniobras de Biden, contra quien no se ha presentado denuncia alguna, sino sus contactos con el presidente ucraniano y su insistencia en que a ambos lados del Atlántico se investigue a alguien que, según las encuestas, puede convertirse en su principal rival en las elecciones presidenciales de 2020, en las que se juega la reelección.

La conversación telefónica de Trump provocó una queja de un funcionario que la escuchó. Este presentó una queja formal ante la oficina del Inspector General, que funciona como un Defensor del Pueblo y depende del ministerio de Justicia. De ahí la queja llegó al Capitolio, donde los demócratas, que controlan la cámara baja, se interesaron por los detalles. La comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes abrió una investigación formal y llamó a testificar al inspector general, Michael Atkinson, quien el jueves pasó tres horas en el Capitolio sin dar un solo detalle adicional.

El jueves próximo testificará, a puerta abierta, el director de los servicios de inteligencia, Joseph Maguire. Tiene permiso de la Casa Blanca para ofrecer más detalles sobre el caso. Hasta ahora, la presidencia ha mantenido la mayoría de detalles en secreto, alegando razones de seguridad nacional.

Aunque la Casa Blanca se negó a dar ayer más información sobre la conversación y la queja que provocó, en la agenda del presidente figura una llamada a Zelensky el 25 de julio para «reforzar las relaciones entre EE.UU. y Ucrania, incluida la cooperación en materia de economía y energía», según dijo entonces la oficina de prensa del gobierno norteamericano. Durante aquellos días, Trump envió a Giuliani a Madrid a reunirse con el representante ucraniano.

En Twitter, Trump fue bastante más crítico con la investigación de los demócratas, que ya han iniciado una vista para decidir si proceden a recusarle por medio del proceso de «impeachment». «¡Otra noticia falsa! Cada vez que hablo por teléfono con un líder extranjero, entiendo que debe haber mucha gente escuchando de varias agencias de EE.UU., por no mencionar las de otros países. ¡No hay problema! Pero sabiendo esto, ¿hay alguien que sea lo suficientemente tonto para creer que diría algo inapropiado a un líder extranjero durante una de esas multitudinarias llamadas?», dijo el presidente en esa red social.

La candidata que perdió las elecciones de 2016, Hillary Clinton, rompió ayer su silencio para acusar a Trump de «pedirle a un país extranjero que le ayude a ganar unas elecciones.. de nuevo». Se refería Clinton en ese mensaje, publicado en la red social Twitter, a cuando el presidente pidió a Wikileaks y a Rusia públicamente que interceptaran y filtraran los miles de correos robados por ‹hackers› a la campaña demócrata.

Fuente: www.abc.es