Inicio Salud La propuesta de ley sobre salud mental: De la exclusión a la...

La propuesta de ley sobre salud mental: De la exclusión a la comunidad

0
4

La salud mental en la República Dominicana ha sido, históricamente, el pariente olvidado de la salud pública. Durante décadas, el abordaje de las afecciones psíquicas ha oscilado entre la marginación, el estigma social y un modelo asistencialista altamente centralizado que dejaba a miles de familias sin respuestas oportunas. Sin embargo, la reciente introducción  en el Senado del proyecto de ley que busca derogar la Ley 12-06 propone algo más que un simple ajuste normativo: plantea una reestructuración de raíz en la forma en que el Estado garantiza este derecho fundamental. Invitamos a todo trabajador de la salud mental a conocerla.

De los muros hospitalarios al primer nivel de atención

Uno de los quiebres más significativos que introduce la propuesta es el fin del monopolio de la atención psiquiátrica concentrada en grandes centros o en la capital. La reforma plantea una transición decidida hacia la atención primaria, convirtiendo los centros de salud locales en el primer filtro para la detección temprana, la intervención en crisis y el seguimiento psicoterapéutico.

Acompañando esta descentralización, la incorporación de Unidades de Intervención en Crisis (UIC) y camas de corta estadía en hospitales generales provinciales y regionales busca desmantelar la barrera geográfica. Tratar la salud mental en el mismo espacio donde se atiende una dolencia física no solo optimiza la respuesta médica, sino que asesta un golpe directo al estigma que rodea a los trastornos mentales.

Salud comunitaria: curar desde el tejido social

El segundo eje clave es el paso del aislamiento a la reinserción. La experiencia médica global ha demostrado que la institucionalización prolongada suele agravar las condiciones de aislamiento del paciente. El proyecto apuesta, en cambio, por un modelo de Salud Mental Comunitaria.

A través de la creación de Centros de Salud Mental Comunitarios (CSMC), viviendas tuteladas y centros de día, se busca que la persona reciba un tratamiento integral sin ser arrancada de su entorno. Este enfoque no solo contempla la terapia farmacológica, sino que integra la rehabilitación social y laboral, reconociendo además el papel indispensable de la red familiar mediante programas de apoyo y psicoeducación para cuidadores.

Dignidad, autonomía y derechos

En el centro de esta reforma se sitúa una premisa innegociable: la persona usuaria de los servicios de salud mental es un sujeto de derechos. El proyecto fortalece la garantía del consentimiento informado y establece marcos rigurosos para evitar internamiento o tratamientos involuntarios arbitrarios, garantizando que la capacidad de decisión del paciente sea respetada en la medida de su autonomía.

Asimismo, la pieza aboga por la equidad en la cobertura de los servicios, exigiendo que los esquemas de aseguramiento no discriminen las atenciones psíquicas frente a las patologías físicas, y prioriza la protección de poblaciones altamente vulnerables como niños, adolescentes y adultos mayores.

Del papel al presupuesto: el verdadero compromiso

El proyecto depositado en el Senado define el recorrido correcto hacia un sistema más humano y equitativo. Pero la transformación no ocurrirá por decreto. La brecha entre los enunciados normativos y la realidad presupuestaria sigue siendo la mayor amenaza para los derechos de los usuarios.

Un verdadero modelo comunitario e integrado exige destinar una partida clara, sostenible y fiscalizada de los fondos públicos a la atención primaria, la formación de equipos multidisciplinarios y los demás dispositivos. Si el presupuesto asignado continúa privilegiando las grandes intervenciones hospitalarias sobre el fortalecimiento de la red comunitaria, la reforma corre el riesgo de convertirse en una quimera legal. El Congreso y el Poder Ejecutivo tienen el deber ético de garantizar que los recursos sigan la dirección de las ideas.

De la exclusión a la comunidad

Para pasar definitivamente de la exclusión a la comunidad se deben salvar tres grandes obstáculos: la inercia institucional, que insiste en replicar esquemas centralizados y asilares en lugar de descentralizar la atención; la brecha presupuestaria, que posterga la inversión real en el primer nivel de atención y en los dispositivos comunitarios; y estigma socio-cultural, que aún percibe la condición mental desde el prejuicio y el aislamiento. Superar estas barreras es la única vía para que el proyecto de ley no quede archivado como una buena intención  normativa sino que se convierta en la garantía tangible de una vida digna y con derechos para cada dominicano.






Angel Almánzar

Trabaja Salud Mental

Trabaja Salud Mental. Pasado presidente de la Sociedad de Psiquiatría y pasado director de Salud Mental.

Ver más



source