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Rusia ayuda en secreto a Irán a desarrollar misiles supersónicos capaces de amenazar buques de guerra de Estados Unidos

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Vladímir Putin y Masoud Pezeshkian se saludan antes de una reunión bilateral en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, en Bishkek, Kirguistán (EFE)
Vladímir Putin y Masoud Pezeshkian se saludan antes de una reunión bilateral en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, en Bishkek, Kirguistán (EFE)

Un programa secreto llamado C430L conecta desde 2023 a algunos de los ingenieros de misiles más experimentados de Rusia con el desarrollo de una nueva arma iraní: un misil de crucero capaz de volar a varias veces la velocidad del sonido y de amenazar a portaaviones y buques de guerra estadounidenses en el Golfo. Así lo reveló una investigación del Financial Times a partir de correspondencia rusa filtrada, registros de viajes y el análisis de patentes militares.

El corazón del programa es un motor de tipo estatorreactor (ramjet), la pieza que le falta a Irán para completar algo que persigue desde hace décadas: un misil de crucero que vuele a baja altura y a velocidad supersónica, combinación que reduce drásticamente el tiempo que tienen los sistemas de defensa antimisiles —como los que Estados Unidos y sus aliados despliegan en el Golfo— para detectarlo e interceptarlo. Irán ya construyó y probó en vuelo ese sistema de propulsión, aunque el FT aclara que no hay evidencia de que un misil terminado con esta asistencia rusa esté operativo todavía.

Componentes del sistema de misiles de crucero SSC-8/9M729, exhibidos por los ministerios de Defensa y Exteriores rusos cerca de Moscú, en enero de 2019 (REUTERS/Maxim Shemetov/archivo)
Componentes del sistema de misiles de crucero SSC-8/9M729, exhibidos por los ministerios de Defensa y Exteriores rusos cerca de Moscú, en enero de 2019 (REUTERS/Maxim Shemetov/archivo)

“Esta es la transferencia de una tecnología militar altamente sensible desde el punto de vista estratégico, que los iraníes vienen queriendo adquirir desde hace décadas”, explicó al diario británico Fabian Hinz, analista de la organización británica Conflict Armament Research, quien remarcó que un acuerdo de este tipo necesita luz verde política desde la cúpula rusa. En la misma línea, Jim Lamson, ex analista de la CIA especializado en Irán, señaló que este sistema le daría a Teherán “un arma estratégica cualitativamente nueva”, con capacidad real de amenazar buques de la Marina estadounidense.

Según la investigación, el esquema fue coordinado por la exportadora estatal de armas Rosoboronexport junto con NPO Mashinostroyenia, la misma empresa que Washington sancionó en 2014 por su rol en el desarrollo de misiles de crucero rusos y su apoyo al arsenal nuclear estratégico del país. El FT rastreó viajes repetidos de ingenieros sénior de esa compañía a Irán en los meses previos a la firma formal del contrato, en noviembre de 2023, con el Ministerio de Defensa iraní.

Lejos de tratarse de un simple envío de piezas, la correspondencia revisada por el FT muestra a los ingenieros rusos trabajando codo a codo con datos iraníes ya existentes: en 2025 recibieron un lote grande de información técnica sobre el sistema iraní y, tras analizar la telemetría de una prueba de vuelo, le enviaron a Teherán un cuestionario detallado sobre el desempeño del motor —desde el sistema de combustible hasta la estabilidad de la combustión— y preguntaron puntualmente si el estatorreactor siguió funcionando después de que los datos transmitidos se cortaran al minuto de iniciada la prueba. En abril de ese año, Rosoboronexport llegó a proponer el envío de una delegación de unos veinte especialistas para una nueva ronda de consultas técnicas.

Según Lamson, si Rusia efectivamente ayuda a Irán a resolver los problemas técnicos que aún tiene pendientes, este sería uno de los aportes rusos más significativos a la industria de defensa iraní en años recientes, con beneficios de largo plazo para su capacidad militar.

Un visitante fotografía restos de un dron Shahed-131/136, de fabricación iraní, lanzado contra territorio ucraniano, en una exhibición en Kiev, en junio de 2025 (REUTERS/Alina Smutko)
Un visitante fotografía restos de un dron Shahed-131/136, de fabricación iraní, lanzado contra territorio ucraniano, en una exhibición en Kiev, en junio de 2025 (REUTERS/Alina Smutko)

El hallazgo se suma a otros episodios documentados este año, como el acuerdo ruso para proveerle a Irán sistemas antiaéreos portátiles Verba, o la compra iraní de un satélite chino de alta resolución —de la empresa Earth Eye, luego sancionada por Estados Unidos— que la Guardia Revolucionaria habría usado para vigilar bases estadounidenses antes de sus ataques de represalia. En conjunto, esos programas muestran cómo Teherán apeló a la tecnología rusa y china para tapar agujeros puntuales de su aparato militar: defensa aérea, inteligencia de campo de batalla y, ahora, un arma de ataque de nueva generación.

Esa cooperación militar viene en dos direcciones: Irán le proveyó a Rusia los drones Shahed, hoy centrales en los bombardeos rusos contra Ucrania, y ayudó a Moscú a fabricarlos dentro de su propio territorio. Funcionarios ucranianos y occidentales acusan además a Rusia de asistir a Irán durante su guerra con Estados Unidos e Israel con imágenes satelitales, apoyo con drones y piezas de armamento.

El propio presidente ruso, Vladímir Putin, le había dicho este martes a su par iraní, Masoud Pezeshkian, durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, que Moscú está “tratando de darles la ayuda que necesitan” y “proveyéndoles los bienes que necesitan”, sin dar precisiones.

Según el FT, el programa C430L ya estaba activo cuando Putin, en 2024, había amenazado con vender armas equivalentes a las que Occidente le da a Ucrania a países dispuestos a usarlas contra los intereses de quienes ayudan a Kiev.

El FT precisa que la correspondencia revisada muestra que el programa siguió activo durante 2026, ya en plena guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, con Rusia preparando nuevos informes técnicos y ambas partes negociando, según una carta de junio pasado, los términos de una próxima fase cuyo inicio efectivo no pudo confirmarse.


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