Los voluntarios trabajan, mientras los demás disfrutan

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El pasado 25 de diciembre el doctor Ramón Plasencio recibió en la emergencia de la clínica donde labora, a una paciente con pie diabético en muy mal estado, la cual ameritaba cirugía inmediata, porque comprometía uno de sus miembros inferiores, y además que por la infección, su vida pendía de un hilo.

Todo marchaba en tranquilidad y plena calma en la emergencia del centro de salud el día 31, y Monchito, como lo apoda su familia, pensaba “echar una pavita” cuando le llegó otra emergencia.

Esta vez era una paciente con colecistitis o inflamación de la vesícula, con proceso crónico en fase aguda y de nuevo tuvo que llevarla a cirugía para evitar que muriera.

“En ambos casos tuve que actuar rápido, porque se trataba de dos pacientes que tenían sus vidas en juego. La del primer caso estaba crítica, pero luego de la intervención que le realicé, dentro de su cuadro amaneció muy bien, mientras que la segunda se sentía tan recuperada tras la cirugía, que quería irse a la casa al día siguiente, porque no asimilaba pasar el Año Nuevo interna”, comentó el especialista, quien estuvo de guardia en el centro de salud desde el 25 hasta el 31.

Y es que tanto los médicos, como los miembros de los organismos de socorro y la Policía Nacional, se han convertido en “los ángeles guardianes de los miles de dominicanos” que en temporadas de asuetos se divierten en familias o salen de la Capital a encontrarse con los suyos.

“Ese es el sacrificio de esta profesión, pero me llena de regocijo y orgullo el deber cumplido. Ver pacientes y fa- miliares sonrientes, felices y agradecidos, sin importar que yo haya tenido que pasar la noche completa en sala de cirugía”, dijo Monchito.

Una adicción

Anderson Canó es un voluntario de la Defensa Civil, quien aunque trabaja en una empresa privada como vendedor, su mayor satisfacción es cuando lo llama su supervisor de la Defensa Civil para que se traslade rápido a un lugar donde hay una persona que amerita ser atendida de emergencia.

No importa la hora del día o de la noche, si es festivo o si está lloviendo, si el sol pica o está oscuro, si hay que caminar grandes distancias o entrar a un bosque, si la meta es salvar vidas se entregan por entero. “Mi esposa ya superó esta etapa. Cuando le digo que seré parte de los operativos navideños, Semana Santa, o que tengo que participar como rescatista en cualquier caso, me dice que me cuide. En estas navidades y fiestas de fin de año, ella se fue con los niños a la casa de su madre. Para mí, salvar una vida es más importante que la cena de Nochebuena o el almuerzo de Año Nuevo. Mi familia está segura, otros me necesitan”, aseguró.

Canó trabajó en el Operativo “Navidad Segura”. Él fue uno de los 39,233 brigadistas que participó junto a los también voluntarios Carlos Gracias y Wagner Abreu, quienes son estudiantes de derecho.

En su niñez, García sufrió inundaciones de agua en su casa, la cual se ponía hasta el techo, y siempre veía a los brigadistas dando soporte para que nadie se ahogara, y ahí nació su pasión por ayudar a los demás.

“Yo siempre puedo. Me siento mal si hay operativo y me quedo. Lo único es que cuando salgo tengo que dejarle a mi madre todos los números de teléfonos de mis compañeros, porque ella me monitorea mucho”, dijo García de 27 años de edad.

Wagner Abreu expresó que nadie lo obliga a ser voluntario de la Defensa Civil, sino que se trata de una satisfacción propia que llena su vida cuando se integra a cualquier operativo.

A sus 24 años de edad, manifiesta que no siente envidia por los chicos de su edad que en Semana Santa, en fiestas de fin de año y otras se van a la playa a divertirse con sus amigos y familiares.

En estas festividades en los puestos de socorro que instaló la Defensa Civil en las carreteras y puntos críticos de esta ciudad no tenían baños móviles para que los socorristas hicieran sus necesidades fisiológicas, pero para ellos eso no implicó problemas, porque cuando tenían una emergencia, iban a los baños de los picapollos, bombas de gasolinas y hasta en el monte.

 SENTIMIENTOS  

El oficial de la Policía Nacional, Danny Rodríguez, tenía una encomienda de parte del director de la institución. Él les dijo a todos que no quería novedad y eso fue suficiente para que su unidad que tiene asignada la convirtiera en su morada, desde el 23 de diciembre hasta el día primero de este mes.

“Ser policía es algo con lo que uno nace, es vocación.

Uno deja a su familia sola y se va a cuidar a otras personas, no importa el día ni la hora. Eso llena a uno de satisfacción poder hacer sentir bien a las personas sin recibir nada a cambio”, aseguró.

De su lado, el doctor Juan, quien trabaja para el 911, manifestó que recibe el mayor premio saber que una persona accidentada respira luego de su intervención.

vía:listindiario.com.do